“Si pensamos que únicamente nos han jodido en la vida, entonces, nos han ganado”

La escritora y periodista Itziar Ziga se adentra en su historia de maltrato familiar en su último libro: "La feliz y violenta vida de Maribel Ziga".

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Sara Combarros
Sara Combarros
Es psicóloga y activista social. Participa en el 8M y en la Asamblea Moza d´Asturies.

Itziar Ziga (Errenteria, 1974) es periodista, activista transfeminista y en sus palabras, una cuir perdida. Para muchas de nosotras, la madre de todas las perras y parias de género. Autora de “Devenir Perra” (Melusina, 2009), libro que ya forma parte de los clásicos contemporáneos del feminismo en castellano, “Sexual Herria” (Txalaparta, 2011), “Malditas. Una estirpe transfeminista” (Txalaparta, 2014). Este lunes estuvo en Uviéu invitada por Milenta Muyeres y el Conceyu de la Mocedá d´Uviéu presentando en L’Arcu la Vieya su último libro “La feliz y violenta vida de Maribel Ziga” (Melusina, 2020), una heterodoxa mirada a la historia de maltrato que vivió su madre por parte de su padre. Ziga Nos relata esta historia para “curar las heridas patriarcales de todas, que son las heridas del mundo” combatiendo estigmas y escapando de clichés, pero sobre todo: haciendo una defensa firme de la vida y de sus alegrías cotidianas.

Itziar Ziga visitó L’Arcu la Vieya, en Uviéu. Foto: David Aguilar Sánchez

La Feliz y violenta vida de Maribel Ziga es un libro que narra la historia de tu madre, Maribel Ziga, y la relación de maltrato que sufre por parte de tu padre. En él dices que nunca en tu vida escribir unas líneas te costó tanto, pero que lo hiciste porque se lo debías a todas las mujeres, a los hombres y a la humanidad que quiere pasar la página del patriarcado. ¿Este libro es un ejercicio de liberación y de sanación colectiva? 

Por supuesto. Piensa que yo cuando era niña sufría las palizas que mi padre le metía a mi madre, cosas que muchos hombres han hecho hacia las mujeres no porque se les ocurriese a ellos solos sino porque venimos de una cultura patriarcal, autoritaria y dominadora que ha convencido a muchos hombres para abusar de las mujeres y a las mujeres de quedarse en ese abuso. Cuando yo veía eso de pequeña decía: esto no puede ser así. Esto no va a ser mi vida. Sabía que no era la única casa donde pasaba, aunque nadie hablaba de eso por aquel entonces. Tengo 47 años, nací en el 74. La primera vez que mi madre intentó separarse fue en el 78 y no había divorcio en España ni en muchos otros países. No solo ocurría esto en un país que venía de una dictadura. Este libro se lo debo a la mujer que era mi madre, que no podía salir de esa situación. Al hombre que era mi padre para que los hombres no sigan siendo así, para que no haya tantos hombres que terminen destruyendo sus vidas y la de las mujeres que les rodean. Se lo debo a todo el mundo.  Nos lo debemos. Creo que estamos en un momento largamente fraguado entre todas en el que nos hemos mostrado alzadas con nuestras heridas patriarcales, que son las heridas del mundo. De pequeña sabía que no iba a ser esa. No pensaba si en mi vida iba a vivir más maltrato o no, porque luego claro que hay más maltrato en la vida. Te encuentras con más relaciones de maltrato. Pero sí sabía que teníamos que cambiar las casas, las relaciones humanas y que la vida no podía ser eso. 

“La primera vez que mi madre intentó separarse fue en el 78 y no había divorcio en España ni en muchos otros países”

En tus libros te has dedicado a combatir el estigma puta. En este lo haces sin duda contra el estigma de mujer maltratada. Dices que “el estigma puta te deforma en mala mujer, el estigma víctima te rebaja a mujer derrotada”. 

