Así se okupó La Madreña

Un grupo de activistas, en secreto y con estrictas medidas de seguridad, empezó unas semanas antes a estudiar el edificio y a trazar un plan para despistar a la policía durante la entrada

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Bernardo Álvarez
Bernardo Álvarez
Graduado en psicología y ahora periodista entre Asturias y Madrid. Ha publicado artículos en ABC, Atlántica XXII, FronteraD y El Ciervo.

La heroica ciudad seguía durmiendo la siesta cuando la agitación quincemera—dormíamos, despertamos—se propuso romper el silencio y la inmovilidad que mantenían a Oviedo sumida en un plácido sueño. Aunque la acampada de mayo y los posteriores meses de asambleas hicieron pequeña la céntrica plaza de la Escandalera, con los fríos y las lluvias del otoño los rebeldes empezaron a buscar un refugio en el que seguir construyendo y conspirando. Ese lugar fue el Centro Social La Madreña, en la calle General Elorza, que un día como hoy hace diez años pasó de ser un edificio polvoriento y desolado a convertirse en el epicentro de los movimientos sociales y la cultura alternativa en el centro de Asturias.

Movimiento 15M en la Plaza de la Escandalera FOTO: Iván G. Fernández

“Sabíamos que no íbamos a volver a vivir nada igual” confiesa Xuan V, nombre ficticio, que fue quien forzó el candado de la entrada y entró el primero en el edificio. “De allí salieron corriendo como ratas, y te voy a decir por qué”, cuenta en referencia a sus antiguos inquilinos, ni más ni menos que la consejería de Sanidad del Principado, “cuando entramos nos encontramos restos del convite de clausura: trozos de pan duros como piedras, chorizo… Si tanto decíamos aquello de que no hay pan para tanto chorizo lo decíamos por algo”.

La decisión de ponerle un domicilio al movimiento nacido en las plazas surgió al constatar, según Damián D., otro de los participantes en el operativo, una “sensación del reflujo del 15-M, que hizo que muchas personas en muchos lugares de España llegáramos a la conclusión de que había que darle continuidad al movimiento ocupando edificios públicos o ligados a la especulación urbanística. Hay entonces una ola de ocupaciones en todo el país manteniendo la filosofía de desobediencia civil y acción directa del 15-M”.

Xuan V. recuerda que se lanzó “un globo sonda” en una asamblea del 15-M, a finales de octubre, proponiendo abiertamente la ocupación de un edificio. Sin embargo, el proceso fue bastante más secreto en su gestación y desarrollo. “Mucha gente del entorno del 15-M no tenía ni idea de esto”, cuenta Damián D., que reconoce que aquello les costó acusaciones de “vanguardismo” por preparar la ocupación al margen de la asamblea. “Lo típico: en una asamblea pública te pones a hablar de hacer una acción ilegal”, se mofa.

Un grupo de una decena de personas empezó a buscar un edificio que cumpliese los requisitos necesarios. Los primeros candidatos, y en verdad los únicos considerados seriamente, fueron los de las antiguas consejerías de Sanidad y Servicios Sociales, en la calle General Elorza. “Nos venían de lujo”, explica Damián, “porque eran espacios grandes, céntricos y ligados a la Operación de los Palacios”.

Antigua consejería de Sanidad del Principado, convertido luego en el centro social La Madreña FOTO: Pablo Lorenzana

El Principado compró en 2007 parte del palacio del Calatrava con el objeto de ubicar allí dependencias administrativas. Para financiar la compra se deshizo de varias parcelas, entre las que se contaban las citadas consejerías. Según un informe de la Sindicatura de Cuentas, el Principado incumplió la Ley de Patrimonio por no haber aprobado la operación en el Parlamento regional. “Nuestro planteamiento”, según Xuan V., “no era de resistencia sino de de recuperar algo, la antigua consejería de Sanidad, que era de la gente”.

Tampoco la fecha de la ocupación, 15 de noviembre, se escogió al azar: “Queríamos dar un golpe de efecto en plena campaña electoral y se cumplían seis meses del 15-M. Teníamos que demostrar que el movimiento seguía vivo”. Cinco días más tarde, Mariano Rajoy ganó las elecciones generales por mayoría absoluta.

