¿Quiénes eran los 28 avilesinos de los campos de concentración nazis?

En las III Jornadas de Memoria Democrática de Avilés se ha repasado la historia de los deportados españoles, además de homenajear a una mujer superviviente de estas familias

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Marta Rogia
Marta Rogia
Periodista, abogada, guionista. Cinéfila y apasionada de la radio, a la que he prestado voz mucho tiempo. Continúo con mi búsqueda de la autenticidad mediante narraciones que nos conecten a través de la emoción.

El historiador gijonés Antonio Muñoz recorrió en las III Jornadas de Memoria Democrática, desarrolladas el 5 de octubre en el Centro Municipal de Arte y Exposiciones (CMAE) de la villa, las distintas etapas que la revisión del pasado de los exiliados españoles ha sufrido. Desde la negación de su importancia por parte de los dirigentes políticos al silencio. La fase actual arranca en torno al año 2000 cuando Emilio Silva de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) busca a sus parientes. Con la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al Gobierno se percibe el interés de la ciudadanía y se aprueba por primera vez una ley de memoria histórica. En todo caso, el conferenciante reprobó la desidia de la Administración en general y de la asturiana en concreto, pues en comparación con las acciones de reconocimiento y creación de censos de represaliados de Galicia o el País Vasco, “aquí no se ha hecho nada en los últimos 20 años”. Y aunque reconoció que “parece que Barbón tiene voluntad de acometer más actividades”, también señalaba en una entrevista previa para este medio que “la Federación Socialista Asturiana tiene complejo desde la revolución asturiana del 34, así Areces o Fernández cubrieron de silencio toda esa época, porque entendieron que la Transición fue una verdadera reconciliación y que esta es su contribución a la política española”.

FOTO: David Aguilar

Sin embargo, Muñoz no comparte esa idea, por ello ha cooperado con acciones reparadoras y de investigación, como la iniciativa del mayor centro del mundo sobre víctimas del nazismo, el Arolsen Archives de Kasel – antes denominado Servicio Internacional de Rastreo- que, según su web oficial, alberga más de 30 millones documentos sobre esa persecución. Este, con su campaña #StolenMemory, fue devolviendo a las familias los objetos personales de sus parientes, como por ejemplo, un reloj o unas cartas. En esa misma línea se sitúa su colaboración con el grupo Deportados Asturias, que solicita ayuda para que les faciliten datos sobre los avilesinos que fueron enviados a los campos de concentración nazis. Gracias a los estudios de este colectivo  se han añadido tres nombres al listado de hace unos 15 años que recogían Benito Bermejo y Sandra Checa  en su “Libro Memorial: españoles deportados a los campos nazis 1940-1945”. Los nuevos identificados son Henri Sanson, de Arnao; Ángel Conde, de Avilés y Sandalio Puerto, de Salinas que se añaden a los 25 existentes y que se pueden consultar en el listado.

Imagen cedida por Antonio Muñoz

Asimismo, el ponente explicó que las vías para ser trasladado a una de las zonas de exterminio eran cuatro: caer apresado cuando se trabajaba en la línea Maginot que Francia construía para frenar el avance de enemigos; ser detenido en la resistencia francesa, en la que se enrolaron muchos españoles; ser capturado en la Legión Extranjera Francesa o haber tomado el tren equivocado. Sobre esta última opción, Montse Armengol y Ricard Belis sacaron un libro y un documental, “El convoy de los 927”, con la crónica de los españoles, 437 mujeres y niños y 490 varones, que ignorantes de su destino y con el ánimo de marchar a un lugar seguro, subieron a unos vagones que los llevaron a los campos de concentración. Esto sucedió con la total cooperación de las autoridades francesas, conscientes de que mandaban a los españoles a que fueran eliminados por los nazis. De hecho, el cálculo aproximado muestra que alrededor de un 10% de españoles refugiados en Francia, unos 9.500- 10.000 varones, acabaron en campos de concentración. Una de esas familias fue la Ramos Barril, a cuya hija superviviente se homenajeaba en estas jornadas.

María Luisa Ramos Barril, la emoción de la memoria

Con sus cerca de 94 años, una cabeza muy lúcida y unos ojos que conservan un brillo intenso – se ríe cuando se lo digo- me atendió en su casa María Luisa Ramos Barril, con la presencia de Omar Ramos, su hijo, unos días antes del homenaje. La mujer, aunque al final sí acudió muy conmovida al evento, hasta poco tiempo antes no aseguraba su presencia en el acto. La conversación discurrió a borbotones, pasando de unos recuerdos a otros, enlazándolos con los más actuales, mencionando a los vecinos del barrio o la dureza de la vida en Avilés a su vuelta. Pero en especial, ella evocaba la imagen y la pestilencia de aquel vagón inmundo que los llevó al horror, como también narra su hermano Galo Barril en su obra “Sobrevivir al infierno”. La familia, que era afín al socialismo y al anarquismo, salió de Avilés a Burdeos, de ahí regresaron a Barcelona, pero con la caída de la República partieron de nuevo hacia el campo de refugiados de Angulema, en Francia, donde después tomarían el mencionado convoy de los 927.

María Luisa Ramos Barril recibe un ramo de flores FOTO: David Aguilar

La emoción afloraba constantemente porque no importan los años que hayan transcurrido, resulta intensamente doloroso el recuerdo de la separación de su padre y de sus dos hermanos, Manuel y Galo, internados en el campo de Mathaussen, mientras ella, sus otros dos hermanos, Luis y Eloína y su madre, Anselma, eran enviados de vuelta a Asturias. María Luisa no es precisa en algunos detalles como lugares o fechas, pero el volumen “Exilio republicano asturiano”, de Rosa Calvo y Enriqueta Ortega , que ya recogió años atrás su testimonio, colma las lagunas. Así, especifica que fue el 20 de agosto de 1940 cuando los metieron en un tren de ganado y que en el campo de exterminio austriaco les asignaron unas matrículas (la número 3875 para el padre, la 41989 para el hermano mayor, de 17 años y la 3874 para Galo, de 16 años). Meses después, el progenitor, Belarmino, es trasladado al campo de Gusen, donde lo matan. Sin embargo, sus hijos resistieron y después de la liberación, rehicieron su vida en Francia y Avilés.

Por eso, cuando a la última superviviente de esa historia se le plantea el homenaje, dice que no se siente merecedora de ello, que el heroísmo pertenece a esos miembros de su familia, pero que en todo caso, está muy agradecida por el reconocimiento público. Ese constituye uno de los objetivos del acto integrado en las Jornadas, pues según indica Vicente Ferrera, de la entidad organizadora, la Plataforma contra los Recortes, “reivindican el honor, la honra y la justicia para quienes fueron asesinados, desaparecidos, masacrados y represaliados desde el 18 de julio de 1936 hasta el 20 de noviembre de 1975. Por los que están identificados y los que aún están por identificar”. Al público le supo a poco y le pedía a Muñoz que volviera otro día. La próxima cita será el 21 de octubre, en el CMAE con dos conferencias sobre las fosas de la Guerra Civil de Avilés y Comarca.

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1 Comentario

  1. Gracias Marta por tu trabajo que contribuye a rescatar la historia de nuestra familia. Sin las personas como tú, los Ramos seríamos sólo un número en las cifras de víctimas de la guerra.
    Omar Ramos

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