Es terrible esto. Silvia Federici lo explica muy bien en su maravilloso libro Caliban y la bruja. Cómo para dominarnos a nivel capitalista e imperialista, lo que hicieron fue partirnos en dos como sociedad. A la mitad de la población, nos mujerizaron y nos quitaron todo nuestro poder sexual y social. Todo para acabar con el pueblo y la comunidad. Quitarnos el poder sexual y social va unido a la fiscalización de la sexualidad de las mujeres, a quemarnos en hogueras, a llamarnos putas, obligarnos a casarnos heterosexualmente y a no tener una sexualidad libre y preciosa. También a obligar a los hombres a ser machos. Esto formó parte del proyecto en el que llevamos siglos. Luchar contra el estigma puta para mí es ser como me dé la puta gana ser, vestir como una mamarracha, follar con quien me dé la gana, follar con mis amigas, mostrarme sexualmente como quiera, llevar un escote que te cagas e ir pintada como una mamarracha a la edad que me dé la gana. Esto lo batallé siempre de tal manera que esto se convirtió en mi forma de vivir y en mi feminismo. La parte de víctima y maltratada la he vivido siempre, porque claro, si tu padre le pega palizas de muerte a tu madre desde que eres pequeña sabes lo que es la violencia machista. Sí que me ha resultado como muy resbaladizo afrontar esto. Me he dado cuenta cuando me he puesto a escribir este libro. Nos condenan a tener este tipo de relaciones, nos adoctrinan a nosotras en mantener el vínculo por encima de todo. Nos condenan a esta sociedad y luego, por otro lado, nos acusan de ser tontas, de ser sumisas, nos dicen por qué cojones aguantas. El sentido de mi libro aparece cuando mi madre se separa y con 14 años vuelvo a Iruña a vivir con su familia, que es una familia feminista, maja, gente muy guay, pero que reproduce las mismas mierdas patriarcales que hemos aprendido todas. Escuchaba todo el rato que mi padre Ramón tenía anulada a mi madre. Maribel está anulada, Maribel está anulada. Esto me revolvía entera. Yo entonces no podía defenderme, no podía defenderla a ella, no tenía explicación, pero sabía que no era así. No nos anulan. Está claro que nos cuesta salir de ahí, a veces incluso nos matan mientras intentamos salir de ahí. A veces nos pasamos la mayor parte de la vida en una relación de maltrato, lo que no es una vida perdida. Es una vida que tú estás viviendo, en la que también hay mil resistencias cotidianas, mil alegrías cotidianas. Este libro lo he escrito por cada una de las veces que escuché de adolescente que mi madre estaba anulada por mi padre. No nos anulan. 

Itziar Ziga en L´Arcu la Vieya. Foto: David Aguilar Sánchez

Justo con lo que comentas sobre las resistencias y alegrías cotidianas, en el libro afirmas que la alegría cotidiana que vivías con tu madre y con tu hermana fue vuestra verdadera supervivencia. Tu infancia es muchísimas otras cosas más que  la relación de maltrato, la vida de tu madre es muchísimas otras cosas más que la relación de maltrato.

