“Cuanta más creación hay, más movimiento de fe y esperanza existe”

Andrea Jiménez cierra el domingo con "Cómo hemos llegado hasta aquí" la VII edición del Festival LGTBI del Centro Niemeyer.

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Mari Luz Rodríguez
Mari Luz Rodríguez
Periodista y filóloga.

Andrea Jiménez (Madrid, 1987) es licenciada en Derecho, posgraduada en Artes Escénicas, autora, actriz, productora y codirectora artística de la compañía “Teatro En Vilo”. En su trayectoria se encuentran obras como “Interrupted”, ganadora del Talent Madrid 2013 y del Best Company Mimetic Festival 2013 o “Locos de amor”, proyecto becado por la convocatoria Art for Change. También recibió el premio Ojo Crítico de Teatro de RNE en 2019 “por su apuesta por nuevos lenguajes artísticos y su valentía”, en palabras del jurado. “Cómo hemos llegado hasta aquí” clausura el Festival LGTBI del centro Niemeyer con una obra subversiva que provoca debate político y social.

¿Qué supone para ti que se haya escogido esta obra como clausura de la VII edición del Festival LGTBI del Centro Niemeyer?

Es un absoluto honor y una gran alegría porque hay muy pocos espacios en los que se ponga por delante la creación artística LGTBI. También me parece especialmente interesante porque aunque la temática del espectáculo no es solo LGTBI, muchas veces la identidad lésbica no es la más representada en este colectivo, por ello me parece maravilloso que sea una protagonista lesbiana de la Generación X la que clausure el Festival.

¿Cómo surge la idea de esta obra de teatro a medio camino entre el talk show y la autoficción?

Nerea Pérez de las Heras es un poco la catalizadora del proyecto que nos ha puesto en contacto a las tres. Olga Iglesias hacía muchísimos años que quería hablar y llevar al escenario su experiencia vital. Yo había trabajado con Nerea asesorándola en la obra Feminismo para torpes y fue ella la que conjuró un encuentro en Soria en el que muy libremente exploramos como aunar esta visión tan sagaz y política de Nerea, con la historia de Olga y el lenguaje de mi compañía de “Teatro En Vilo” y de ahí nació el germen del proyecto.

Un momento de la obra.

¿Qué se van a encontrar los espectadores que acudan a la representación?

Muchísima comedia, es una obra para partirse de risa literalmente. Las dos actrices en escena son unas genias de la inteligencia cómica y por otro lado, es también una profunda reflexión sobre cómo las historias personales se ven atravesadas por algo mucho más grande, en este caso, las figuras de autoridad que van desde el trabajo, la familia o las ideas de normalidad. De alguna manera, la obra es como una reflexión cómica y también emotiva sobre el tiempo que vivimos y el sistema capitalista y cómo nos atraviesa en nuestra historia personal.

La puesta en escena adquiere un peso fundamental en este proyecto al presentarlo como un show televisivo y como foro de debate y reflexión. ¿Por qué esa combinación? ¿Qué buscas?

Cuando encontré el formato talk show por un lado aunaba muy fuertemente la presencia de Nerea Pérez de las Heras que es una mujer icono, ya que ella en la vida real es periodista, influencer, activista y me parecía importante que ella fuera la host (anfitriona) de este gran entertainment. También porque los talk show son lugares donde se sobreexplota la intimidad, se habla desde el morbo y tienen como única finalidad el entretenimiento. De alguna manera, me pareció que la contradicción entre los dos formatos y el deseo profundo de la obra, que es reflexivo, político y que tiene la voluntad de contar una historia con mucho amor, iba a potenciar la historia.

¿Cuáles han sido los mayores retos a los que te tuviste que enfrentar tanto profesional como personalmente al dirigir esta obra?

Lo que al principio parecía un reto, luego no lo fue. Olga era la primera vez que se subía de forma profesional a un escenario, pero acabó siendo un privilegio y luego una de las cuestiones más fuertes que me han llevado a preguntarme en el proceso es, qué hace que una historia merezca ser contada. También hemos reflexionado mucho sobre el lugar de la víctima a la hora de contar una historia, cómo colocar el dolor humano, dónde ponerlo a la hora de contar la historia. Si el dolor está en el centro de la historia, quien la cuenta es colocada en el lugar de víctima y cómo contar una historia sin victimizar, pero sabiendo apuntar al dolor para reflexionar sobre la responsabilidad a nivel social de porqué generamos ese dolor. Todo esto hacerlo desde un lugar de diálogo con el público y no de enfrentamiento. Es farragoso esto del lugar de la víctima y del dolor…, ha sido una de las preguntas que nos hemos hecho bastante en el espectáculo: Quién es víctima y por qué y cómo mirar a los responsables para poder buscar la manera de al final cambiar el mundo a mejor, tomando cada parte la responsabilidad sobre el dolor ajeno.

¿Cómo ves el panorama teatral actual, cómo está de salud en términos de autores nuevos y respuesta del público?

Yo creo que está boyante. En la pospandemia ha habido una explosión creativa necesaria y desde luego que cuanta más creación hay, más movimiento de fe y esperanza existe. Si los artistas se ponen manos a la obra y tienen necesidad de hablar, es tanto por una voluntad de exorcizar el daño como para buscar lugares de celebrar la vida, ¿no? Creo que solo puede ser buena noticia esta explosión pospandémica.

La comedia tiene unos códigos diferentes a otros géneros teatrales, ¿qué te resulta más fácil hacer reír o llorar?

Yo siempre creo que la risa está al servicio de la emoción y no solo, pero para mí son ambos igual de importantes y de alguna manera de dependientes. El tipo de humor que a mí me interesa tiene que ver con reírse con y del fracaso y con la fragilidad del ser humano, de exponer esa vulnerabilidad y esa misma es la que nos conmueve cuando nos emocionamos y lloramos. Es mirar a lo mismo desde lugares distintos y considero que la obra también toca esa emoción, que no es solo la de la comedia.

Tu último proyecto “Blast Instrucciones” sigue la estela de las reflexiones vertidas en la obra que nos ocupa.  ¿Qué nos puedes contar sobre él?

Efectivamente, en Cómo hemos llegado hasta aquí, Nerea está en la absoluta misión de que la historia de Olga sirva para cambiar algo, para ir hacia la empatía, para ver más a los demás, para que algo cambie en el mundo. Creo que Blast Instrucciones es una obra en la que yo, junto con Noemí Rodríguez, hemos invitado a siete jóvenes de muy distintas identidades y que combina personas racializadas con disidentes de género, con ecologistas… Es también un canto a la escucha y a la empatía. En ese sentido es donde sigue la estela de Cómo hemos llegado hasta aquí, de traer a escena lo que no se representa, lo que no se ve y lo que muchas veces nos cuesta escuchar y hacer que el teatro sirva de puente para facilitar esa escucha que muchas veces es difícil, solo desde la conversación.

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