Daniel Bernabé: un “señoro” toma la palabra

Ovación cerrada de más de un minuto para el prolífico ensayista, que estuvo ayer en la Semana Negra invitado por la Sociedad Cultural Gijonesa.

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Daniel Bernabé (Fuenlabrada, 1980) dio un buen meneo a la autocomplaciente escena del ensayo político en España cuando en 2018 publicó La trampa de la diversidad (Akal), una obra de vocación divulgativa en el que reflexionaba acerca de si las llamadas políticas de identidad habían contribuido o no al avance de los derechos sociales en España. Su tesis de que la izquierda política de este país ha abandonado un proyecto económico común de mayorías para centrarse en obtener logros en los derechos civiles de determinados grupos sociales, que a su vez compiten entre sí, le trajo el aplauso de muchos y la hostilidad de otros, particularmente de esa realidad paralela y virtual en la que se ha convertido la izquierda tuitera.

Llegó Bernabé invitado por la Sociedad Cultural Gijonesa a una Semana Negra tan atípica como es la de esta edición de 2021 y dispuso de 30 minutos escasos para desarrollar las principales líneas de La distancia del presente (Akal, 2020) y Ya estábamos al final de algo (Bruguera, 2021), sendos análisis sobre la evolución política de España en la última década. Pero para atípico, el propio Bernabé, una figura muy distante del joven politólogo criado en familia de cuadros medios del partido socialista que hegemoniza la nueva política española. Por el contrario, el autor de La trampa luce ya una patillas canosas de cuarentón venerable, no trufa sus explicaciones con citas de autores internacionales y en cambio hace múltiples referencias a series de televisión y grupos musicales. Quizá por eso sus libros resulten mucho más asequibles al votante común de la izquierda y seguramente por ello se haya granjeado el desprecio de la intelectualidad orgánica de la nueva izquierda. «Estamos en un momento crucial, en el que los mapas de la batalla se están dibujando mientras la vamos librando», comenzó diciendo el de Fuenlabrada, «pero no debemos caer en el error de pensar que antes de esta pandemia no estábamos a final de algo». Continuó hilvanando un discurso muy sencillo y muy modulado, un relato antiélites que se preocupa por marcar los hitos cronológicos en la historia reciente de este país y que señala las contradicciones y los conflictos de intereses en los grupos de poder. Bernabé explicó cómo, en su opinión, el coronavirus ha establecido una coartada para tratar de apretar aún más las tuercas en materia laboral, tratando de hacer olvidar que  nuestra sociedad viene de cuatro crisis previas, con actores internos, como quienes gestaron la enorme burbuja ladrillera que estalló en 2008 crisis de ladrillo, y acotres externos, comos las agencias calificación que orquestaron ataques a las economías del Sur de Europa tras el estallido de la crisis financiera para, en palabras suyas, «ponernos de rodillas y quitarnos soberanía».

Este intelectual que no cita a Zizek ni a Bordieu, mucho menos a Laclau, expresó su preocupación por la crisis de legitimidad de la democracia liberal derivada de las sucesivas crisis económicas a la que ahora se ha unido la crisis sanitaria, algo chocante en un marxista confeso como es él, pero trató de argumentarlo. Según el escritor, la economía ha acabado marcando los límites de la política, de la propia idea de democracia, hasta el punto de que, para él, «la democracia tiene hoy en día muchos más enemigos que gente que la puedan defende por el enorme sentimiento de incertidumbre reinante». Y continuaba con esta reflexión: «Si la economía queda fuera de la soberanía popular, ¿de qué sirve la democracia liberal?». Cualquier democracia parlamentaria liberal necesita de una derecha que participe del juego político bajo unas coordenadas trazadas conjuntamente con el rival, pero en opinión de Bernabé, ahora la derecha está jugando a ilegitimar al rival, a expulsarlo del poder por cualquier método. De hecho, calificó de «populismo trumpista» a la corriente que ha tomado el mando de la derecha española tras la victoria de Isabel Díaz Ayuso en las pasadas elecciones madrileñas. A ello hay que añadir que, compartiendo tablero, tenemos desde hace pocos años en Epaña a un nuevo jugador: una ultraderecha que desempolva la vieja cosmogonía de la España de los buenos españoles enfrentada a la Antiespaña. «Existe una trama ultra formada por políticos, militares, partes de la judicatura y estrellas mediáticas de la comunicación», llegó a decir Bernabé, «cuyo programa ultra es cambiar el modelo de Estado, para llevarlo hacia un modelo autoritario y reaccionario, al estilo de la Hungría de Orban o la Turquía de Erdogan, una auténtica restauración reaccionaria con todas las letras». Las evidentes contradicciones y conflicto de intereses entre las élites dirigentes se solventarán, en opinión de Bernabé, si existe una derecha civilizada dispuesta a no romper la baraja del juego parlamentario.

