Fábrica de Trubia: Así debilita la fuerza de los trabajadores la reforma laboral del PP

Los paros parciales convocados en la factoría, propiedad de General Dynamics, se enfrentan al problema de una plantilla fragmentada y precarizada.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Conflicto en la Fábrica de Armas de Trubia. La Corriente Sindical de Izquierdas y la Organización Sindical Obrera Asturiana han convocado para este mes cuatro días de paros parciales en la factoría de esta localidad ovetense. Protestan por la sanción a un trabajador que forzó la puerta de uno de los talleres para reducir el calor asfixiante que él y sus compañeros estaban soportando. La reacción de la empresa fue fulminante y no valieron las disculpas del operario: 15 días de suspensión de empleo y sueldo. Los sindicatos convocantes saben que se trata de una medida de presión con más capacidad de dañar la imagen pública de la empresa que de paralizar la producción. Y es que a día de hoy solo un 10% de la línea de producción de Trubia es llevada a cabo por empleados de Santa Bárbara Sistemas, la antigua empresa pública de armamento, hoy propiedad de la multinacionacional norteamericana General Dynamics. De las 800 personas que trabajan en la fábrica, más de 400 lo hacen a través de subcontratas y empresas de trabajo temporal. Las sucesivas reformas del mercado laboral han ido permitiendo que cada vez sean menos los empleos directos, y más los que dependen de empresas externas a las que se recurre en función de las coyunturas y la carga de trabajo. Sin compromiso. Subcontratas que a menudo recurren a otras empresas, degradando así un poco más en cada eslabón de la cadena la calidad del empleo que ofrecen. Poner límites a esta externalización sin fin es en este momento uno de los asuntos calientes de la reforma laboral que discuten los socios del Gobierno de España. Mientras el Ministerio de Trabajo dirigido por Yolanda Díaz, y las centrales sindicales, abogan por limitar la externalización de tareas productivas, el Ministerio de Economía, liderado por Nadia Calviño, y la CEOE, aspiran a mantener el núcleo duro de una legislación que ha reducido los puestos de empleo estructurales en las empresas, fragmentando las plantillas y debilitando así a los sindicatos a la hora de movilizarse. No es el único debate que hay sobre la mesa, pero se trata sin duda de uno de los más importantes. La patronal no quiere devolver a los trabajadores y sus organizaciones la capacidad de negociación y presión que les arrebató en la anterior crisis. Dificultar el sindicalismo fue uno de los objetivos de la reforma que ha hecho de España el segundo país con más trabajadores pobres de la UE. Solo le supera Rumanía.

Pablo Coto, presidente del comité de empresa de Trubia. Foto: David Aguilar Sánchez.

Fundada por el Estado a finales del siglo XVIII y privatizada por debajo de su valor en 2001, durante el gobierno de José María Aznar, como así puso de manifiesto un informe de 2007 del Tribunal de Cuentas, Trubia ha ido evolucionando de fábrica de cañones a una factoría especializada en la construcción de carros de combate y otros vehículos militares. También de un centro de trabajo con gran poder de sus empleados a un espacio en el que, según Coto, la dirección de la empresa recurre cada vez más a un estilo arrogante y autoritario. En 2012 absorvió a la plantilla de la otra centenaria fábrica de armas del concejo, también privatizada y propiedad de General Dynamics, ubicada en la propia ciudad de Oviedo/Uviéu. Los 300 trabajadores de La Vega se fueron de mala gana a la vecina Trubia, no sin resistencias, intuyendo que aquello sería tarde o temprano el final. No se equivocaban. El gobierno socialista del Principado alentó el traslado, que liberaba 122.000 jugosos metros cuadrados en plena capital asturiana, y lo presentó como una armoniosa integración de ambas plantillas. En realidad la pretendida fusión terminaría siendo en poco tiempo un cierre encubierto a coste casi cero para la multinacional armamentística. Con la nueva reforma laboral aprobada por el gobierno de Mariano Rajoy ese mismo año, General Dynamics se encontró con las manos libres para liberarse de más de 300 trabajadores. Algunos se fueron a través jubilaciones y bajas incentivadas, pero otros 55 con despidos puros y duros. Despidos además muy baratos. No se trataba de un problema de falta de carga de trabajo, sino de costes laborales. Soltar lastre. La empresa quería aligerar plantilla, sobre todo de trabajadores con antigüedad y buenos salarios, y tirar así de subcontratas con empleados más baratos y precarios, sometidos a la disciplina de la temporalidad y la permanente amenaza de un despido barato. La reforma laboral del PP fue pues la herramienta perfecta para remodelar por completo una fábrica en la que se ha externalizado todo lo externalizable y muchos de los ingenieros son personas jóvenes, contratados fuera de convenio, que están ganando por debajo de los 22.000 euros. Salarios inferiores a los de los escasos obreros cualificados que siguen contratados por la empresa matriz.

Grupo de trabajadores de la fábrica. Foto: David Aguilar Sánchez.

Con una plantilla fragmentada en diferentes empresas y tipos de contratos, Pablo Coto, de CSI, presidente del comité de empresa, sabe que la principal finalidad de los paros es “hacer ruido”. La mayoría de los trabajadores están en una situación tan vulnerable que comprende que no puedan secundar una convocatoria que además es minoritaria y no respaldan el resto de los sindicatos. Coto considera fundamental que la nueva reforma laboral reduzca la subcontratación y aumente los puestos estructurales en las empresas, porque “en Trubia hay mucho trabajo, pero no se está traduciendo en empleo estable y de calidad”. Este sindicalista que lleva desde 2003 trabajando en la fábrica, primero a través de una contrata y luego como empleado directo de Santa Bárbara, lamenta que su caso es cada vez más difícil de encontrar, ya que la empresa lleva 12 años sin realizar promoción interna. Eso sí, en Reston, Virginia, sede de General Dynamics, su directora ejecutiva, la ex agente de la CIA Phebe Novakovic, gana 20,4 millones de euros anuales. Es la tercera ejecutiva mejor pagada de los EEUU.

Mientras los paros en solidaridad con el compañero represaliado continuarán esta semana, en el Gobierno se seguirá discutiendo el rumbo de una reforma laboral que puede suponer la recuperación de derechos arrebatados o la continuidad en una línea desecendente en materia de sueldos, estabilidad laboral y capacidad de negociación colectiva. Los próximos días serán cruciales para saber si ha llegado el tiempo de los cambios reales en las condiciones de vida, o el país va a seguir instalado, gobierne quien gobierne, en el más de lo mismo. El escenario está, más que nunca, abierto.

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