¿Tienen derecho los hombres a ser feministas?

Creo que tienen razón las que apuntan que son necesarias políticas públicas dirigidas a los hombres y que quizás sea necesario cambiar algunas estrategias.

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Sonia Carbajal
Sonia Carbajal
Experta en comunicación y mala feminista. Fue consultora y trabajó en publicidad casi 10 años.

Hace 18 años, una joven versión de mi misma se fue a un remoto lugar de Grecia a participar en un evento lúdico político en el que uno de los ejes era el feminismo. Una famosa escritora venía a dar un taller y fuimos a apuntarnos antes de bajar a la playa. Cuando llegamos, nos dijeron que los hombres no podían participar y mis compañeros aceptaron con resignación -y una mal disimulada decepción- los designios de su género. 

Nosotras fuimos menos amables. Hablamos fervorosamente de exclusión, de discriminación, de injusticia. Tanta brasa le dimos a la coordinadora de la charla, que nos invitó a hablar con una mujer, de la que no recuerdo ni su nombre, ni su procedencia pero que, sin embargo, marcó la que sería mi militancia durante muchísimos años.

“Fue la primera vez en la que me vi obligada a mirarme en el espejo de mi blanquitud”

Aquella chica, también joven, racializada y musulmana, nos explicó con una paciencia y una amabilidad revolucionarias, por qué el taller no podía ser mixto. Nos explicó que algunas de las mujeres que estaban en ese congreso estaban amenazadas y perseguidas en sus países por su militancia. Nos dijo que, incluso dentro de sus delegaciones, había hombres que asistían a los talleres con el único objetivo de apuntar todo lo que decían. Nos habló de informes, de boicots, de estrategias organizadas de invasión de espacios para evitar el debate. Nos habló, en definitiva, de algo que ahora nos resulta obvio, que el contexto importa y que ser blanca y europea es un privilegio, incluso aunque seas pobre y pertenezcas a una minoría social.

Fue la primera vez, que recuerde, en la que me vi obligada a mirarme en el espejo de mi blanquitud y a darme cuenta de que mi feminismo, para incluirnos a todas, tenía necesariamente que excluir a algunos. Al menos temporalmente y en determinadas situaciones. Pero creo que ha llegado el momento de revisar algunas cosas.

Tengamos en cuenta, una vez más, el cambio de contexto. Hace veinte años decirle a alguien que eras feminista implicaba casi inmediatamente ser tachada de loca y acosada a preguntas y lugares comunes, con el único ánimo de confrontar y ridiculizar. No se la cantidad de veces que en los innumerables espacios mixtos en los que participé  un “aliado” empezaba su discurso con “Las feministas lo que tenéis que hacer es”, pero sí recuerdo que era la tónica habitual. He dado muchos talleres sobre feminismo, la mayoría abiertos a hombres y a mujeres. Y la mayoría de las veces, la (inmensa) presencia de un sólo varón motivado, ha sido suficiente para alterar completamente la dinámica de todo el grupo. Recuerdo incluso una ocasión en la que viví, confieso que con cierta coña, como la que iba a ser una charla (la mía), se convirtió en una clase particular, donde pasé 45” de reloj contestando las preguntas de mi simpático interrogador.

Creo, sinceramente, que los espacios no mixtos tuvieron éxito por la necesidad de reconocer que no existían las condiciones de posibilidad para comunicarnos de la manera correcta, porque el punto de partida era tan desigual que lo impregnaba todo. Pero también creo que eso ha cambiado de manera radical y que es necesario un replanteamiento. Creo que tienen razón las que apuntan que son necesarias políticas públicas dirigidas a los hombres y que quizás sea necesario cambiar algunas estrategias.

“Los espacios no mixtos tuvieron éxito, pero toca un replanteamiento”

Estamos en un punto en el que el discurso incide mucho y bien sobre lo que los hombres ya no pueden seguir haciendo, pero que deja un vacío narrativo sobre lo que sí pueden hacer. Los derechos que han ganado y siguen ganando gracias a una deconstrucción anticapitalista y antipatriarcal que requiere de una militancia masculina, empoderada para bien, que empiece a ocupar las grietas y los huecos que se van abriendo en el sistema.

