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1 de mayo de 1891: así fue el primer Día del Trabajo ovetense

Costureras y zapateros tendrían un gran protagonismo en la celebración obrera en la capital asturiana.

El teatro del Fontán sería sede de los primeros pasos del obrerismo carbayón.

La decisión de convertir el 1 de Mayo en una jornada mundial de fiesta y reivindicación del movimiento obrero fue acordada en el congreso de julio de 1889 de la Segunda Internacional, celebrado en París. Al año siguiente comenzaba la celebración en diferentes países del mundo del 1 de Mayo, con una petición común muy concreta: el establecimiento de la jornada laboral de 8 horas. En España, que no se encontraba a la cabeza del movimiento obrero europeo, y cuya industrialización estaba concentrada en unos cuantos enclaves geográficos, el primer 1 de Mayo se celebraría en 1890 en grandes ciudades como Barcelona, Madrid, Bilbao, Zaragoza, Málaga y Valencia, en medio de una fuerte vigilancia y represión de las autoridades. En Oviedo/Uviéu el movimiento obrero no celebraría propiamente la jornada reivindicativa, si bien el gremio de los zapateros, clave en el despertar del obrerismo y del socialismo carbayón, celebrarían una reunión en el Teatro del Fontán de la capital asturiana.

Piquetes de costureras impedirían la entrada de sus compañeras en los talleres

Un año más tarde, el 1 de mayo de 1891, el movimiento obrero estaba más afianzado, y la jornada reivindicativa cobraría fuerza y extensión. Las manifestaciones serían más numerosas y se extenderían a más localidades, incluyendo entre ellas Oviedo/Uviéu, donde se celebraría ya por todo lo alto el gran día de la clase trabajadora. El periódico “El Socialista”, órgano de expresión del PSOE, se mostraba al día siguiente “orgulloso” y hablaba del “triunfo alcanzado en esta segunda etapa de movilización proletaria”. La prensa socialista destacaba el carácter pacífico de las manifestaciones, así como que las prohibiciones del Gobierno, habían conseguido justamente el efecto contrario al deseado “aguijoneando la actividad de los convecidos y entusiastas” y animando a muchos de los “tibios” a unirse a las convocatorias. De los actos de Oviedo/Uviéu se señalaba que había tenido lugar un grandioso mitin en el Teatro del Fontán “con mucha asistencia y orden perfecto”. En el público había “200 obreras y 2.000 trabajadores”.

En la prensa local se darían muchos más detalles de esta primera puesta de largo del movimiento obrero en la capital asturiana. Así, el diario “El Carbayón”, informaba que durante la mañana había recorrido el centro de Oviedo/Uviéu una manifestación obrera al frente de la que iban “las niñas que forman el noble gremio de las costureras”. Dado que el 1 de Mayo no era jornada festiva, se formaron piquetes de mujeres para impedir “muy de mañana” que sus compañeras entrasen a trabajar a los talleres. Otro grupo de piquetes, este masculino, también iría llamando a la huelga por las obras de la capital. Según el periódico, al paso por la calle San Francisco se unirían a la manifestación por las 8 horas, “algunos galanes estudiantes”. En la manifestación también se romperían las lunas de dos establecimientos.

Después de la manifestación, a las 11h de la mañana tendría lugar en el Teatro del Fontán el mitin, convocado por la asociación local obrera, conformada por los gremios de canteros, zapateros, ajustadores y moldeadores. El asociacionismo obrero carbayón era de mayoría socialista, y un año más tarde, en 1892, impulsaría la creación de la Agrupación Socialista de Oviedo. “El Carbayón” rebaja las cifras de asistencia al acto dadas por “El Socialista”, y habla de 130 obreras y 600 trabajadores. Números tampoco desdeñables, y probablemente más realistas para una ciudad que rondaba los 40.000 habitantes.

Crónica del 1 de mayo de 1981 en “El Carbayón”

En el acto intervendrían representantes de los diferentes oficios presentes en el asociacionismo obrero local. José Sánchez, en representación del gremio de canteros criticaría las jornadas de 14 horas que sufrían muchos miembros de la clase trabajadora, y pondría como ejemplo de sociedad los EEUU, donde los obreros habrían alcanzado un alto grado de unidad, organización y dignificación de sus condiciones de vida. El cantero también se felicitaría de la asistencia de mujeres obreras “a vesta gran fiesta”. Rufino Urdangaray, moldeador, pediría unidad para acabar “con los verdugos y sanguijuelas que chupan la sangre de la clase obrera”. Los asistentes gritarían “¡Viva la revolución social!” y “¡Abajo los fantoches que nos explotan!” pero se cuidarían mucho, por recomendación del presidente del acto, Serapio Rodríguez, de profesión ajustador, de armar alboroto, “para evitar que digan que nos salimos de las vías legales”.

El periodista que cubre el acto, asombrado por esa disciplina del obrerismo ovetense, dejaría constancia en su crónica que todos los asistentes habían dado “grandes pruebas de formalidad y obediencia a la ley”. También destacaría que “con los representantes de la prensa estuvieron atentísimos”.

Diego Díaz Alonso
Escrito por

Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y forma parte del consejo de redacción de Nortes.

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