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Opinión

Premios welcome, Borbones go home

Unos Premios sin monarquía podrían convertirse en una institución socialmente valorada y respetada, de la que todos en Oviedo y en Asturias podríamos sentirnos orgullosos

La familia real. Foto: Casa Real.

El exdirector de Atlántica XXII, Xuan Cándano, escribió en uno de los últimos números de la revista que nos iría mejor colectivamente si en vez de repetir machaconamente en todas las movilizaciones sociales que “Asturias, se salva, lu-chan-do”, empezamos  a sustituirlo por algo más parecido a “Asturias, se salva, pen-san-do”. Lejos de dibujar algún tipo de incompatibilidad ingenua o políticamente malintencionada entre el pensamiento y la acción o entre la reflexión y el activismo político, la contraposición elegida por Cándano señalaba la necesidad de renovar creativamente las estrategias de intervención política y los horizontes de futuro por parte de todas las personas y colectivos que pretenden transformar Asturias. 

Protesta republicana en Uviéu con motivo de los Premios Princesa. Foto: Iván G. Fernández.

Este viernes 16 de octubre se entregan, como cada año desde 1981, los Premios Princesa (antes Príncipe) de Asturias. La pandemia ha obligado a trasladar la ceremonia de entrega del Teatro Campoamor al Hotel Reconquista, ofreciendo así a los movimientos sociales asturianos la posibilidad de replantearse el sentido político de uno de sus lugares comunes tradicionales: la concentración anual en repulsa de los Premios en la Plaza de la Escandalera.

La monarquía española vive uno de sus momentos más complicados desde 1978

La monarquía española vive uno de sus momentos más complicados desde 1978. Tras la huida secreta de Juan Carlos I a la dictadura de Emiratos Árabes Unidos después de hacerse públicas nuevas informaciones relacionadas con sus prácticas presuntamente corruptas, el descrédito de la Casa Real ha crecido exponencialmente, especialmente entre las generaciones más jóvenes. La encuesta encargada por Nortes y otros 15 medios de comunicación independientes y realizada por 40dB arroja un resultado de un 41% de encuestados a favor de la República y un 35% a favor de la monarquía. Entre los jóvenes de entre 18 y 24 años la preferencia republicana se dispara hasta el 55% y hasta un 61% serían favorables a celebrar una votación sobre la monarquía. 

Gráfico elaborado por 40dB.

A pesar de sus escándalos recientes, a los que viene a sumarse la alianza hostil contra el gobierno entre Felipe VI y el presidente del CGPJ, la monarquía sigue contando con importantes apoyos, especialmente entre los sectores más envejecidos de la población. Prueba de ello es la estrategia de Casado, Ayuso y otros portavoces de la derecha de confrontar con la izquierda a propósito de la monarquía para desviar el foco de la nefasta gestión social y sanitaria de la Comunidad de Madrid. Además, es muy probable que la inmensa mayoría de la ciudadanía (incluidos muchos sectores republicanos activos o pasivos) perciba que no es el momento más adecuado para lanzar una ofensiva republicana y que hay que gestionar otros asuntos más urgentes como la pandemia y sus graves consecuencias económicas.

Es muy probable que la inmensa mayoría de la ciudadanía (incluidos muchos republicanos) perciban que no es el momento más adecuado para lanzar una ofensiva republicana

El clivaje de edad es fundamental a la hora de analizar los apoyos sociales con los que todavía cuenta la monarquía y Asturias es, por desgracia, el territorio más envejecido de todo el país. Además, los Premios Princesa probablemente sean el único flanco simbólicamente inexpugnable que le queda a la Monarquía, por la identificación que han conseguido generar entre la institución real, la Fundación Princesa, la promoción de valores culturales y humanísticos “universales” y la internacionalización positiva de la imagen de Oviedo y de Asturias

Es poco inteligente desde un punto de vista estratégico impugnar en su totalidad los Premios Princesa y todo lo que representan a nivel social y cultural. No tiene ningún sentido incluir a Martin Scorsese, Quino, Mary Beard o Ennio Morricone en el mismo pack que Juan Carlos I. Sin embargo, tampoco es sencillo justificar un posicionamiento en defensa de los Premios como un patrimonio público, porque al fin y al cabo un porcentaje importante de la financiación de la Fundación es privada y proviene de los empresarios que forman parte de su patronato. Reclamar a día de hoy unos premios financiados en su totalidad por las instituciones públicas sería percibido como un gasto excesivo e innecesario, especialmente en medio de una pandemia.

La opción alternativa es plantear una contraposición irreconciliable entre la corrupción de la Casa Real y su carácter anacrónico y antidemocrático y la exaltación de los “valores científicos, culturales y humanísticos” que predica la Fundación desde su propia página web. Si los patronos de la Fundación creen de verdad en esos valores, continuarán financiando parcialmente los premios una vez que España deje de ser una monarquía, algo que previsiblemente sucederá en el corto-medio plazo gracias al impulso de las generaciones más jóvenes. En caso contrario, los patronos (entre los que se encuentran representantes de grandes corporaciones como Arcelor Mittal, BBVA, Banco Sabadell, Corporación Masaveu, Hidroeléctrica del Cantábrico o ALSA) estarán demostrando que por mucho que se llenen la boca hablando de la importancia de la cultura, su participación en la Fundación y las cuotas de hasta 100.000€ que pagan cada año no son más que una excusa para comprarse audiencias privadas en el palacio de La Zarzuela y la capacidad de influir y verse beneficiados por las decisiones del rey.

De la misma forma que no necesitamos al rey para contener el virus, también seremos capaces de organizar desde la ciudadanía unos premios que sean una referencia a nivel internacional

Cuando España sea una República, los Premios podrán seguir celebrándose a través de una colaboración público-privada, dentro de la cual las administraciones públicas hagan valer su participación y su porcentaje de financiación para dotarlos de un carácter más popular y menos casposo y elitista. Los Premios seguirán celebrándose cada año, pero en lugar de representar un contubernio monárquico de lobistas privados bajo un envoltorio cultural, se convertirán en un patrimonio popular de toda la ciudadanía, que a través de un sistema de sorteo podría tener la oportunidad de asistir a la ceremonia de entrega en el Teatro Campoamor, vedada a lo largo de todos estos años a la inmensa mayoría de ciudadanos y ciudadanas que no tenían ni dinero ni contactos privilegiados para conseguir una entrada.

Durante la pandemia la sociedad asturiana y su sistema sanitario público se han demostrado a sí mismos y al resto del país que tienen unos mimbres extraordinarios para destacar cuando se trata de cuidarse colectivamente y de no dejar a nadie atrás. De la misma forma que no estamos necesitando la ayuda de ningún rey para contener la expansión del virus y reducir el número de contagios, también seremos perfectamente capaces de organizar desde la ciudadanía y para la ciudadanía unos Premios culturales, científicos y humanísticos que sean una referencia a nivel internacional. 

Actualmente, mucha gente no siente los Premios como suyos por culpa de su vinculación con una Casa Real que cada vez es menos ejemplar y cada vez tiene menos razones para existir. En una época que se caracteriza por la fragmentación y la ausencia de referentes colectivos compartidos, unos Premios sin monarquía podrían convertirse en una institución socialmente valorada y respetada, de la que todos en Oviedo y en Asturias podríamos sentirnos orgullosos. 

David Sánchez Piñeiro

Graduado en filosofía por la Universidad de Oviedo/Uviéu. Doctorando en la Universidad Complutense de Madrid. Escribe de filosofía, política y cultura en La Trivial.

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