De ahí viene el propio título del libro, La feliz y violenta vida de Maribel Ziga. Cuando denunciamos las opresiones históricas que de las que venimos, y no solamente hablo del patriarcado, también del capitalismo, imperialismo, del sistema de clases, la iglesia…es decir, de todo lo que nos ha jodido históricamente denunciamos todos estos sistemas de opresión y cómo nos han afectado. Pero, siempre en esta…paradoja, bueno, no voy a llamar a la vida paradoja porque no lo es, la vida es vida y conlleva muchísimas cosas. Creo que cuando nos centramos, y es lógico que nos centremos mucho, en lo que nos han jodido,  corremos el riesgo de olvidarnos de lo felices que pudimos ser.  Que la vida no es solo eso. Hay mil resistencias cotidianas. Si pensamos que únicamente nos han jodido en la vida, entonces nos han ganado. En mis libros siempre he hablado de mi vida y de la vida de mis amigas y de las vidas de tantas más mujeres y otras tantas parias de género que he conocido. Tengo mucho bagaje, como todas las que somos empáticas y sabemos de las vidas de la gente. Y siempre he querido resaltar que la vida no es solo opresión. La vida de mi madre estuvo llena de alegrías. Hace poco vi un documental sobre las niñas de Auschwitz que sobrevivieron. Lo que te cuentan aparte de lo terrible que fue su vida allí, es que hacían como carreras de piojos y otras muchas cosas y decían eso, que sus vidas no han sido solo opresión. Porque si no no estaríamos aquí y porque la vida merece la pena desde el día que naces hasta el día que mueres. Dentro de todo esto que estoy diciendo, quiero pararme en la imagen de la mujer con el ojo morado. La imagen triste de mujer maltratada de las películas, con el ojo morado, mira, no. Los maltratadores nunca han sido gilipollas, siempre buscaron la impunidad del patriarcado y nadie delinque o nadie agrede queriendo que le pillen. Saben perfectamente donde pegar y que no se note tanto. El ojo morado no. Aparte del ojo morado y el cuerpo magullado, en tu vida has encontrado  25.000 alegrías mientras consigues salir de ahí. Y esto es la vida, realmente. Y además de todo esto, luego existe un movimiento organizado, que es el feminismo. Una genealogía maravillosa, a la que yo me sumé desde que supe lo que era el feminismo. Yo soy feminista desde que salí del coño de mi madre. Como decía, el feminismo es una genealogía grandiosa, nunca fuimos cuatro gatas porque si no no habríamos conseguido ni el sufragio, ni el aborto, ni el divorcio, ni el matrimonio gay ni mil cosas. En los últimos años, somos cuarenta y mil millones, hemos conseguido mareas que estaban fraguándose en todo el mundo, porque a nadie le gusta estar oprimido. Movimientos políticos superpotentes, que se juntan y suman, por todas las mujeres que resistieron y que fueron transmitiendo unas a otras a sus hijas, incluso dentro del maltrato. Tengo testimonios de colegas míos de Las Azores  que me contaban que cuando había una vecina maltratada, el resto de vecinas se juntaban en su casa, iban todas a ayudarla y a advertir al marido. Todo esto forma parte de nuestra historia. Las resistencias de nuestras madres, de nuestras abuelas y su alegría forman parte de nuestra historia. Mi amona decía: no te fíes de un hombre aunque lo vieras llorar, que con lágrimas te dice vaya palo te va a dar. Esto nos lo contaba a mi hermana y a mí. ¿De dónde vendría eso?, una mujer que nació en el 1910. Esto es maravilloso. Nos hemos ido transmitiendo nuestra historia y nunca nos ha gustado estar jodidas. Jodidas sí, de folladas cuando nos dé la gana, pero no maltratadas. 

Itziar Ziga, en un momento de la entrevista. Foto: David Aguilar Sánchez

El libro es una defensa firme de la agencia de las mujeres. 

Vuelvo a Caliban y la bruja. Este libro reescribe la historia de Europa. Mira que Europa  está estudiada y hasta que las feministas no nos pusimos a preguntarnos qué coño pasó con la caza de brujas, qué fue eso, cómo nos robaron la comunidad creando estados autoritarios y cómo robaron el poder social a las mujeres no se estudió sobre esto. Con la caza de brujas intentaron destruirnos, no lo consiguieron del todo, pero se esforzaron mucho y fue muy doloroso. La delación femenina de unas a otras era la mejor manera de liberarte de ser acusada de bruja. Esto lo traigo para denunciar de alguna forma que llevan intentando convencernos de que la mujer es una zorra para la mujer desde hace miles de años. A pesar de esto, conseguimos siempre mantener una cierta hermandad, un cierto apoyo entre nosotras. Nos han intentado convencer de que somos malas entre nosotras, claro que nos han intentado instigar mil veces a pelear entre nosotras para conseguir las migajas del patriarcado. Pero esta es la versión de los poderosos y nosotras no nos la hemos creído. 

“Las vecinas no podían hacer nada más que sonreír a mi madre de vez en cuando”

Yo pienso mucho en mi infancia y en la hermandad entre vecinas. Ahora una mujer se pone a gritar en una casa como hacía mi madre y llega la unidad de violencia de género de policía local a la casa. Esto no significa que hayamos acabado con la violencia ni mucho menos. Pero hoy mi padre no pegaría las palizas que le pegaba a mi madre porque hubiera aparecido la policía enseguida. Yo pienso mucho en nuestras vecinas de por aquel entonces. Se lo decía a mi aima alguna vez: imagínate escuchar los gritos que escuchaban ellas. Los gritos de la vecina, de sus hijas, escuchar las hostias del padre. Entonces, las vecinas no podían hacer nada más que sonreír a mi madre de vez en cuando. Por no humillarla no le decían nada. No teníamos recursos tampoco para actuar. Sin embargo, ya había un movimiento feminista que se estaba formando y todo esto ha implosionado en algo grandioso. El maltrato es algo colectivo y de ello salimos colectivamente. El feminismo es un movimiento que no solo quiere mejorar y salvar la humanidad, también quiere salvar el puto planeta. Lo que no tengo muy claro es si a estas alturas vamos a conseguir nosotras acabar antes con el patriarcado o todos estos malignos machos viejos con muchísimo poder con el planeta. 

