La consulta psicológica de Aitor Esteban

El portavoz del PNV ha salvado al parlamentarismo español de ahogarse definitivamente en la ciénaga política de la mediocridad.

Recomendados

Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

Hay diputados que han convertido el Congreso en un patio de vecinos, en un Callejón del Gato donde se practica el matonismo. Esconden el cóctel molotov bajo el asiento del escaño, esperando a que en algún momento la cosa reviente y estrellarlo contra la cabeza de un ujier. Después está Aitor Esteban, que es jurista, que es de Deusto y portavoz del PNV y que, sobre todo, ha salvado al parlamentarismo español de ahogarse definitivamente en la ciénaga política de la mediocridad. Su mera presencia pone en tela de juicio la encarnadura de la nueva política: «Son jóvenes, quieren el poder y lo quieren ya». Tiene razón el prócer, que siempre ha hecho alarde de un carácter pragmático y conciliador. Ha visto pasar por delante de sus ojos los cadáveres políticos de Pablo Iglesias, Pablo Casado y Albert Ribera. La nueva política es tan fluctuante como esquizofrénica.

El viernes estuvo en Gijon, invitado por la Cultural Gijonesa, para hablar de las estructuras y las desestructuras territoriales del Estado. Pero el personal tenía más ganas de ir al psicólogo y de que Esteban les confirmase el sindiós en que se ha convertido la política española. Preguntas, preguntas, y más preguntas. Podía haber empezado por la política exterior, la crisis económica, la guerra de Ucrania, pero atacó por el titulo VIII de la Constitución, que está más obsoleto que el ropero de una viuda, incapaz de lograr un equilibrio entre el afán financiero de las comunidades autónomas y la inercia recentralizadora del gobierno que legisla a golpe de decreto. Lo observa todo desde el burladero. «Como entenderá, nosotros gestionamos nuestros propios tributos. En eso no tenemos nada que ver con el resto del Estado», afirma cuando se le pregunta por la conferencia de financiación autonómica, así que omite cualquier opinión, cobijado bajo el paraguas de la disposición adicional 1ª de la constitución.

El futuro ya no es lo que era. Los redactores de la CE no lograron definir los afanes autonomistas de la primera ola constitucional, ni llegaron nunca a contemplar los deseos soberanistas de la segunda en el País Vasco o la rabia política independentista de la tercera. Tampoco supieron ver el papel de las comunidades autónomas en tiempos pandémicos, ni qué función podía desempeñar un Estado autonomista con veleidades federales que pretendió el café para todos primero y la diferenciación entre autonomías después y que ahora ha visto cómo se entregaba a un modelo centralista con una pandemia delante.

“El personal tenía más ganas de ir al psicólogo y de que Esteban les confirmase el sindiós en que se ha convertido la política española”

El Titulo VIII de la CE es una momia qué difícilmente justifica la política territorial del Estado. El mundo sigue. Los avatares de la ciencia, la tecnología, la economía y la política global no tienen respuesta en la visión autonomista de la norma suprema del Estado. Afirma Esteban que el TC ha venido dando carta de naturaleza a la recentralización de las competencias que van surgiendo y a las nuevas necesidades. Todo para el Estado. Dice el diputado que la mayoría de asuntos se resuelven en conferencias sectoriales interterritoriales que minan las competencias de las CCAA. Por eso reivindica la bilateralidad en las relaciones políticas entre gobiernos regionales y Pedro Sánchez y una negociación de los miembros del TC sin pretensiones partidistas, inspirada en el prestigio intelectual y profesional que desfallece cada día: «Las sentencias del TC son un desbarajuste. Curiosamente, los votos particulares suelen estar mejor armados» reconoció ante un público donde estaban presentes Juan Chaves y Daniel Ripa por Podemos y Adrián Pumares o Jesús Martinez Salvador por Foro. En junio volverá la guerra del alto tribunal y volverá a ser una timba donde cada partido presentará sus naipes. Los jueces, como los obispos y son los santones del imaginario español. Siguen siendo intocables e indivisibles. Y sobre todo, en el TC están muy lejos de ser imparciales.

Ovidio Rozada, de la Cultural Gijonesa, y Aitor Esteban, en un momento del acto. Foto: Nortes.

Aitor Esteban cree que la izquierda del gobierno no ha entendido que sus carteras forman parte de las competencias de los territorios. Apunta a Yolanda Díaz y a Ione Belarra con su bilateralidad: «no es con el Parlamento con quienes tienen que negociar la ley de vivienda». No le falta razón. Es con el Lehendakari, con el President, con Barbón o Núñez Feijóo en Galicia, que tienen las competencias, por muy razonables que sean sus pretensiones legislativas.

Todo el parlamentarismo de Cánovas y Sagasta se destila en el pragmatismo político de Aitor Esteban que ha roto su apoyo al gobierno de Pedro Sánchez. En Esteban no hay aventuras políticas, solo razón de Estado, el sentido cínico de que la fiesta no va con ellos en los salones de un Congreso, convertido en un gimnasio al que se va sacar músculo antes que leyes.

Actualidad

2 COMENTARIOS

Responder a Antonio Cancelar respuesta

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí