De tránsito por el Oviedo de Toño Velasco

Acompañamos al artista carbayón por algunos de los lugares que han inspirado su exposición, recién clausurada, 'Tránsitos'.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

El artista Toño Velasco acaba de clausurar en el Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo “Tránsitos”, una colección de pinturas dedicadas a su ciudad. Tras batir récords de visitas, le acompañamos el día que descuelga los cuadros para visitar algunos de los lugares que han inspirado las obras de la exposición.

“Pandemia en la catedral” es una retrato costumbrista con chispazos de realismo mágico del Oviedo pandémico. Distancia social, mascarillas, un repartidor de Glovo atravesando la plaza en bicicleta, una silueta vacía que “representa a los que no están”, “policías de balcón” vigilando el vecindario, un astronauta descansando en la fuente… “Estoy seguro que dentro de 10 años este cuadro tendrá otro significado” apunta Toño, que ha pintado la mayoría de los cuadros de esta exposición entre el confinamiento y la desescalada.

Nacido en Valladolid en 1970, pero hijo de asturianos, Velasco no llegó a Oviedo hasta 1984. “Mi padre fue presidente del Centro Asturiano de Valladolid, añoraba muchísimo su tierra, le escribía poemas y caciones regionalistas, y en cuanto pudo prejubilarse en la Pegaso de Valladolid nos volvimos. Para mi venir a vivir a Asturias era lo más” recuerda Toño.

Si a Toño “lo nacieron” en Valladolid, como solía decir Leopoldo Alas Clarín sobre su nacimiento en Zamora, es plenamente carbayón de sentimiento si atendemos a la máxima de otro gran novelista, Max Aub, que dejó para la posteridad aquello de que uno es de donde hizo el bachillerato. La educación sentimental del Velasco adolescente tiene lugar en la falda del monte Naranco, donde inicialmente se asentó la familia al regresar de Castilla, y en el instituto del barrio, que se inauguró justo el año en que iniciaba el bachillerato.

El curso 1986/1987 estuvo marcado por la campaña pacifista del ¡OTAN NO, Bases Fuera!, y por las grandes huelgas de estudiantes contra la reforma educativa del gobierno de Felipe González. Sería su bautismo de fuego. “No es que yo fuera mucho a clase, pero con todo aquel follón de huelgas, del Sindicato de Estudiantes y la Coordinadora de Estudiantes, fuí muchísimo menos” recuerda Toño de su agitado paso por el Instituto Monte Naranco.

“Yo era muy mal estudiante y tenía una batalla permanente con mis padres porque quería estudiar en la Escuela de Artes” recuerda Toño, que hasta que cumplió los 40 no supo que gran parte de sus dificultades como estudiante se debían a una dislexia que nadie le había diagnosticado: “me resultaba difícil expresarme a través de la escritura, pero tenía mucha facilidad para dibujar. Por eso me he terminado dedicando al arte”. En este gran lienzo que sostiene en la Plaza de La Escandalera se retrata a sí mismo como un perro verde: “Juego con la idea de lo raro que es ser normal, y lo normal que es ser raro”. El cuadro está pintado al mismo tiempo que pintaba la misma plaza en el edificio en el que está su estudio, y donde ha desarrollado en los descansillos de cada piso el proyecto “13 plazas, 13 plantas”, dedicado a emblemáticas plazas de su ciudad.

De la Escuela de Arte de Oviedo solo tiene buenas palabras. “Es una de las mejores escuelas de España. Cuando estudiaba allí recuerdo que vinieron unos profesores de Suiza a aprender de lo que hacíamos”, señala Toño, que guarda buenos recuerdos de esos años, donde el mal estudiante de instituto se transformó en un entregado estudiante de arte.

