Salvar el planeta

La COP 26 se está celebrando durante estos días en Glasgow (Escocia) y tiene un gran reto: replantear el sistema para frenar nuestra autodestrucción.

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Nuria Saavedra
Nuria Saavedra
Activista feminista y LGTBI+, trabajadora social y profesora en un instituto de Xixón.

Podríamos afirmar que es una quimera salvar el planeta cuando hay una percepción generalizada de que hacemos muy poco por salvarnos a nosotras mismas, cuando no nos importan las otras personas y centramos la atención y el eje de la vida en el yo y, como mucho, en el entorno más próximo (familiar y/o amistades). Es verdad que nuestra vida cotidiana está llena de malos tratos. Se evidencia que no nos tratamos bien, en bastantes ocasiones. Lo aprendemos en casa, lo vemos en el centro educativo, en la calle, en los medios de comunicación y redes sociales. Eso es lo que más “vende” y, lo que, mayor impacto provoca cuando se reproduce. Veíamos estos días en las noticias la repercusión del El juego del calamar, al joven asesino nipón en el metro ataviado con ropa al estilo del Joker o la agresión lgtbfóbica de Julio en Pola de Siero al grito, nuevamente como a Samuel y a tantxs otros y otras, de “maricón de mierda”, así como la provocación de cinco jóvenes que gritaban a 300 metros de la concentración del martes 2 “esto no pasaba con Franco”.

Nuestros entornos están violentados por casos interminables de corrupción, de puertas giratorias y correderas, de un círculo concéntrico sin fín y sin salida, así como por discusiones que invitan a desear que te vaya mal o que te mueras o que te pudras en la cárcel. Todo ello con una perspectiva de venganza, odio y rivalidad, pero que nada tiene que ver con la Justicia con mayúsculas. La película Maixabel y la serie Patria nos sitúan entre la venganza que nos bloquea y nos destruye y el encuentro doloroso que camina buscando el bien común, con un pasado que no se puede borrar y con un presente con demasiadas heridas que construirá el futuro.

De lo micro a lo macro, de los retos personales que agreden el propio cuerpo con peligro de perder o determinar la propia vida hasta los proyectos macro intensivos que agreden a todos los seres vivos y a sus ecosistemas. Agresiones a uno/a mismo/a, al propio entorno, familia y amigos/as, a otras personas y escenarios en situación de mayor vulnerabilidad, a la propia tierra y a la cultura. Agredir a una cultura (forma de sentir, pensar y actuar) es agredir a su población, a su identidad y a su sentimiento de pertenencia, por lo que es su punto más vulnerable. Si se hace trizas una cultura es más fácil manipular a su población porque no tendrá a dónde ni a qué agarrarse, ni afianzarse. Negar una lengua, como medio de expresión cultural, forma parte de ese proceso destructor. Siempre que se elimina algo, es porque hay otra alternativa. Y, normalmente, esa alternativa es foránea y prima otros intereses frente a la cultura comunitaria.

“Negar una lengua, como medio de expresión cultural, forma parte de ese proceso destructor”

Todo ello nos va llevando a que cuando ya no quiero seguir o no tengo la posibilidad de seguir destruyendo mi propio entorno -en el que vivo- continuo con los siguientes, sin preocupación y buscando beneficio personal o mayoritario, sin atender a las minorías. Si no quiero mis residuos nucleares o una industria agroquímica contaminante en mi entorno, lo derivo a otros espacios lejanos. Esto es lo que tenemos prácticamente en nuestras noticias diarias. Pero, lo otro, los buenos tratos ¿es excepcional?

Central Térmica de La Pereda (Mieres) FOTO: Iván G. Fernández

No nos podemos quedar solo con esa visión negativa, principalmente, por supervivencia y salud mental. Hay que ver que, en nuestra vida, también hay buenos tratos. Pensemos en la cantidad de personas que ofrecen su tiempo y sus energías para buscar alternativas a los problemas y a las crisis que van sucediéndose en los distintos ámbitos (personal, familiar, social, etc). Mucha gente colabora, gratuita y desinteresadamente, en causas diversas. A algunas personas no les interesa poner el foco en este aspecto positivo de nuestra existencia compartida. Pero, sin estas personas, a lo largo de la Historia, nuestra vida habría sido menos digna y más dura. Han sido fundamental los apoyos entre personas y colectivos de iguales (mujeres, migrantes, racializadas, LGTBI+, …) con personas diferentes (hombres, personas autóctonas, blancas, heterosexuales, …). Todas estas personas han creído en la igualdad de derechos y oportunidades de todas las personas, a través de movimientos, asociaciones, sindicatos y partidos políticos.

Protesta contra la Ronda Norte en el Día Mundial del Medio Ambiente. Foto: David Aguilar Sánchez.

Sin duda, la unión de los movimientos que reivindican diferentes causas nos hará más fuertes y más libres. Ese es el miedo de algunos grupos. Nos han visto fuertes y quieren mantener su hegemonía, no quieren perder el poder. Y usan el miedo para acallar y desmantelar lo que llaman “chiringuitos”, que son espacios democráticos que promueven la participación de la ciudadanía en la defensa de sus derechos y cuestionan el sistema desde la libertad de acción y pensamiento.

En este momento, hay un gran interés en deslegitimar el trabajo realizado por las personas en beneficio del interés común, con el objetivo de negar su necesidad o utilidad, ridiculizando la empatía y la sensibilidad hacia el dolor y las heridas de quienes sufren el odio y la violencia social y, en ocasiones, estructural. Con este fundamento, se puede concluir que para derrocar un sistema construido hay que negar y deslegitimar su interés y su utilidad.

Manifestación vecinal y ecologista contra la contaminación en Xixón.

Por eso, salvar el planeta es una cuestión fundamental que tiene que ser tratada de una forma holística e integral, global. La COP 26, la 26ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, se está celebrando durante estos días en Glasgow (Escocia) y tiene grandes retos. El presente y el futuro pasa por una revisión de nuestras acciones locales (proyectos honestos que generen confianza y empleo en el entorno por emprendedoras/es locales), organizadas mayoritariamente desde lo local para el empleo y el consumo, respetando el entorno con una perspectiva de cuidados -cuidado de las personas y del planeta- que promuevan espacios dignos y protegidos para la convivencia con la participación de la ciudadanía, especialmente, de quienes se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad.

Todo esto nos está haciendo replantear el sistema que hemos tenido hasta ahora, desde los valores y principios hasta la replanificación de nuestras estructuras locales e internacionales, porque lo que hemos construido se puede romper, y lo que deseamos construir se puede quedar en un deseo. La ciudadanía tenemos el poder en nuestras manos. El futuro que queremos pasa por el presente que estamos viviendo. ¿Queremos seguir mirando hacia otro lado o afrontar lo que está viniendo?

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1 Comentario

  1. Lo que hay que salvar no es planeta sino la especie humana. El planeta seguirá y se recuperará cuando esa especie humana desaparezca o deje de abusar de su medio ambiente.

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