Las otras “Perloras”

Unas jornadas universitarias abordan la historia y el presente de la ciudad vacacional de los años 50, con dos homólogas en Tarragona y Marbella.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y forma parte del consejo de redacción de Nortes.

Este miércoles la asamblea de estudiantes de derecho de la Universidad de Oviedo/Uviéu organiza unas jornadas multidisciplinares sobre la Ciudad de Vacaciones de Perlora. Una infraestructura construida en 1954 por la organización de Educación y Descanso de los sindicatos franquistas, y que desde 2006 se ha convertido en un espacio semi abandonado que el Principado sigue manteniendo, pero sin ningún uso definido, y con un creciente deterioro de sus construcciones.

La ciudad de Perlora nació con otras dos “gémelas” en el sur y el este de España. Nos referimos a la pionera Ciudad de Reposo y Vacaciones de Tarragona y a la Ciudad Residencial de Tiempo Libre de Marbella. Las tres instalaciones comparten un mismo aire de época, una misma función, y un mismo carácter autosuficiente y de enclave. Concebidas para dar descanso a los “productores” y sus familias, tal y como el Régimen franquista solía llamar en su terminología a los obreros, fueron, según el profesor de geografía de la Universidad de Oviedo/Uviéu Manuel Maurín, una expresión tardía del llamado “turismo social”. Una corriente nacida en los años 30 y 40 del siglo XX y que debido a la Guerra Civil y la larga postguerra llegó a España con retraso. Tanto Estados fascistas, comunistas y liberales comenzaron a preocuparse por esa época a ofrecer a la clase obrera la posibilidad de viajar y disfrutar de vacaciones a precios reducidos, generalizando una experiencia, el turismo, hasta entonces reservada a las elites. Los viajes del IMSERSO serían una versión actualizada de ese turismo social que en España tuvo su nacimiento poco antes del desarrollismo y la eclosión del turismo de sol y playa para masas a orillas del Mediterráneo.

Manuel Maurín apunta que a diferencia de sus homólogas catalana y andaluza Perlora tuvo casi desde el primer momento una gran implicación de las grandes empresas asturianas, como ENSIDESA, HUNOSA, Duro Felguera o la Caja de Ahorros de Asturias, que co-gestionaban un recinto que servía de lugar de vacaciones para sus empleados y sus familias. “Era un turismo costero, pensado para un modelo de familia muy tradicional dentro de los esquemas conservadores y paternalistas del régimen” señala el profesor de la Universidad de Oviedo/Uviéu.

Ni la ciudad de Marbella ni la de Tarragona viven tiempos de especial esplendor, y de hecho ambas han pasado por fases de crisis, pero en ninguno de los dos casos se tomaron soluciones tan drásticas como en Perlora, cerrada a cal y canto desde 2006 por el Principado, que llegó incluso a demoler el edificio principal del complerjo. El cierre de Perlora se produjo no sin resistencias de los trabajadores, que llegaron a protagonizar un encierro contra una clausura que se hizo sin ningún proyecto alternativo. “El Gobierno asturiano siempre pensó en privatizarla y quitársela de encima” critica Maurín. No obstante, a pesar de los intentos de la administración autonómica por traspsar la ciudad vacacional a manos privadas, Perlora no ha encontrada hasta día de hoy comprador ni un proyecto de futuro claro. Todo siguen siendo especulaciones que nunca llegan a concretarse. A una pregunta del diputado de Podemos Asturies Rafa Palacios el pasado mes de octubre la consejera de turismo del Gobierno asturiano, Berta Piñán, respondía que el Principado no iba a apostar ni por la inversión ni por una gestión pública del complejo, y que se abría a que la antigua ciudad vacacional pueda albergar usos no turísticos en el futuro.

Para Manuel Maurín el mejor uso para Perlora sigue siendo ofrecer un turismo público de calidad a precios populares, pero actualizado a los criterios sociales y ambientales del siglo XXI. El geógrafo pone el ejemplo del complejo marbellí, dependiente de la Junta de Andalucía y protegido en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz desde 2006, que sigue mantenido esa línea de “turismo social”. “Perlora estuvo siempre llena y con demanda hasta su cierre en 2005. Prueba de que la demanda de ese turismo público y popular sigue existiendo” concluye Maurín.

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