Si eres un hombre, el feminismo también trabaja por tus derechos y es importante que los ejerzas, para que no te los quiten.

Es importante que sepas y que recuerdes, que tienes derecho a estar a las tres de la mañana en un bar y cruzarte la mirada con otro hombre, sin tener miedo a que te parta la cara. Tienes derecho a sonreírle a una chica que te gusta, sin que aparezca su novio y te parta la cara. Tienes derecho, en general, a que no te partan la cara.

Tienes derecho a tener pluma, sin que se metan contigo. Tienes derecho a que te guste el ballet y a que no te divierta jugar a pegarte. Tienes derecho a que no den por hecho que tú sí puedes abrir los botes y a no sentirte un pusilánime si no puedes abrirlos. Tienes derecho a no ser tú el que baje a ver que ha sido ese ruido, y a no matar a la araña, porque a ti también te dan miedo o pena o asco las arañas.

Tienes derecho a no tener trabajo y a que tu pareja te mantenga, sea tu pareja una mujer o un hombre. Tienes derecho a estar deprimido, a tener ansiedad, a desequilibrarte emocionalmente y a no poder con tu vida. Tienes derecho a que te cuiden, a que te pregunten cómo te sientes y a que reconozcan esas emociones.

Tienes derecho a no querer tener relaciones sexuales. Tienes derecho a decir que tú no eres un animal incapaz de controlar sus impulsos, por pertenecer a un género determinado. Tienes derecho a decirles a los que se amparan en la biología para violar, que ya está bien. Que tú eres un hombre y no agredes a nadie, que no hay nada implícito en tu genoma que te convierta en un agresor. Tienes derecho a sentirte intimidado o agredido por una mujer y a ponerle límites. Tienes derecho a contarlo sin que se rían de ti. 

“Tienes derecho a dejar de reírte de chistes de tipos que olvidan a sus hijos en el supermercado”

Tienes derecho a llevar moño o a raparte el pelo, a afeitarte la barba o a emular a Tom Hanks en Náufrago. Tienes derecho a vestirte como quieras, porque no eres un niño que necesita la tutela de una mujer, no eres un ser disfuncional que no sabe encender la vitro, ni escoger camisas. No eres Bertín Osborne, por el amor de dios.

Tienes derecho a tener amigas y amigos y a decirles que están guapos o que les quieres. Tienes derecho a no ser el único que carga con los bultos para bajar a la playa. Tienes derecho a ser tratado como un ser humano autónomo y no como un recurso.

Tienes derecho a cuidar, a querer ser padre, a que no te traten como si fueras incapaz de hacerte cargo de tus hijos o hijas. Tienes derecho a llorar de rabia, de pena o de alegría. Tienes derecho a estar harto de bromas, y películas, y canciones, y memes que retratan a los hombres como niños eternos incapaces de hacer nada por sí mismos. Tienes derecho a dejar de reírte de chistes de tipos que olvidan a sus hijos en el supermercado. Tienes derecho a no querer beber hasta vomitar, a no ser el que más riesgos corre, ni el que tiene mejor coche, ni el que más rápido va.

Tienes derecho a ser un hombre en los términos y en las condiciones que tú decidas. Tienes derecho a rellenar de significado tu propia masculinidad, a enfrentar tus contradicciones y tus miedos.

Tienes derecho a ser feminista, porque el feminismo necesita a los hombres, tanto como los hombres necesitan al feminismo.

Tienes derecho a ser. A hacer preguntas y a dar respuestas. Y a acertar y equivocarte una y otra y otra vez. 

Y, probablemente, ese sea el mayor regalo que se le puede hacer a nadie. 

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5 Comentarios

  1. Buen artículo! Yo soy padre de una niña de 6 años y de un niño de 2, y no quiero que ninguna de mis criaturas tenga que vivir en una sociedad machista, principalmente por mi hija que será la que peores consecuencias padezca, pero también por mi hijo, porque como se ha dicho en el artículo los hombres también sufrimos el patriarcado. Necesitamos que esto cambie, y lo necesitamos ya, no podemos esperar cincuenta o cien años, porque llegaremos tarde para millones de personas que habitamos el mundo ahora. Y para que llegue pronto, los hombres tenemos que participar.

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