“Cuando llega la maternidad, te dan tu mochila de culpa”

Laura Baena Fernández estuvo presentando su libro ‘Yo no renuncio. Mi historia de no conciliación’ en la Carpa de La Palabra en la Semana Negra de Gijón.

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Andrea Núñez
Andrea Núñez
Es periodista.

Laura Baena Fernández es creativa publicitaria, emprendedora y fundadora del Club de Malasmadres, una comunidad que nace en 2014 tras la necesidad de desahogo y de llevar a cabo la desmitificación de la maternidad. Ayer estuvo presentando su libro Yo no renuncio. Mi historia de no conciliación en la Carpa de La Palabra en la Semana Negra de Gijón, donde habló de maternidad, conciliación, corresponsabilidad y la importancia de la educación para toda la sociedad, entre otros muchos temas.

Mediante este libro, uno de sus proyectos personales, se decide a contar toda su historia para poder ayudar a todas aquellas mujeres que se encuentren en una situación similar y poder llevar a cabo una revolución que acabe con esta desigualdad. Por lo tanto, aunque es un proyecto individual, todos los beneficios recaudados irán destinados a la Asociación Yo No Renuncio, nacida del Club de Malasmadres, en 2015, para concienciar de la necesidad de una conciliación real y efectiva.

Laura Baena. Foto: David Aguilar Sánchez

“Mucho sueño, poco tiempo, alergia a la ñoñería y ganas de cambiar el mundo o, al menos, morir en el intento”, esta es la definición que nos encontramos del club en su página web…

¿Cuánto hay de Laura Baena en ella?

Realmente mucho porque cuando empieza el Club de Malasmadres, en un principio es un sentimiento individual que tuve de empezar a expresar en redes algo que me representaba a mí, y de lo que me di cuenta es que no estaba sola (menos mal), sino que representaba a casi todas las mujeres madres de nuestra generación.

¿Qué crees que implicó que dieras el paso de contarlo?

Yo creo que se sienten identificadas todas las mujeres que, de algún modo, nos hemos creído ese mito de la “madre perfecta”, el amor romántico de la maternidad. Cuando eres madre y te das cuenta de la realidad, te sientes malamadre porque no llegas a ese modelo tradicional que sigue estando en la sociedad. Entonces, para romperlo, empecé a reírme, a desahogarme en Twitter y a conectar con un montón de mujeres y madres que se sentían igual. A partir de ahí, ese sentimiento individual conectó con una necesidad social de que alguien dijera la realidad de la maternidad.

El sentido del humor es fundamental en Malasmadres.

Sí, fue la manera de romper con lo establecido. El humor, al final, es un vehículo que sienta bien y es una manera de decir cosas políticamente incorrectas de una manera no tan agresiva o violenta. Detrás de ese humor hay una crítica social, hay mucha ironía y mucho sarcasmo.

Laura Baena. Foto: David Aguilar Sánchez

Cuando viste la repercusión, ¿cómo te sentiste?

Fue una terapia. La verdad es que, a día de hoy, sigo tomándomelo con mucha normalidad. Yo puse palabras a una realidad social que nadie nombraba, y claro que no me lo esperaba, pero a partir de ese desahogo empezaron a llegar muchas oportunidades. Al final se ha convertido en mi proyecto de vida y profesional. Estoy muy orgullosa, pero a la vez también me lo tomo con mucha naturalidad.

Si nos remontamos a aquella Laura, ¿era consciente de su situación de renuncia, de que no se trataba de una elección?

Ese es el centro del libro. Intenta ser un despertar para las mujeres madres que piensan que han elegido y en realidad hemos renunciado. El sistema y la sociedad nos vende que estamos eligiendo ser madres y nos lo deja en nuestra responsabilidad, como que es un acto más personal y privado, cuando realmente la maternidad es algo político, público y social.

Laura Baena. Foto: David Aguilar Sánchez

Yo, en un primer momento, sí que pensé que estaba eligiendo, pero luego me doy cuenta de que no, que estoy renunciando. Y ese proceso es fundamental. Con el libro yo pretendo que las mujeres y las madres, sobre todo, rompamos el silencio para hacer una revolución y realmente responsabilizar al sistema político, a la sociedad, a las empresas, de la obligación que tienen de apostar por la corresponsabilidad, por la conciliación y de que realmente es su papel también, no solo nuestro.

¿Cómo ayudarías, entonces, a reconocer una situación de renuncia? ¿Cómo diferenciar entre elegir y renunciar?

Cuando te cuestionas y preguntas “¿yo hubiera dejado mi trabajo y renunciado a mi carrera profesional por ser madre si tuviera flexibilidad horaria, si hubiera planes de apoyo a la maternidad y si realmente pudiera tener un cambio de objetivos durante un tiempo determinado de mi carrera?”, la mayoría de las mujeres dirían que no. Y cuando tu respuesta es esa sabes que realmente algo falla.

Algo que mencionas en el libro y también juega un papel muy importante es la culpa. ¿Cuál es ese papel?

La culpa es el eje fundacional del club. Cuando llega la maternidad es como que “te dan” tu mochila de culpa y parece que, a partir de ahí, tu crianza siempre va a estar acompañada de la culpa. Si dejas tu carrera profesional porque la dejas y si no estás suficiente tiempo con tu hijo/a te sientes una malamadre. Siempre esa culpa y ese juicio constante que hay hacia la mujer y hacia la madre.

Laura Baena. Foto: David Aguilar Sánchez

No se puede pretender que las mujeres tengamos ese nivel de autoexigencia con la carrera profesional, que además también seamos madres perfectas y encima no nos quejemos, no digamos nada, no reivindiquemos y aceptemos todo tal cual nos lo dicen. Eso no es posible, nos han engañado con ese modelo. Hemos pasado de una madre abnegada que renunciaba a muchas parcelas de su vida a una madre superwoman que parece que tiene que llegar a todo y, realmente, lo que está ocurriendo es que la falta de conciliación es clave.  

¿Alguna vez sueltas esa culpa del todo?

Yo creo que para nuestra generación va a ser muy difícil que la suelte del todo. Aprendes a convivir con ella, a silenciarla y a aceptarla, pero, realmente, cuando menos te lo esperas está detrás de la puerta para decirte “hola, estoy aquí”.

¿Dónde está el equilibrio?

Nosotras, en Malasmadres, lo que intentamos es apostar porque seamos madres libres y ejerzamos nuestra maternidad con libertad y sin prejuicios. Yo creo que el Club de Malasmadres es un buen antídoto para la culpa de madre porque te hace sentir menos sola, en un grupo de pertenencia, que esos pensamientos impuros que tienes de malamadre no te pasan a ti sola.

Laura Baena. Foto: David Aguilar Sánchez

Hablando de ayudar a reconocer estas situaciones de renuncia, que lo ideal sería un sistema en el que la conciliación sea una realidad. Imagino que hay muchas empresas que se plantean darle una vuelta a todo y que no saben realmente por dónde empezar. ¿Cómo las ayudarías?

Sí las hay y nosotras hacemos mucho ahí, en la asociación ‘Yo No Renuncio’ tenemos un distintivo que es ‘marca Yo No Renuncio’, que son marcas comprometidas con la conciliación, la corresponsabilidad, la igualdad, la maternidad, los cuidados, todo lo que tiene que estar en el centro y es fundamental para cambiar el modelo laboral.

¿Cuál es el papel de estas empresas?

Las empresas tienen un papel fundamental porque son agentes transformadores del cambio del modelo laboral. El cambio muchas veces es más una cuestión de tiempo y escucha de los empleados que el dinero que supone.  Nosotras tenemos empresas ‘Yo No Renuncio’ que tienen manifiestos y medidas de conciliación y empresas que realmente quieren hacer las cosas de otra manera. Lo que deberíamos y queremos es que realmente este tipo de propuestas sean apoyadas por el Estado y, de alguna manera, esas empresas que lo están haciendo bien tengan incentivos fiscales y, en cambio, si tú no eres una empresa corresponsable, no tengas oportunidades en el mercado. Eso sería lo ideal y por eso necesitamos el compromiso político.

