Territorio virgen: roadtrip por la Costa Oeste asturiana

Paradas obligatorias en el Paisaje Protegido de la Costa Occidental para un verano de playas y rutas costeras.

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Javier Martínez Mansilla
Javier Martínez Mansilla
Periodista y fotógrafo freelance en medios como CincoDías, El País, Guía Repsol, Traveler, National Geographic o ElDiario.es. https://www.instagram.com/javiermarman/?hl=es

En busca del territorio más virgen del litoral de Asturias, viajamos a la costa oeste donde el turismo de masas se desvanece entre el acantilado, el bosque atlántico y la cala desierta. Es este el Paisaje Protegido de la Costa Occidental de Asturias, un santuario natural de 35 km de extensión tallado por precipicios verticales que se asoman al Cantábrico desde casi cien metros de altura.

El municipio de Valdés se adueña de la mayor parte de esta reserva y hace de la villa de Luarca, su capital, la mejor base de operaciones para explorarla. Desde aquí nos olvidamos de la autopista A-8 para encomendarnos a caminos rurales y carreteras comarcales como la histórica N-632, hasta recorrer cada rincón de esta franja costera de 62 km2, arrinconada entre el océano, la rasa litoral y las brañas de montaña.

Seguimos la luz de los faros, las tradiciones de los navegantes y el eco del Cantábrico. Estas son las paradas imprescindibles para un roadtrip por la costa oeste de Asturias este verano.

Reserva Natural de Barayo

El límite occidental del Paisaje Protegido de la Costa Occidental de Asturias lo conforma otro santuario natural con nombre propio: Reserva Natural Parcial de Barayo.

Un bosque de alisos acompaña el curso de este río, que abre en canal la rasa litoral hasta su desembocadura en el Cantábrico. Aquí se dibuja un extenso arenal envuelto por una naturaleza salvaje, donde no hay construcción alguna, ni siquiera una carretera para acceder. Desde el aparcamiento de Sabugo, el caminante descubre este entorno a medida que desciende por la senda que bordea la ladera de pinos.

Divisamos una zona de marismas con juncales y espadañas donde no es difícil encontrar garzas, zampullines o nutrias. Un cinturón de dunas móviles eólicas da paso a una playa virgen de 700 metros de longitud, donde las corrientes son traicioneras y los surfistas lo saben. La Reserva Natural Parcial de Barayo, además de este arenal de espíritu nudista, engloba los acantilados y bosques colindantes, desde la punta Romanellos hasta la de Arnela, pasando por la cala de Sabugo. Otro recoveco donde desaparecer.

Los balcones de Luarca

La Villa Blanca de la Costa Verde es el principal núcleo de población en el Paisaje Protegido de la Costa Occidental de Asturias y el mejor punto de referencia para recorrerlo. Sin embargo, si buscamos una excusa para una parada rápida en nuestro recorrido por carretera, la encontraremos en sus miradores.

El de la Atalaya se asoma a la costa oeste y al puerto de Luarca desde lo alto de la Punta del Focicón. Desde 1862, el faro de Luarca guía a los navegantes desde este enclave estratégico situado a 54 metros de altura sobre el Cantábrico, donde, además se encuentra el cementerio en el que está enterrado el premio Nobel Severo Ochoa.

Al otro lado del valle, encontramos otro de los balcones que bien merece una parada panorámica en Luarca. El de El Chano se asoma desde la rasa litoral para dominar las playas de la desembocadura del río Negro, que avanza meandro a meandro desde las montañas del interior esculpiendo el valle donde se asienta el pueblo de Luarca. Su corazón late al ritmo del muelle, donde se agrupan los barcos de pesca y los de recreo.

La Fonte Baxa y la vuelta al mundo vegetal

Cedros de Líbano, helechos de Australia, pinos de Canadá y secoyas de Estados Unidos entre quinientas variedades de camelias y otras especies autóctonas con setecientos años de antigüedad. En el Chano se conserva otro de los tesoros naturales de la costa oeste astur: el Bosque-Jardín de la Fonte Baxa.

El mayor jardín botánico particular de Europa acaba de reabrir sus puertas y de ampliar sus instalaciones para ofrecer al visitante un recorrido sensorial a través de los cinco continentes con vistas privilegiadas de la bahía protegida por espigones de los envites del Cantábrico. Se accede desde la pasarela de madera que conecta con la playa “Segunda” de Luarca.

Calamares gigantes y el secreto de las profundidades oceánicas

Descubrimos ahora el secreto de las profundidades oceánicas del Paisaje Protegido de la costa oeste. El Cañón de Avilés es una enorme fosa de 5.000 metros de profundidad, situada frente a esta franja del litoral asturiano, donde habitan calamares gigantes, entre otras especies abisales.

En el Parque de la Vida, situado en la aldea de la Mata, se guarda la mayor colección del mundo de estos enormes cefalópodos, con 70 ejemplares de hasta 13 metros de longitud y 250 kg de peso.

Sin miedo a los calamares, nos sumergimos en esta reserva natural. La empresa Blue Dot, acaba de estrenarse como un centro de buceo y esnórquel ideal para explorar la biodiversidad de los fondos marinos del Paisaje Protegido.

GR-204: desde Busto hasta La Regalina

Rumbo este, nos olvidamos del coche para recorrer a pie la senda GR-204 o la mejor manera de explorar los acantilados costeros. Desde el faro del cabo de Busto parte este recorrido camuflado entre los campos de la rasa litoral como un palco privilegiado para disfrutar de este espectáculo natural en forma de cantiles de 80 metros de altura, cuevas y calas escondidas e islotes resquebrajados por el Cantábrico.

En esta zona integrada en la Red Natura 2000, anidan gaviotas y sobrevuelan halcones peregrinos. Algunos lugares para tomar aire y disfrutar de la naturaleza son la Punta de la Osa y la Punta de Arenoso además de la playa de Quintana, donde se puede acceder con perros.

Cadavedo es el final de este recorrido de 22 km y la ermita de la Regalina, su lugar más icónico y el mejor broche posible para cerrar la travesía.

Asomarse al abismo en el cabo Vidio

El límite oriental del Paisaje Protegido de la Costa Occidental de Asturias se enclava en el concejo de Cudillero y en los alrededores del pueblo de Oviñana.

El cabo de Vidio es una parada obligatoria en este roadtrip por la costa oeste para arrimarnos a sus feroces acantilados de 90 metros de altura. Desde aquí una senda bordea este promontorio, donde se emplaza el faro desde 1950, y propone al caminante un desafío al vértigo y un regalo para la vista.

Desde el balcón más elevado del Paisaje Protegido se domina toda la costa occidental e incluso se vislumbra la estaca de Bares (Galicia) los días despejados.

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