Memoria de las gentes que plantaron cara a Cosa Nostra

Se cumplen treinta años de la muerte de los jueces antimafia Giovanni Falcone y Paolo Borsellino, asesinados por Cosa Nostra, aunque no fueron los únicos

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Paco Álvarez
Paco Álvarez
Periodista, escritor y traductor lliterariu d'italianu. Ye autor de les noveles "Lluvia d'agostu" (Hoja de Lata, 2016) y "Los xardinos de la lluna" (Trabe, 2020), coles que ganó en dos ocasiones el Premiu Xosefa Xovellanos.

Faltan cinco minutos para las seis de la tarde. El juez Giovanni Falcone acaba de aterrizar en Sicilia en un vuelo procedente de Roma, está cansado y le apetece conducir para distraerse en el trayecto de vuelta a su casa, así que les pide a sus escoltas que le dejen ponerse al volante. A la altura del kilómetro seis de la autovía de Capaci hay media tonelada de explosivos esperando en el arcén el paso del cortejo de vehículos en el que va, a velocidad necesariamente elevada, el juez más temido y más odiado por Cosa Nostra. La explosión provoca un socavón volcánico que devasta la autovía entre el aeropuerto de Palermo y la capital siciliana.

Giovanni Falcone es el juez que ha estado rastreando las huellas del dinero generado con el crimen, el narcotráfico y la extorsión por Cosa Nostra, la organización criminal que ha abrazado con sus tentáculos a políticos, empresarios y altos funcionarios del Estado italiano. Falcone es el magistrado que ha sentado en el banquillo a casi medio millar de mafiosos durante el macrojuicio celebrado en una sala bunkerizada de Palermo. Falcone es el juez que ha vivido durante años bajo constantes amenazas de muerte, con escolta las 24 horas del día. Es el juez que ha sobrevivido a no se sabe cuántos atentados fallidos y que ha visto caer en la lucha contra la mafia a gente cercana. Es el juez que sabe que él es el próximo objetivo. El atentado definitivo, en la autovía de Capaci, acaba con su vida, con la vida de su mujer, Francesca Morvillo, magistrada también, y con las vidas de tres policías de su escolta: Rocco Di Cillo, Vito Schifani y Antonio Montinaro.

Dos meses después, Cosa Nostra va a por Paolo Borsellino, amigo de la infancia de Falcone y juez antimafia como él; están unidos en su cruzada contra Cosa Nostra, ambos posan sonrientes para una foto que pasará a la historia como una imagen en la que, al menos por un instante, sus sonrisas son más poderosas que todas las balas de la mafia. Borsellino muere con cinco de sus seis escoltas al explotar un coche-bomba cuando va a visitar a su madre en Palermo. Falcone y Borsellino tenían el presagio, por no decir el convencimiento, de que su final se hallaba cerca. Borsellino había confesado en una entrevista, días antes de su asesinato, que aunque se sentía condenado a muerte seguía creyendo «en el trabajo que hago. Sé que es necesario que lo haga y que lo hagan otros muchos junto a mí. Tenemos el deber moral de continuar haciéndolo sin dejarnos condicionar por la sensación o por la certeza de que nos puede costar caro».

“Falcone y Borsellino tenían el presagio, por no decir el convencimiento, de que su final se hallaba cerca”

Una semana después de la muerte del juez Borsellino, Rita Atria se suicida arrojándose desde un sétimo piso en el edificio de Roma donde vive bajo protección policial. La joven de dieciocho años, sin ningún delito a sus espaldas, había comenzado a colaborar con Borsellino facilitando información sobre la familia mafiosa a la que pertenecían su padre y su hermano, que habían sido asesinados. Rita deja escrito en su diario que «quizás nunca exista un mundo honesto, pero quién nos puede impedir soñar con él. Si cada uno de nosotros lo intenta, tal vez lo consigamos».

Salvatore Riina.

Salvatore Riina, el gran capo de Cosa Nostra de esos tiempos, es condenado a cadena perpetua como ordenante de los asesinatos de Falcone y Borsellino. Sin embargo, dos arrepentidos hablan de la implicación de elementos de la seguridad del Estado en la muerte de Borsellino, que investigaba las conexiones entre la criminalidad organizada y diversos políticos e industriales del norte de Italia. La investigación sobre el asesinato de Borsellino es retomada años después y algunas fuentes periodísticas señalan a Silvio Berlusconi, que podría haber entregado dinero a la mafia dinero a cambio de protección para él y su familia en los años 70. La viuda de Borsellino, Agnese Piraino, declaró que «Paolo me dijo que lo mataría la mafia, pero con el consentimiento de otros. Me contó que había negociaciones entre Cosa Nostra y algunos elementos desleales del Estado». Esas supuestas negociaciones, a las que plantaron cara Falcone y Borsellino, tenían como objetivo el cese de los atentados de Cosa Nostra a cambio de beneficios penitenciarios para los mafiosos encarcelados.