¿Por qué es necesario cambiar el modelo laboral?

El modelo laboral no puede dar la espalda a la maternidad y los cuidados. Tienen que ser modelos laborales en los que tú puedas también ejercer como madre, como padre, en los que tú puedas tener tiempo para ti. Para el cuidado o autocuidado. Esto es, para todos. Debemos tener tiempo para nosotras, la relación entre la vida y el trabajo está mal planteada y estamos en un sistema productivo en el que solo se valora el hacer. Parece que cuando eres madre y renuncias a tu carrera no haces nada y, en realidad, estás ejerciendo un trabajo que no tiene valor económico y social actualmente y que hay que poner en valor.

¿Cuál es el precio de la conciliación?

La maternidad es el techo de cristal de las mujeres porque, al final, la conciliación le sale gratis al Estado, pero para nosotras tiene un coste muy alto. Un coste emocional, económico y personal. En el momento que tu maternidad tiene un coste tan alto y 1 de cada 2 mujeres renuncia a parte de su salario para seguir adelante con su carrera y ser madre, eso ya no es una elección. La maternidad nos castiga, nos penaliza y, además, nos empobrece.

Laura Baena. Foto: David Aguilar Sánchez

Muchas mujeres quieren ser madres, pero no dan el paso porque saben que su carrera profesional se va a truncar. Y esto no tiene sentido en un país en el que la tasa de fecundidad cae y no tenemos reemplazo poblacional. Estamos hablando de algo muy importante, el futuro. Si a los gobiernos les importa tanto el futuro de esta sociedad, tendrán que hacer políticas de familia y políticas de igualdad.

En la pandemia parecía que todo iba a cambiar, ¿qué ocurrió?

Fue un espejismo, parecía una ilusión de igualdad y realmente no fue así. Destapó aún más las diferencias, las desigualdades y las brechas. Necesitamos ver el trabajo de otra manera, trabajar por objetivos y con flexibilidad. De esa forma las mujeres madres no tendrían que renunciar.

Algo que no quiero dejar de mencionar, que destacas también en el libro, es el papel de los hombres. ¿Cuál es ese papel o cuál debería de ser?

Es fundamental porque los hombres en España no son corresponsables, la mayoría cuando son padres son “padres ejecutores”, que hacen lo que las mujeres le dicen y no comparten las tareas invisibles ni la carga mental. Y sin eso es imposible una corresponsabilidad real.

¿Por qué se da esta situación?

La mujer ha salido al mercado laboral a luchar por las mismas oportunidades y derechos que los hombres, pero los hombres no han entrado del mismo modo en el hogar. Hay una desvinculación total en el papel del hombre y de la mujer respecto a los cuidados y la familia y eso tiene que cambiar. Se ve como claramente la maternidad es un techo de cristal para las mujeres, la brecha salarial aumenta muchísimo cuando llega. Los hombres siguen ascendiendo en su carrera profesional y las mujeres ralentizan, paran o renuncian. Eso se ve claramente en los datos.

¿Qué se necesita de ellos?

El hombre tiene que dar un paso al frente en la corresponsabilidad y, a la vez, un paso atrás, reducir sus privilegios y empezar a compartir el cuidado de verdad. Ahí, las mujeres también tenemos el papel de delegar más y mejor, tenemos que lograr quitarnos ese estigma de malamadre si delegamos. Hay que hacer un trabajo en común, tenemos que ser equipo, necesitamos a esos hombres y necesitamos hacer entender a la sociedad que esto sí es cosa de ellos. Les viene muy bien decir que la conciliación es solo de madres. Ni es solo de madres y padres, ni nuestra, es de toda la sociedad.

Laura Baena. Foto: David Aguilar Sánchez

¿Cómo se puede conseguir?