“Bernabé es un intelectual intelectual que no cita a Zizek ni a Bordieu, mucho menos a Laclau”

Frente a esto, ¿qué tiene que ofrecer la izquierda? Dice Bernabé que el proyecto progresista está sumido en una crisis cultural e identitaria. Cada vez le cuesta más encontrar aquellos elementos que la unen y, por contra, exalta progresivamente sus diferencias. De ahí que considere que la izquierda tiene un problema para leer el momento político del país, centrada en generar olas de indiganción muy legítimas pero incapaces de lograr una continuidad, un arraigo desde el que construir un proyecto político estable. En su opinión, la izquierda española ahora mismo está más cerca de los chalecos amarillos, es decir, de la antipolítica, que de construir una alternativa, en parte por haberle cedido la centralidad del debate público a personas que se dedican a los medios de comunicación.

Y a partir de ahí el Bernabé analista cedió el micro al militante político. Propuso ni más ni menos que recuperar el papel central del trabajo como aglutinador social que construye nuestras realidades, discurso inaudito en este país en alguien de menos de cuarenta años interesado por la política. En su opinión, el proyecto ha de surgir del ámbito común, encarnado según él en las organizaciones sindicales o políticas. Los sindicatos han de ser para Bernabé el arquitrabe de un nuevo contrato social, de un nuevo modelo político que aspire a la lograr una mayor y más eficaz redistribución de la riqueza. «Hemos de ir más allá de los derechos concedidos, hemos de aspirar al empoderamiento social, avanzar hacia la conciencia de clase, hacia la noción del trabajo como articulador social, no individual, de ahí que sean claves los sindicatos, agentes de la política útil, de la del día a día». No se oyó allí hablar ni de géneros líquidos ni de personas úteroportantes. Economía, trabajo, sindicatos y búsqueda de lo que lo que une a la mayoría.

Terminó Bernabé citando a Camus para defender que la izquierda ha de lograr una ola común a la que sumarse para que si no logra un cambio social considerable, al menos consiga que el mundo tal y como lo conocemos no se deshaga.

Tras eso, un minuto largo de aplausos.

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4 Comentarios

  1. Aplicando la renta diferencial de Carlos Marx podríamos decir que la atención es el verdadero bien escaso y la nomenclatura “intelectual” se enfrenta en una competencia descarnada por acaparar un infinitesimal más de tiempo. Esa lucha despiadada por la atención lleva a situaciones como las presentes, unos cuantos competidores bajo un halo misterioso de la indefinición doctrinal, ni boomers ni generación Z sino de cuenta naranja sin etiquetas, etiqueta a otros competidores de manera salvaje queriéndolos llevarlos teleológicamente hacia el nazismo. Los señoros, los rojipardos nos inducen a pensar que serían como la quita columna del fascismo. Finalmente cuando los contendientes hayan pasado a otra fase vital, seguramente algunos cooptados por el sistema, quedarán los perdedores reconciliados en la presentación de algún libro, seguramente peinado ya calvas y canas…y se preguntarán si mereció le pena tanto verdulerismo.

    “Tenemos aquí, pues, la demostración matemática exacta de por qué los capitalistas, por mucho que en su competencia mutua se revelen como falsos hermanos, constituyen no obstante una verdadera cofradía francmasónica frente a la totalidad de la clase obrera.”

    PS: Sustitúyase capitalistas por capitalistas de la atención.

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