Antonino Scopelliti, Cesare Terranova y Rocco Chinnici fueron otros de los magistrados asesinados en tiroteos o en explosiones. También Carlo Alberto dalla Chiesa, general del ejército italiano con pasado de partisano, masacrado con fusiles de asalto Kalashnikov en compañía de su esposa y de un escolta. Había tenido éxito en su lucha contra las Brigadas Rojas, motivo por el cual el Gobierno italiano lo situó al frente de la lucha antimafia. Al llegar a Palermo fue consciente de la escasez de medios que el Estado ponía a su disposición para combatir a un enemigo invisible y devastador, según algunas fuentes también fue consciente de que lo estaban mandando a una muerte segura.

Giuseppe Impastato, ante la sede de la emisora libre Radio Aut.

Para Giuseppe Impastato la ruptura con el ambiente de criminalidad comenzó como una abrupta ruptura familiar. Nació en el pueblo palermitano de Cinisi, en una familia adscrita a la mafia local. A su tío lo mataron con un coche-bomba en algo parecido a un ajuste de cuentas y su padre echó de casa a Giuseppe cuando este mostró su desacuerdo con las actividades de Cosa Nostra y entró a militar en el Partido Socialista Italiano de Unidad Proletaria, una escisión por la izquierda del Partido Socialista Italiano. Beppe Impastato se metió de lleno en la lucha del campesinado al que habían expropiado sus tierras para la polémica ampliación del aeropuerto de Palermo, montó con otra gente un centro cultural autogestionado, empezó a escribir poesía y en 1977 fundó una emisora libre desde la que declaró la guerra a la todopoderosa Cosa Nostra ridiculizando a los líderes mafiosos de la comarca. Con aquellas emisiones firmó su sentencia de muerte, ejecutada por orden del capo Gaetano Badalamenti en la primavera de 1978, cuando Giuseppe Impastato encabezaba la campaña electoral con la que la que la organización comunista Democracia Proletaria se presentaba a las elecciones municipales: dejaron su cadáver en las vías del tren con una carga explosiva adosada a su cuerpo. Tras su asesinato, la ciudadanía de Cinisi le dio a título póstumo los votos necesarios para ser elegido, simbólicamente, concejal del municipio en el que había nacido y en el que había sido asesinado.

Un cuarto de siglo más tarde Badalamenti es condenado a cadena perpetua por ese asesinato. El hermano de la víctima, Giovanni Impastato, había denunciado la connivencia entre el capo y los poderes locales: «Daba la impresión de que Badalamenti era querido por los Carabinieri, se mostraba seguro en su presencia y hablaba con ellos de buena gana. Casi parecía que les estuviese haciendo un favor manteniendo en calma el pueblo. No se puede confiar en las instituciones cuando se las ve del brazo de la mafia». Badalamenti murió en los Estados Unidos, condenado a 45 años de prisión por tráfico de heroína a gran escala entre Sicilia y Nueva York. Había sido detenido en Madrid y extraditado. Después se descubrió que él y otros mafiosos habían adquirido en España hoteles, apartamentos y fincas con una parte de su inmensa fortuna, depositada en bancos suizos.

“Pio La Torre, sindicalista y diputado siciliano del Partido Comunista Italiano, es acribillado en 1982 con su chófer”

Pio La Torre, sindicalista y diputado siciliano del Partido Comunista Italiano, es acribillado en 1982 con su chófer y hombre de confianza por unos sicarios que le abordan desde dos motos de gran cilindrada. Su muerte confirma lo que él había dicho en vida: «Palermo es una ciudad donde se hace política con la pistola». Había plantado cara a la especulación inmobiliaria con la que se estaba enriqueciendo la mafia, a su labor parlamentaria se debió la primera ley que permitió confiscar bienes a mafiosos. Fue el primer diputado asesinado por Cosa Nostra.

Pio La Torre en una conferencia del PCI en Palermo. Foto: Archivo Pio La Torre

En esos años la mafia atenta contra sindicalistas, políticos, jueces, periodistas, policías, militares, empresarios, comerciantes, familiares de mafiosos arrepentidos, campesinos o religiosos. El cura Giuseppe Puglisi, conocido como Padre Pino, recibe un tiro en la nuca en 1993 a la puerta de su casa porque ha intentado alejar de los círculos de la criminalidad a jóvenes de familias mafiosas y porque ha increpado a los capos desde el altar en estos términos: «Me gustaría conocer los motivos que os empujan a obstaculizar a quienes intentan educar a vuestros hijos en la legalidad, el respeto recíproco, los valores de la cultura y el estudio».

A partir de las muertes de Falcone y Borsellino, el levantamiento cívico contra el crimen organizado en Sicilia va ganando las calles y las mentes en Sicilia, Cosa Nostra va perdiendo presencia y poder. Ayer se cumplieron treinta años del asesinato de Falcone, su mujer y los policías de su escolta. En un par de meses se cumplirán treinta años del asesinato de Borsellino y de cinco miembros de su escolta.

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