Después de la Escuela vendría una vorágine de pluriempleo y fiesta. Eran los años 90 y Velasco se apuntaba a todos bombardeos. Ahora, echando la vista atrás, no sabe de dónde sacaba la energía para compatibilizar aquella agenda siempre completa hasta arriba: un estudio de diseño, su trabajo como presentador en TeleAsturias, un papel en una compañía de teatro… y claro está La Reserva, el bar que regentó durante más de diez años en el Oviedo Antiguo. Ubicado en un pequeño subterráneo de la Calle Carpio, llegó a salir en El País de las Tentaciones, el suplemento que de aquella marcaba tendencia de lo cool en España. Como Dj detrás de la barra Velasco podía dar la misma noche a todos los palos: de Manu Chao a clásicos del soul, Cabaret, afrobeat, indie o himnos ochenteros de La Movida

En este tour por el casco viejo paramos en el Arco de San Vicente, entre la Cocina Económica, el Museo Arqueológico de Asturias y la Facultad de Psicología. Aquí ha querido Velasco pintar al fraile Benito Feijoo (Orense,1676 – Oviedo, 1764) fuera de su peana en la plaza que lleva su nombre. “La idea se me ocurrió en un San Mateo porque en su plaza se celebra el Oviedo Rock y me imagino al fraile con ganas de escapar de todo ese barullo de ruido y de gente” cuenta Velasco, que le tiene mucho cariño a Feijoo por su espíritu ilustrado y sus pioneros escritos en defensa de la igualdad de las mujeres. Así en efecto en uno de sus discursos, el religioso e intelectual dejaría escrito a principios del siglo XVIII que “a tanto se ha extendido la opinión común en vilipendio de las mujeres que apenas admite en ellas cosa buena. En lo moral las llena de defectos y en lo físico de imperfecciones. Pero donde más fuerza hace es en la limitación de sus entendimientos. Por esta razón discurriré más largamente sobre su aptitud para todo género de ciencias y conocimientos sublimes”.

Otra parada obligatoria en este recorrido sentimental por las calles del Oviedo Antiguo es la tienda de Fina, que a sus 92 años sigue al pie del cañón despachando tras el mostrador de su ultramarinos en la calle Mon. “Anda que no habré venido veces a la tienda a comprarte limones para el bar o a que me hicieras un bocadillo antes de entrar a trabajar” le comenta Toño a la continuadora del negocio de su abuelo Sabiniano, fundador de este pequeño negocio en 1904. Toda una institución en el barrio, en 2017 la Asociación Vecinal Oviedo Redondo homenajeó a la tendera y a su hermana Elvira.

Cansado de tanta noche y tanto trajín Toño trabajaría un tiempo como jefe de comunicación de IKEA cuando la multinacional sueca aterrizó en Asturias y luego como profesor en la Escuela de Arte de Avilés. Allí con una media jornada comenzaría a fantasear con la posibilidad de dedicarse a tiempo completo a su pasión: la pintura. La cabra tira al monte y terminaría dejando la comodidad de un buen empleo de profesor para reinventarse a los 40. De esta dedicación saldría en pleno post15M la exposición “Ensayo sobre la burla”, en la que el pintor no dejaba títere con cabeza y sacaba la lengua “a todos los que hacen burla al pueblo”. Presentada en el Museo Barjola de Gijón, en el verano de 2013 viviría una inesperada polémica por uno de los cuadros en la VI Muestra de Arte Contemporáneo de San Pedro. Su retrato del ex contable del PP Luis Bárcenas en el cuadro “Sobre todo Bárcenas” irritaría a la alcaldesa popular de este pueblo de Ávila, que ordenó descolgarla y esconderla. Como siempre, el intento de censura solo contribuiría a popularizar a la obra y a su creador.

Llegamos a su casa. Última parada: el gasómetro de la Fábrica de Gas. Es el homenaje de Toño Velasco al Oviedo obrero e industrial del que es hijo. Su padre fue aprendiz de la Fábrica de Armas de La Vega y está preocupado por la situación del patrimonio industrial carbayón. “Vivo aquí al lado, así que el gasómetro es lo primero que veo cada mañana cuando me levanto. Es una escultura, una parte emblemática del skyline ovetense, como la torre de la catedral. No podemos dejar que se caiga” señala Velasco, que también aprovecha para recordar que “seguimos sin tener una puñetera sala de exposiciones municipal en Oviedo. Lo reclamé al tripartito y lo reclamo al bipartito. La tiene cualquier pueblo. No tiene sentido que en Oviedo sigamos sin sala”. Final de trayecto.

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