Facturas más económicas y suministro sostenible: la alternativa cooperativista a las grandes eléctricas

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Bernardo Álvarez
Bernardo Álvarez
Graduado en psicología y ahora periodista entre Asturias y Madrid. Ha publicado artículos en ABC, Atlántica XXII, FronteraD y El Ciervo.

“Se che explicaron cómo funciona o sistema para fixar  o prezo da luz en España e o entendiches é que cho explicaron mal”, escribió en Twitter el pasado 15 de enero el escritor gallego Manuel Rivas. En medio de la mayor ola de frío de los últimos años, el precio de la luz subió hasta situarse un 27% más cara que en las mismas fechas de 2020. La indignación por esta subida ha vuelto situar en el centro del debate público el modelo energético y el mercado de electricidad en nuestro país. Hace algo menos de una década empezaron a surgir en España las primeras cooperativas energéticas, una alternativa a las empresas tradicionales que permite reducir el coste de la factura y garantiza un suministro sostenible. En Asturias, AstuEnerxía y Allumar llevan unos años tratando de implantar su propuesta en la región.

“Cuando se liberalizó la comercialización de energía empezaron a nacer las cooperativas, donde los usuarios se únen para tener alguna opción frente a las grandes comercializadoras. Así nació en 2010 Som Energía, en Girona, y luego se fueron creando otras por todo el país”, habla José Resano, ingeniero técnico industrial de 54 años y presidente de la Sociedad Cooperativa Allumar: “Su creación fue en 2018, y ya vamos camino de ser 100 socios”.

Muy parecida es la historia de AstuEnerxía, con 210 socios repartidos por todo el territorio asturiano. “La cooperativa empezó a gestarse en 2017, pero existe de manera efectiva desde el año 2018”, cuenta Francisco Rodríguez, jubilado de Duro Felguera de 53 años y presidente de la cooperativa, “hubo muchísimos problemas para crearla. En el registro de cooperativas no se lo pusieron fácil a los que la fundaron. De hecho, siguen sin ponérnoslo fácil. Tenemos muchas dificultades para hacer actividades”.

Tanto Allumar como AstuEnerxía son cooperativas sin ánimo de lucro que comercializan energía, pero no la generan. Aunque su labor va un poco más allá que la simple venta de electricidad a un precio más económico. “Damos asesoría a los socios en temas energéticos, fomentamos el autoconsumo haciendo compras colectivas o acuerdos con empresas instaladores, hacemos actos formativos…”, explica Rodríguez sobre AsturEnerxía. Al carecer de ánimo de lucro, cuenta el presidente, “podemos mejorar el precio del suministro rebajando los márgenes comerciales. Tenemos unos márgenes muy estrechos, porque con el coste fijo no podemos hacer nada, pero algo podemos rebajar”.

En Allumar “lo primero que hacemos es un asesoramiento gratuito de la factura eléctrica, para que las personas entiendan cómo funciona y puedan ahorrar. También le recomendamos qué tarifa puede contratar para tener un ahorro directo. Lógicamente, una empresa cualquiera no se va a preocupar de intentar reducir la factura de sus abonados”.  Los beneficios generados por la comercialización se llevan a una asamblea, “donde se decide si los invertimos en bajar la tarifa, en alguna acción contra la pobreza energética o en información”.

Las mismas cosas con menos energía

Pero la intención de las cooperativas va más allá de conseguir rebajar la factura de la luz de los usuarios. “Aquí hay un sentimiento ecologista y contra el cambio climático, estamos preocupados por la sostenibilidad del planeta”, cuenta Resano, “por eso comercializamos exclusivamente energía 100% renovable y certificada en origen. Eso hace que no compremos cualquier otra fuente de energía y, cuantos más seamos, más peso tendrán las renovables y menos emisiones se harán”.

Según Rodríguez, un modelo energético basado en el autoconsumo compartido y en las comunidades energéticas conseguiría “hacer las mismas cosas con menos energía. Podríamos gestionar mejor la energía que tenemos. Si las cooperativas crecemos lo suficiente vamos a poder influir más en esas condiciones. Hay una propuesta de Greenpeace de hacer dos mercados: un mercado flexible, que sería este de las comunidades energéticas, y otro mercado con el modelo tradicional”.

Asamblea de la Sociedad Cooperativa Allumar

De lo que se trata además es de construir un mercado más transparente, en el que el consumidor tenga mayor poder de decisión sobre la energía que consume y cómo la consume. “Cuantos más nos unamos en cooperativas más se nos va a poder escuchar”, asegura Resano, “nosotros queremos ser la voz de los consumidores que, por ejemplo, en el Foro Eléctrico de Asturias no están representados”.

Para Rodríguez la clave estaría en avanzar hacia un modelo de autoconsumo colectivo o de comunidades energéticas, en el cual “seríamos menos dependientes de fuentes externas, y no se sufrirían tanto las subidas de precio. El autoconsumo además ahorra muchísimo en transporte de energía, y acabaríamos con la concentración de la producción energética. Una cooperativa es más transparente y el socio se beneficia de que la cooperativa no está para ganar dinero, sino para procurarle al socio el mejor contrato posible según sus necesidades. Esto beneficia a todos, menos a los que se están forrando ahora vendiendo energía”.

Disputar el monopolio

Es por ese motivo, cuenta Rodríguez, que “las empresas tradicionales no van a buscar una solución, porque a ellas les va muy bien. Los que queremos un cambio somos los ciudadanos, los empresarios, todos los que pagamos el recibo”. Asegura el presidente de AsturEnerxía que ya hay “directivas europeas que empujan a crear esas comunidades energéticas, pero al llegar a España hay que poner la letra fina, y en la letra fina está que la legislación sea eficaz o no. El avance de las comunidades energéticas va a estar muy condicionado por las compañías distribuidoras, que tienen la red en propiedad. Si se consigue una legislación favorable, esta forma de mercado puede tirar para adelante. Si se le ponen muchos palos en las ruedas se convertirá en algo inútil”.

Resano también se muestra cauto pero esperanzado al mismo tiempo: “Sería viable disputar el monopolio de las eléctricas si se apuesta por este modelo. Ahora mismo no es fácil entrar a generar energía, y no hay un gran apoyo en la instalación de estas estructuras. Y nos encontramos también con trabas culturales, porque aquí en Asturias la unión cooperativa no está igual de desarrollada que en otras regiones de España”. Respecto a las renovables, reconoce Resano que “a día de hoy no pueden satisfacer la demanda actual, pero hay que ir hacia ello. Se están dando pasos agigantados en almacenamiento de energía sobrante, y podríamos hacer que fuesen innecesarios los apoyos térmicos o nucleares”.

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