Aquí me quedo a vivir

Pregón de Belén Suárez Prieto dando inicio a las fiestas del Oviedo Antiguo organizadas por la Asociación Vecinal Oviedo Redondo.

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Belén Suárez Prieto
Belén Suárez Prieto
Correctora de textos de profesión. Vivo en El Tiempo Delicuescente.

Llevo viviendo en el Oviedo Antiguo, más o menos, la mitad de mi vida. Cuando empecé a fantasear con la idea de la independencia, de tener mi propia casa, siempre supe que sería en el Antiguo. Soy de Oviedo y nunca salí de aquí, no he vivido en ningún otro lugar. Nací aquí, aquí estudié y aquí comencé a trabajar. Aquí crie a mi hija. Y aquí sigo. Y quise venir a vivir a este barrio, no a ningún otro lugar. Barrio que ya conocía, pues Oviedo es una ciudad pequeña y es fácil llegar aquí; porque aquí estaba la biblioteca infantil, en la calle de San Vicente; porque aquí pasamos, jóvenes, las noches de copas; porque también estudié aquí, otra vez en la calle de San Vicente, en la entonces Facultad de Filología, al amparo del padre Feijoo.

Llevo viviendo en el Oviedo Antiguo la mitad de mi vida. Primero, en la calle del Paraíso; después, y aun hoy, en la calle del Postigo Alto, en una casa en la que he construido un hogar del que espero no irme nunca. Siempre extramuros, pero siempre pegada a la muralla, con la compañía de las sacaveras, que salen a observar el mundo cuando llueve.

Adoro este lugar, este pequeño lugar del mundo, tan bonito y tan feo como cualquier lugar del mundo, bonito y feo. Adoro sus virtudes, procuro ser comprensiva con sus defectos y trato de entenderlo.

“Adoro este lugar, este pequeño lugar del mundo, tan bonito y tan feo como cualquier lugar del mundo, bonito y feo”

El Oviedo Antiguo es mi hogar. Me ha dado mucho más de lo que yo pueda devolverle nunca. El Oviedo Antiguo es un barrio doméstico, entrañable, cariñoso, trabajador, solidario. Y es así porque así lo construyen cada día mis vecinas y mis vecinos. Y vecinas y vecinos del barrio somos quienes aquí vivimos y quienes aquí trabajan, cada día. Vecinas y vecinos del barrio son quienes vienen a comer a la Cocina Económica a diario o a recoger la comida para llevársela; son quienes viven en la casa de Proyecto Hombre, y salen a pasear cada tarde y yo los veo y pienso: «Ahí van los chicos de Tati».

Porque en el Oviedo Antiguo hay sitio para todo aquel y para toda aquella que lo necesite. A las puertas de la Cocina Económica conocí a Chet Baker.

Azoteas del Oviedo Antiguo. Foto: Alisa Guerrero.

Formo parte, siempre desde el Oviedo Antiguo, de iniciativas en que tratamos de acoger a quienes están en dificultades, en dificultades materiales, sociales, personales. Gracias a esto, tengo el privilegio de tener unas amigas queridas, que cuido y que me cuidan y me hacen pan. Ellas han llegado a la ciudad desde otros países, peleando, a cada paso, por la vida, por la suya y por la de sus criaturas. Pienso en ellas, en lo duro de migrar, en lo doloroso de estar lejos de tu tierra. Y lo pienso cuando atravieso el Tránsito de Santa Bárbara porque el Tránsito de Santa Bárbara es mi lugar favorito del mundo y, cuando lo recorro, imagino la tristeza de tener que irme de aquí y dejar de pasear por este lugar. Quizá no volver a verlo nunca. Imagino el desarraigo, el extrañamiento, la nostalgia. Y no lo quiero imaginar más.

El Oviedo Antiguo me acogió con los brazos abiertos cuando tuve crisis personales, nunca me dejó caer. Nunca me lo permitió, siempre estuvo y está ahí. Cómo no le voy a deber tanto. Aquí, en el vecindario, hice a mejores amigos y a mejores amigas, están Yoli Cedrón, Nacho Bujanda, Iván Martínez, Pancho Casona, Manolo Almeida (nuestro presidente) e Isa Méndez, Ana Bermejo, Diego Díaz, Pablo Moro, Luis Salgado, Carlos Pinto y Juncal Velasco, Jorge Menéndez e Inés Rodríguez, Eva Güimil, Idoya Rey… Están tantas camareras de El Boca, tan jóvenes y siempre tan comprensivas conmigo. Tan luminosas.

Una noche, entré en El Boca, cuando ya estaba cerrado, porque había olvidado algo. Vane barría y escuchaba a Bob Dylan y supe que eso era también hogar. Ahora Vane ya no está porque aquí pasa todo lo que pasa en la vida.

Martillo de Santa Ana. Foto: Alisa Guerrero.

Pienso en el barrio y que, en ocasiones, se comenta que solo hay grafitis y botellones, que no hay negocios que no sean de hostelería (benditos bares, en su imprescindible labor de refugio). Entonces, pienso en el mercado del Fontán; en Fina, en la calle de Mon, con más de 90 años, en la tienda de ultramarinos de Sabiniano Clemente; en Lisis, enfrente del mercado, en Peineta, donde vende horquillas y pañuelos; en Ana, en la Papelería San Antonio, donde atiende a los estudiantes del Conservatorio y a los sacerdotes y el personal del Arzobispado; en Isra e Inés, desde su zoco de Deciversa; en las hermanas Solís, Sandra y Vanessa, que continúan con el negocio familiar de El Antiguo Iriarte; en La Masera de Vetusta, donde Fidel, Tina, Claudia nos ayudan tanto, con tanta complicidad, con tanto cariño, con tanta generosidad, en nuestras iniciativas solidarias…

Quiero que, de una vez por todas, se regule la música en directo en los bares de mi barrio, que puede convivir con la buena vecindad. Quiero que, en el solar de Santa Ana, haya una plaza con bancos, que continúe los bancos de la Corrada del Obispo, para que quienes salen con la bolsa del menú de la Cocina Económica que las hermanas les dan puedan sentarse a comer. Quiero que se descontaminen los terrenos de la Fábrica de Gas y allí haya lugares para ofrecer a quienes quieran venir a trabajar al barrio y puedan poner sus pequeñas oficinas, estudios y gabinetes; y lugares donde nos podamos reunir las iniciativas ciudadanas que trabajamos desde aquí. Y pequeños locales de ensayo, estudios para pintar y para grabar discos.

Plaza de la Catedral de Oviedo. Foto: Alisa Guerrero

Quiero dar las gracias a la directiva de la Asociación Vecinal del Oviedo Redondo, mi asociación, por haberme propuesto como pregonera. Me habéis hecho muy feliz.

Quiero dar las gracias a quienes habéis venido a escucharme.

Quiero invitar al concejo a disfrutar de nuestras fiestas, con intención de diversión y de bondad.

Viva el Oviedo Antiguo. Puxa l’Uviéu Redondu.

Tengo que acabar, necesariamente, con las canciones, porque hacemos lo que ellas dicen y cuentan lo que somos.

Una, en asturiano, escrita por Ígor Medio, la hermosísima «Los fayeos de mayo»:

«Tresportándome al llugar onde ñaguo por volver, ente los montes del sur, onde vuela’l sitiu míu, onde too tien sentíu, onde soi quien quiero ser».

Otra, en castellano, bellísima igualmente, escrita por Alberto García, vecino también, «Hilos de luz»:

«Hoy cambio cadenas de hielo por lluvia de lazos. Creo que ya soy de aquí y aquí me quedo a vivir: ya soy del aire que voy respirando».

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