En el libro también nos hablas mucho sobre tu padre y de tu relación con él. Nos cuentas que después de una paliza a tu madre, tras comprobar que ésta se encontraba bien fuiste a visitarlo a su cueva. Estuvisteis charlando sobre muchas cosas y  afirmas que  “el puente que levanté aquella tarde para aventurarme al otro lado anticipó el lugar no traumatizado que me he hecho a mi misma en el mundo”. Tenías 9 o 10 años. Al igual que tu madre no fue únicamente una mujer maltratada, tu padre no fue únicamente un hombre maltratador. ¿Qué proceso personal atraviesas para conseguir habitar la relación con tu padre desde este lugar?

Me encanta que me saques este momento del libro y de mi vida. A mí muchas veces mucha gente me ha preguntado si odio o quiero a mi padre. Nunca le he odiado. Tuve mucha rabia dentro, pero nunca le he odiado. El maltrato machista de pareja se da dentro del vínculo, esto lo hace terrible y también lo hace intestino. Yo me alegro mucho de haber traspasado esa puerta en ese momento que mencionas en tu pregunta. Lo hubiera hecho de cualquier forma porque yo veía su dolor también. Con este libro quería compartir con todas nuestras heridas patriarcales para preguntarnos qué hacemos con ellas. Afloremos esto, respiremos hondo y tiremos hacia delante. Con este libro saqué a mi padre de la cueva, de esa habitación en la que estaba atrapado, que también es la masculinidad más chunga. Relacionado también con su propio fracaso como hombre y como ser humano. Aislado, con una crisis económica permanente y frustrado. Es un libro sobre la historia de mi amatxo y es también un libro de amor a mi padre. Mi padre fue un hombre que en otro contexto habría sido un tío diferente. También tenía puntos luminosos. Aita te perdono, te perdonamos. Hay un texto que sacó hace poco Clara Serra que me encanta, un texto que dice: el feminismo es para todo el mundo. Es precioso y esto es lo que reivindico. 

Foto: David Aguilar Sánchez.

En un párrafo del libro dices lo siguiente: apuesto que a mi padre le hubiera encantado volver a este mundo y no dañar a las mujeres a las que quería, y ser mil veces más feliz de lo que fue. Lloré mucho cuando murió, lloré amargamente su soledad, y su fracaso. Por él también lucho para derrocar el patriarcado: no quiero que siga fabricando hombres que son abismos ni mujeres que se abisman por quererlos. Estas líneas nos dejan ver, por un lado, tu mirada no punitiva hacia la violencia machista y por otro, que la masculinidad es también una tarea feminista. 

Rescato el texto de Clara Serra de nuevo sobre los hombres que me pareció precioso y clarividente como ella. Yo no soy antihombres, ¿cómo voy a ser antihombres?. Las primeras que hemos cuestionado las categorías mujer y hombre somos las feministas. Y sobre todo yo, que soy cuir perdida. Tenemos las respuestas para ellos. Tengo 47 años y desde los 18 estoy en el feminismo. No puedo seguir escuchando desde entonces: los tíos no hacen nada. Claro que hacen muchas cosas. Primero, no existe la figura “los tíos”, existen muchos hombres distintos, que no son hombres todos. Tampoco nosotras somos mujeres todas. Para “los tíos” el feminismo tiene las claves. Para las que venimos de violencia machista,  una violencia sistémica con consecuencias personales en tu vida, pero que viene como digo de un sistema, que hace que haya algo común para todas y todos, la terapia tiene que ser, por tanto, una terapia feminista. Pues el feminismo también tiene que ayudar a los tíos a dejar de ser machos. ¿Cuáles son tus pozos?, ¿cuáles son tus oscuridades?, ¿cómo te ha construido esta mierda de mundo para que te sientas tan increíblemente solo y consideres que las mujeres son tu propiedad porque sin ellas no eres nada?. Ellos sin las mujeres no son nada, no tienen amigos, no tienen vínculos. El feminismo tiene que acogerlos, porque tiene la explicación de lo que les ocurre. Porque además queremos volver a crear esa comunidad que se rompió, también con ellos. 

