Y 2021 termina con reforma laboral

Yolanda Díaz, con su discurso florido y comunista, ha hecho de la reforma una sonata plácida y tranquila y eso ya es de agradecer en este crudo invierno.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Termina el año con los presupuestos generales aprobados y una reforma laboral definitivamente pactada en un preacuerdo entre la patronal y los sindicatos. La reforma laboral, a la que le hemos dedicado algunos comentarios, es el logro social más importante que se ha registrado en España desde que José Luis Rodríguez Zapatero inició el desmantelamiento de los derechos de los trabajadores, tras recibir la llamada de Davos

La reforma laboral viene a significar que la clase obrera está organizada y que sabe negociar para ganar en derechos. Nos tenían acostumbrados al “es lo que hay” que tanto dolor de cabeza ha dado últimamente a los culés. Y nosotros ya sabemos que con gente como Ronal Koeman no vamos a ninguna parte. De manera que se acabó el “es lo que hay” que dividía a los españoles como a los culés entre apocalípticos e integrados. Hasta hoy, querido y desocupado lector, nos venían con la cantinela de integrarnos en lo que había o de convertirnos en unos apocalípticos destinados a destruir la economía y establecer una dictadura del proletariado. Los apocalípticos, obviamente, eran ellos, o sea, los integrados, o sea, los integristas, o sea, los reaccionarios, a saber, los de siempre.

“La reforma laboral ha sido una reforma política”

La reforma laboral ha sido una reforma política. Va más allá de la temporalidad o la simplificación técnica de los contratos. Otorga a los trabajadores más poder en la negociación colectiva, le da a los convenios la fuerza jurídica que hasta ahora dejaban de tener en cuanto se extinguían. Tanto Yolanda Díaz como Pedro Sánchez han comprendido que la mejor manera de ganar elecciones en este país es creando derechos y gobernando para la mayoría. Al presidente de la patronal no le ha quedado más remedio que aceptar el documento porque sospechamos que su relación con el PP es más conflictiva que con los sindicatos y porque no quiere que le confundan con los apocalípticos, o sea, los dogmáticos, ni le dejen a la CEOE fuera del sistema. Menudo lío. Suponemos que Antonio Garamendi tendrá que bregar con los empresarios de este país y convencerles al estilo de Koeman: esto es lo que hay.

Yolanda Díaz, con su discurso florido y comunista, a los 100 años del nacimiento del PCE, ha hecho de la reforma una sonata plácida y tranquila y eso ya es de agradecer en este crudo invierno en el que unos cuantos nos hemos quedado sin cobrar el ERTE. Quiere decirse que con la precariedad laboral azotando cada día a más familias y el ruido de la derecha en las Cortes, el ambiente se oxigena con la aprobación de acuerdos que trascienden más allá de las estructuras del Estado y alcanzan al conjunto de la ciudadanía. Claro que el mérito no es solo de Yolanda Díaz. Ahí están las CCOO y la UGT, o sea, la clase obrera, o sea, el pueblo que todavía mantiene, sostiene y protege las columnas democráticas de la negociación colectiva. Los grandes empresarios de este país  creen que somos una plaga, pero usted sabe tan bien como yo que, con la reforma, lo que estamos haciendo es salvarles la vida.

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