Periodismo ético para el compromiso social

CODOPA organizó unas jornadas de formación en las que Javier Espinosa y Mónica G. Prieto dieron técnicas y consejos para una labor más humana

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Christian Ferreiro
Christian Ferreiro
Graduado en Filosofía por la Universidá d'Uviéu. Esperando ser docente de secundaria en un futuro no muy lejano.

“Un periodismo más humano”. Esta ha sido la consigna que ha estado presente en las dos jornadas de formación sobre ‘Comunicación para la solidaridad’, organizada por la Coordinadora de ONGD del Principado de Asturias. Javier Espinosa y Mónica García Prieto, prestigiosos periodistas de guerra, impartieron este curso los días 3 y 4 en el Conseyu de la Mocedá de Xixón, haciendo válidas las enseñanzas del mundo bélico.

La primera jornada consistió en la disposición del marco teórico desde el que se abordaría, en la segunda jornada, situaciones más prácticas. El compromiso social debe ser, a juicio de Espinosa, lo que guíe la labor del periodista. Más allá de meros reflejos de la realidad, el periodista debe tomar parte en favor de la víctima y contra el agresor, cuya diferencia es crucial. Esto debe hacerse, además, siguiendo los principios de la ética periodística: verdad, objetividad y exactitud, a los que Espinosa y Prieto añaden otros, como la denuncia de las injusticias, la amplitud de perspectiva, evitar los estereotipos o contrastar datos, que profundizarían más en dicho compromiso con la sociedad. Sin embargo, Espinosa matiza: “no creo que haya objetividad, porque elegimos estar con la víctima y no con el agresor; elegimos estar de parte de los iraquíes y no con el ejército estadounidense. Pero sí hay honestidad”.

En opinión de ambos profesionales, uno de los problemas más acuciantes que está experimentando el periodismo actualmente es el de la credibilidad; y, más concretamente, la falta de la misma. El egocentrismo y el periodismo espectacular están en los orígenes de la pérdida de respeto por una profesión que, hasta hace muy poco tiempo, era sinónimo de compromiso con la verdad. Por esto, tanto Javier Espinosa como Mónica G. Prieto señalan la necesidad de que el periodismo vuelva a centrarse en las víctimas de los conflictos globales, recuperando la credibilidad de una realidad social con la que debe reencontrarse. Además, es urgente revertir la tendencia del periodismo complaciente, ya que la información no siempre debe amoldarse al gusto mayoritario. En este sentido, el papel de las asociaciones de periodistas y otras entidades similares para el análisis de los comportamientos de los profesionales es clave, intentando de este modo evitar los sensacionalismos y el exceso de dramatismo a la hora de narrar ciertas historias. A este respecto, Espinosa y Prieto repartieron una serie de ejemplos de noticias y artículos en los que se pudieron ver estas cuestiones de primera mano.

“No creo que haya objetividad, pero sí honestidad”

La inmigración es uno de los temas que más ampliamente han tratado ambos periodistas. En concreto, Mónica G. Prieto introdujo sus aprendizajes en la ruta del Mediterráneo y en los barcos de rescate. El abandono de la comunidad internacional es algo evidente, en opinión de la periodista; motivo de más para que la profesión periodística dé un paso al frente dando voz a unas personas que se juegan la vida en unos mares muy cercanos. Prieto llamó la atención sobre el lenguaje con el que los medios de comunicación suelen tratar la inmigración. “Problema”, “avalancha” u “oleada” son algunas de las expresiones metafóricas que varios periódicos utilizan sin reparar en las consecuencias que se generan en la opinión pública, o si se tratan de datos sesgados, cuando no falsos. Por este motivo, otro de los objetivos primordiales del periodismo es el de desmontar los bulos que las fuerzas políticas de extrema derecha utilizan en favor de sus intereses, donde la inmigración se trata como “una batalla ideológica más”.

Las jornadas de formación llegaron a su fin con la segunda y última sesión, en la que se introdujo la legislación sobre derecho humanitario internacional. Una legislación que, a pesar de tener primacía sobre los derechos domésticos de cada Estado nacional, se incumple sistemáticamente por los ejércitos en los conflictos bélicos. En concreto, los ejércitos de Israel y de Estados Unidos son los que más veces violan los principios humanitarios de proporcionalidad y precaución. De nuevo, el papel de los periodistas es fundamental: informar con unas palabras y no con otras puede marcar la diferencia. Como ejemplo, “contratistas” es el nuevo término que utilizan las fuerzas para-militares para no ser denominadas como mercenarios. Las diferencias conceptuales importan, y mucho.

Contar con un background robusto es otra clave esbozada por ambos periodistas. Javier Espinosa así lo considera, dado que es fundamental para construir una buena “composición visual” del territorio sobre el que hacer un reportaje o cubrir un conflicto bélico. Por eso, es esencial contar con herramientas y recursos que permitan una visión amplia de la situación: aplicaciones móviles, mapas, informes de ONGs (ACNUR, CEAR, etc.), bibliografía del conflicto, etnias en disputa… Todo consejo es siempre útil para una labor en el que los periodistas se juegan, literalmente, la piel. Para Mónica G. Prieto, contar con un fixer u otros compañeros de confianza que sitúen, traduzcan y contextualicen es crucial. Una localización inteligente. Un alojamiento poco sospechoso. Actitudes y vestimentas que no llamen la atención —más aún, incluso, siendo mujer en determinados países. En definitiva: cuestiones que, aun siendo radicalmente cotidianas, son vitales para el periodismo de guerra. Cuestiones cotidianas que pueden delimitar la fina línea entre un accidente indeseado y una labor periodística ética realmente exitosa.

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