Prefiero la Asturies de Rodrigo Cuevas que la España del rey Pelayo

Los chiringuitos mediáticos ultraderechistas de Federico Jiménez Losantos y Eduardo Inda califican al cantante y músico asturiano como "transformista supremacista asturiano"

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Paco Álvarez
Paco Álvarez
Periodista, escritor y traductor lliterariu d'italianu. Ye autor de les noveles "Lluvia d'agostu" (Hoja de Lata, 2016) y "Los xardinos de la lluna" (Trabe, 2020), coles que ganó en dos ocasiones el Premiu Xosefa Xovellanos.

Dieron un golpe de Estado manu militari, provocaron una guerra civil que dejó medio millón de muertos y las cunetas llenas de cadáveres sin identidad, ganaron esa guerra con el apoyo militar del régimen fascista de Benito Mussolini y del régimen nazi de Adolf Hitler. Después del último parte de guerra (“En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado”) únicamente llevaron la paz a los cementerios, aunque en ellos tampoco es que hubiera mucha paz, porque el trasiego de cadáveres de republicanas y republicanos asesinados fríamente se extendió hasta los años 50.

Impusieron a sangre y fuego su ideología y su discurso, y lo blindaron con una represión sistemática durante casi cuatro décadas: detenciones arbitrarias, palizas y torturas a militantes antifranquistas, a gais y lesbianas, penas de muerte y largas penas de prisión, trabajos forzados, madres a las que les robaron sus bebés (con la connivencia en muchos casos de la Iglesia católica, apostólica y romana), intelectuales e investigadores que tuvieron que exiliarse para no ser depurados, para no ser represaliadas… En los colegios se contaba la historia de Viriato, de Pelayo y de los Reyes Católicos, las mujeres no tenían derecho a abrir una cuenta bancaria o a abandonar el país sin permiso de su marido, los señoritos tenían las manos libres para esclavizar a sus jornaleros, a sus criadas o a sus obreros, la Policía Armada tenía carta blanca para tirar de porra, de pistola o de lo que hiciera falta… Todo estaba en orden en aquella España triunfal.

Pero a aquella España triunfal se le empezó a agrietar y a atragantar la gloriosa ‘cruzada nacional’ cuando Carrero Blanco, destinado a ser el heredero de un Franco que ya empezaba a oler a muerto, ascendió a los cielos (por concretar, ascendieron a los cielos él y su coche blindado). El que otorgaba herencia, el ‘general superlativo’, cascó apenas dos años después. Murió en la cama, inmerecidamente, porque los genocidas y criminales de guerra merecen morir como el general Jorge Videla, figura destacada de la junta militar fascista de Argentina y correligionario de Franco, que reventó a los 87 años en soledad y sentado sobre la taza del váter en una celda de una prisión bonaerense, cumpliendo condena por algunos de sus crímenes de lesa humanidad.

Después de la muerte de Francisco Franco vino la Transición, y ahí que cada quien saque sus conclusiones sobre si se hizo bien, mal o regular (yo creo que hubo aciertos y desaciertos por parte de la izquierda, que es el hemisferio político en el que nací, crecí, vivo y me moriré). En fin, hago una elipsis para llegar a los años recientes… Caímos en la trampa de pensar que la España fascista había quedado enterrada o que había quedado reducida a grupúsculos inconexos e inconsistentes. Pero aquella España fascista, vieja y renovada, empezó a engordar en el río revuelto que generó la incertidumbre de los nuevos tiempos, en ellos su discurso fácil encontró un caldo de cultivo idóneo. Fue nutriéndose a través de medios de comunicación financiados por grandes poderes financieros, esos poderes económicos apostaron por el caballo ganador entre las distintas siglas con las que la ultraderecha intentaba despuntar: Vox fue la marca ganadora del neofascismo. Después esos mismos mecenas empezaron a cebar a medios de comunicación ya existentes y también fueron metiendo pasta para que surgieran nuevos medios de comunicación audiovisuales y digitales que les compraran ese discurso, podrido pero perfumado…

