El 15M no llegó en bicicleta

El decenio anterior no empezó con riadas de bicicletas surcando las calles hacia las acampadas y las asambleas ciudadanas.

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Carlos Rodríguez
Carlos Rodríguez
Fundador y coordinador de 30 Días en Bici. Consultor de movilidad. Biciudadano, juntaletras y cuentafrijoles.

Como pasó en la Inmaculada Transición, en este país, la bicicleta es cosa baladí cuando las cosas de la política se ponen serias. Ni el 15-M ni el movimiento contracultural setentero prestaron mucha atención a la petite reine.

En el 15-M, el discurso contra-hegemónico no alcanzó a discutir la jerarquía urbana. Cuánta “movilidad indignada” hacia las acampadas se realizó en cochecitos de colores no está atestiguada, pero el aparcamiento masivo de bicicletas no fue uno de los problemas que tuvieron que solucionar las interminables asambleas de los acampados sobre la propia acampada. Quizás, no haber tenido que lidiar con este doméstico problema, les hubiera dejado tiempo para analizar como la ciudad cochista es una de las encarnaciones de esa hegemonía que había que impugnar. Pero no fue así.

Al contrario de esa imagen característica, un poco apocalíptica, que en el inicio de estos años 20 ha dejado del ciclista pandémico pedaleando en la calle vacía, el decenio anterior no empezó con riadas de bicicletas surcando las calles hacia las acampadas y las asambleas ciudadanas. Nada de turbamultas ciclistas. Y hemos de dictaminar que, en el mismo sentido que ahora el 15M representa el fracaso generacional de aquellas masas llamadas a protagonizar una segunda transición, al grito de la juventud urbana no lo acompañaban los timbres de una revolución que llegaba en bicicleta. Otra oportunidad perdida.

“Al grito de la juventud urbana no lo acompañaban los timbres de una revolución que llegaba en bicicleta”

Cierto es que la secuela de aquel movimiento ciudadano en la política institucional, Podemos y sus confluencias, trajeron cambios sustanciales a la política española y pusieron a la bicicleta un poco más en la agenda de las ciudades del cambio. Pero es una pena que la bicicleta más famosa del 15-M fuera la “bicicleta del secreta”, perteneciente a un policía infiltrado en el 15-M de Sevilla que la abandonó en su huida tras ser descubierto por sus nuevos amiguetes de los colectivos sociales y la izquierda alternativa. Bicicleta que fue rifada en el CSOA Sin Nombre en apoyo “a los compañeros detenidos defendiendo nuestros derechos en la huelga general del 29-M”.

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1 Comentario

  1. Disiento un poco al añadir mi recuerdo de ver en redes la foto del documento para parking de un nuevo diputado en la asamblea madrileña inscribiendo su bici como vehículo autorizado para el aparcamiento oficial.

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