Llevas pensando en la sexualidad y en la libertad sexual muchos años. Más allá de la Ley orgánica de garantía integral de la libertad sexual del Ministerio de Igualdad, ¿cómo analizas el contexto feminista por el cual se están debatiendo y disputando las libertades sexuales?

Con este tema no tengo respuestas. Tengo algunas ideas, pero no respuestas. Hay sentires superfuertes colectivos que se van fraguando y de repente implosionan. En el Estado Español esto ocurrió con el tema de La Manada y fue increíble. Además, yo soy de Iruña. Fuera, en las plazas gritábamos todas tanto que se escuchaba hasta dentro de la sala de los jueces. Era evidente, no fue un abuso, fue una violación. Con esto, también considero que la cárcel no es el sistema ni la solución. Tengo muchos amigos en la cárcel y cada vez son cárceles más llenas de hombres maltratadores y agresores. Yo como anarquista considero que la cárcel no es la solución y tenemos que repensar mucho sobre esto. Quiero recalcar, que no estoy diciendo que la una solución sea tan fácil como que no tenga que haber condenas para esto. 

Foto: David Aguilar Sánchez

Estamos en un momento de mucho movimiento en el que considero que hay que redefinir el consentimiento. Hasta ahora hemos tenido que demostrar nosotras todo el rato que nos resistimos. Me llegaron a contar en México, donde el nivel de impunidad de los feminicidios es enorme, que una razón que usaban para absolver a los agresores era que la mujer había lubricado. Lo primero, ¿cómo se demuestra eso en una violación?. Lo segundo, es un mecanismo de nuestro cuerpo para que nos hagan el menor daño posible. Me contaba antes una amiga de Asturies que un día iba con los paisanos en el tractor y  de repente se le salió una teta. Ella no se había dado cuenta, pero los paisanos empezaron a tratarla de forma diferente. Todas hemos aprendido desde muy pequeñitas a manejarnos en este mundo. A culpabilizar nuestro cuerpo, nuestra sexualidad, nuestras curvas, nuestras actitudes. Entonces, dentro de todo esto, el consentimiento es algo que vamos aprendiendo como podemos. ¿Quién no ha tenido que negociar?,  incluso negociar para que le hagan lo mínimo, intentando lo primero que no le maten. A nivel punitivo me asustan muchas cosas, no quiero que esto sea una máquina para que nos utilice la derecha. La derecha solo utiliza la violencia contra las mujeres cuando puede meter a más tíos en la cárcel. Pero como decía al principio, no tengo respuestas y me estoy replanteando muchas cosas. 

En unos días vuelve a ser 8 de marzo. 

¡Qué maravilla! Después de dos años pandémicos. Yo tengo una hermana que tiene la misma enfermedad que mató a mi madre, una enfermedad respiratoria. Entonces la pandemia para mí ha sido muy dura. El otro día estaba pensando en mi casa que iba a volver a Asturies, a Galicia, a reencontrarme con mis amigas y se me saltaban las lágrimas. 

‘La feliz y violenta vida de Maribel Ziga’, de Itziar Ziga. Foto: David Aguilar Sánchez

Volver a encontrarnos en las calles es una pasada. Acaban de legalizar el aborto en Colombia. Tenemos cantidad de retos en todo el mundo y estamos fortísimas. Empecé trabajando en un periódico de mujeres en papel a principios de los 2000, había llegado internet, pero algunas no lo conocíamos. En mi carrera como periodista he aprendido una cosa. Aprendí que en cualquier trocito de tierra del mundo si hay gente, hay feminismo y que si hay patriarcado -que en todas partes hay- hay movimientos de mujeres. Estamos en un momento de alianzas, de conexiones, de amplitud. El antirracismo está metido a saco porque la interseccionalidad es nuestra forma de formular las cosas y las más oprimidas son las que siempre han empezado todas las revoluciones. Este 8M va a ser un subidón impresionante otra vez aquí y en todo el mundo, acordándonos también de lo terrible que es el mundo, como nos recuerda la invasión en Ucrania. No es que quiera ser optimista porque soy gilipollas y no me entero de nada, pero tenemos una fuerza juntas que es impresionante y estamos viviendo algo histórico a nivel mundial. 

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