“Una cierta psicosis”

Los preparativos de la ocupación, prácticamente clandestinos, arrancaron unas semanas antes. “Había una cierta psicosis”, reconoce Damián, “y nos reuníamos en una especie de sótano de un centro social. Quitábamos las baterías de los móviles para que no pudieran pinchárnoslos. No teníamos ni idea de cómo ocupar, porque no había ninguna tradición en Oviedo y apenas en Asturias”.

Además de las cuestiones logísticas, el asesoramiento legal consumió buena parte de sus esfuerzos. “En todo momento nos informábamos y tuvimos en mente esa cuestión. Si vas a hacer una acción así tienes que tener algo detrás. Y hablamos con varios abogados”, recuerda Xuan.

Una vez estudiado el terreno, y con las espaldas más o menos cubiertas en caso de tener que pisar el juzgado, se decidió entrar en la madrugada del sábado 12 al domingo 13 de noviembre. Xuan cuenta que se estableció todo un “dispositivo de vigilancia en los alrededores: todo General Elorza, en la plaza de Cruz Roja y en Foncalada. Nos comunicábamos con WhatsApp, pero contando lo justo: todo tranquilo, cuidado…”. Él mismo, junto a otro compañero, saltó la verja y alcanzó el patio delantero, donde podían ocultarse entre la maleza.

Rodearon el edificio hasta llegar a la puerta de entrada de vehículos donde, con una lima de metal, rompieron la cadena les impedía abrirla. “Eso fue como cruzar el Rubicón: a partir de aquí, lo que nos encontremos. Sentimos mucha emoción y mucha adrenalina en el momento”. Pero aún faltaban dos días para que el centro social La Madreña empezase a existir como tal.

Jugando al despiste con la policía

El día 15, en teoría para celebrar sus seis meses de vida, el 15-M convocó una concentración en la plaza de la Escandalera. “En realidad fue un señuelo para que la policía fuese allí y creyese que íbamos a acampar de nuevo”, revela Damián, “y mientras la gente estaba en la plaza montamos el dispositivo de vigilancia y entramos. Recuerdo un momento que, como en las películas, estábamos a punto de entrar y justo pasó un coche de policía”.

Entraron cinco personas y, tras encender unas velas y preparar la luz, llamaron a la prensa para hacer pública la ocupación. Luego avisaron a los concentrados en la Escandalera, que pusieron rumbo a La Madreña, y dos personas con la máscara de Guy Fawkes salieron a la terraza con una pancarta que decía: “Ocupación temporal”. Justo a tiempo para que los retratasen puño en alto los fotoperiodistas locales.

Foto: Pablo Lorenzana

“El dispositivo fue brillante”, se enorgullece Damián D., “entramos cuando teníamos que entrar, despistamos a la policía, lo supieron los medios en el mismo día y, también ese mismo día, tuvimos un electricista que nos puso la luz”. En los días siguientes, varias personas durmieron en el edificio por miedo a un desalojo expres, y cientos de ellas colaboraron en la limpieza y desescombro de La Madreña.

Tras un primer momento de “cierta inseguridad”, reconoce Damián, se empezó a dar la cara. “Queríamos una ocupación a cara descubierta, y no tenía sentido andar saliendo en los medios como un grupo terrorista”. Desde el principio, una parte del colectivo La Madreña quiso ser un espacio abierto y transversal que aspiraba a conseguir del ayuntamiento la cesión de la parcela y convertirse en el centro social del barrio. “Y a mí aquello, la verdad, me parecía muy idealista”, concede Xuan.

En los casi tres años de vida del centro social, desalojado en junio de 2014, convivieron y pugnaron dos tendencias contrarias, “que se manifestaban incluso dentro de una misma persona, como me pasaba a mí veces”. Ese choque de pulsiones “entre lo transversal y lo underground era insostenible”, dice Xuan, que sin embargo valora que “se pusiesen de acuerdo para construir algo. Y aguantar dos años y medio no estuvo mal”.

“No pensábamos que fuésemos a durar tanto ni que fuese a tener tanta popularidad”, admite Damián. Desde la primera actividad de La Madreña, un amaguestu con el cuentacuentos Milio del Nido, pasaron por allí miles de personas para asistir a eventos políticos y culturales de todo tipo. “Lo que descubrimos es que había un montón de gente en Oviedo con ganas de hacer cosas. Aquello permitió que la llama del 15-M en Oviedo se mantuviese más tiempo. Sobrevivimos porque la ocupación nos daba un motivo para seguir tirando del rollo”.

Después, Oviedo se echó de nuevo a dormir.

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