A ese espectro mediático pertenecen El Toro TV (antigua Intereconomía), Libertad Digital y OkDiario, por citar tres de las cabeceras en las que la ultraderecha vuelca su basura ideológica. Anteayer mismo El Toro estaba emitiendo un debate, moderado por José Javier Esparza, en el que los contertulios (machirulos todos ellos, cómo no) alababan el heroísmo y la audacia de los soldados españoles de la División Azul en la batalla de Krasni Bor, en las afueras de Leningrado. Ninguno comentó siquiera que esa división estaba invadiendo un país, la Unión Soviética, ni que lo hacía a las órdenes de la Wehrmacht, el ejército del Tercer Reich que exterminó a seis millones de personas en campos de concentración. Ninguno de esos trajeados, ensortijados y seguramente bien perfumados contertulios comentó tampoco que durante su avance por la Unión Soviética las tropas alemanas y sus aliados, entre ellas la División Azul, asesinaron, violaron y rapiñaron sin freno alguno.

A ese espectro de medios fachas pertenecen también Libertad Digital y OkDiario, un par de chiringuitos mediáticos que se montaron los vividores Federico Jiménez Losantos y Eduardo Inda (tanto monta, monta tanto Isabel como Fernando, decían las vitolas del nacionalcatolicismo). Losantos es un tipo que en tiempos de Franco militaba en un grupo maoísta y que ahora se corre de gusto con el auge de Vox; ese bandazo ideológico bastaría para mandarlo a la mierda cada vez que opina sobre algo, pero el caso es que a este especimen le hacen la ola los cayetanos. Inda es un periodista formado en la universidad navarra del Opus Dei. La primera vez que oí hablar de él fue en un comentario que me hizo uno de los periodistas que lo sufrían como director de Marca, donde desembarcó como un pulpo en un garaje: “Es un chulillo y un prepotente”. Cuando el grupo editor de El Mundo se merendó el diario deportivo más leído, Inda acabó al frente de El Mundo, en el que ya había trabajado, primero en la redacción de Madrid y después en la edición de Baleares, donde apostó descaradamente por un tipo del PP llamado Jaume Matas, que acabó siendo procesado por una docena de delitos. Inda, que por supuesto no recuerda ese apoyo a Matas porque la memoria es frágil, acabó fundando un periódico digital llamado OkDiario (hay que ser hortera, snob o qué sé yo para ponerle ese nombre a un medio de comunicación en castellano) y LaSexta, que en teoría es un canal televisivo progresista, convirtió al chulillo prepotente en un fenómeno mediático.

Los chiringuitos, supuestamente periódisticos, de Federico Jiménez Losantos y de Eduardo Inda arremetieron esta semana con una fake news contra Rodrigo Cuevas, que es un músico y un cantante valiente y desafiante al que apreciamos mucho no solo en el país astur, sino en otras latitudes. “El Gobierno montó un show con un transformista de ultraizquierda en el pabellón ‘progre’ de Dubái”, dice el panfleto de Inda. “Así promociona el Gobierno a España en Dubai: un cabaret con un transformista supremacista asturiano”, dice el panfleto de Jiménez Losantos. Yo prefiero mil veces la Asturies de Rodrigo Cuevas que la España del rey Pelayo y de la División Azul.

En la España de Franco, esa que añoran con la boca pequeña los Jiménez Losantos, los Inda y la borregada que les ríe las gracias, Rodrigo Cuevas seguramente estaría en prisión o hubiera recibido una buena paliza a la salida del Teatro Pavón, como le pasó a Miguel de Molina, para señalarle el camino del exilio. Pero estos tiempos que vivimos no se los vamos a ceder al fascismo (político o mediático, da igual). De xuru que Rodrigo Cuevas nun necesita que naide salga na so defensa, porque él solu tien más arremangu y más dignidá que cualesquier fascista. Pero, si ficiera falta, que sepa Rodrigo qu’equí tamos el restu, defendendo la llibertá sexual, la llibertá ideolóxica, la llibertá llingüística y toles llibertaes que nos salgan del coñu.

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