El Día de la Madre sacamos una campaña muy divertida para intentar llegar a ellos en tono de humor y, la verdad, que han respondido muy bien porque les hemos implicado sin juzgarles. Ha sido una manera interesante para que se sientan parte y den un paso al frente. Necesitamos que los hombres y padres que son corresponsables no solo lo sean, sino que también sean referentes y lo cuenten, sean ejemplo para tirar de otros hombres y que la educación también cambie.

¿Crees que esta situación se debe a que la maternidad, de alguna forma, está romantizada?

Claro. Las mujeres hemos aceptado durante siglos un papel menor que el hombre en la sociedad y en la vida pública. Cuando llegaba la maternidad la mujer desaparecía y ahora no puede desaparecer. No puede ser que, en los años más importantes de tu carrera profesional, esta se pare por ser madre y porque la maternidad llega cuando tú ya tienes un camino hecho profesionalmente a truncar tus planes. Eso hace que muchísimas mujeres renuncien.

A menudo, desde el club y la asociación hacéis diferentes estudios sobre la conciliación y las desigualdades existentes. ¿Cuáles son los resultados?

Hemos hecho 7 investigaciones sociales en estos 7 años de lucha y hemos visto cómo conciliar es muy difícil cuando llega la maternidad, la corresponsabilidad no existe en España porque 6 de cada 10 mujeres renuncian a su carrera profesional al ser madre. Eso hace que muchas mujeres no cojan puestos de responsabilidad, porque saben que en casa no tienen ese equipo necesario. En Las invisibles, justo antes de la pandemia, hicimos una radiografía de la maternidad, donde se veía que el deseo de ser madre depende de las políticas de conciliación y como 7 de cada 10 mujeres se sienten solas en la crianza. Hemos ido indagando, tanto en las barreras externas que afectan a la conciliación, como son el papel de las empresas y la sociedad o las creencias culturales, como las barreras internas (la parte del hogar y falta de corresponsabilidad) para luego también analizar qué ha pasado en pandemia ya que 1 de cada 4 mujeres ha renunciado a todo o parte de su empleo para poder cuidar durante la pandemia y al 37% se les denegaba el teletrabajo.

¿En qué momento decidiste escribir este libro y por qué?

Después de 10 años de maternidad y lucha por la conciliación necesitaba contar mi camino y contar de verdad, por primera vez y con todos los detalles, mi renuncia. Es un libro que, a través de mi historia, pretende contar la historia de muchas mujeres con el objetivo de concienciarnos, destapar las realidades ocultas que hay y reflexionar también lo que hay que hacer para cambiar la conciliación desde el sistema político, la sociedad, las empresas…

Al final del libro hay un gran acto de sororidad. ¿Qué significan esas páginas amarillas?

Quiero que mi historia haga despertar a muchas mujeres y que ellas cuenten la suya y me la envíen para generar un movimiento de cambio. Porque a las mujeres les cuesta compartir su historia, no lo publican por miedo y porque sigue habiendo mucha presión social. Muchas, cuando acaban el libro, me dicen que no están preparadas todavía para escribir su historia. Me llegan mensajes de mujeres que lloran con el libro porque les hace reflexionar. Muchas que pensaban que habían elegido y se han dado cuenta, leyéndolo, de que han renunciado. Eso es un impacto muy fuerte hasta que lo superas, lo trabajas personalmente y luego ya estás preparada para contarlo.

Público en la Semana Negra en la mesa de Laura Baena. Foto: David Aguilar Sánchez

Desde tu vivencia personal, ¿podrías decir que has logrado conciliar?

Yo siempre digo que estoy en el camino. Para mí, mi guía son mis hijas y es muy importante estar presente y por eso volví a mi tierra, a Málaga, a vivir, después de 18 años en Madrid. Quería estar presente y la pandemia me cambió mucho la manera de hacer. Ahora digo mucho que no, y no quiero que todo pase tan rápido. Lo bueno que tiene emprender y tener tu propio proyecto es que tienes flexibilidad y adaptas tu trabajo a la vida y no al revés, no adaptas la vida al trabajo.

Sabemos lo que buscas transmitir con este libro, pero ¿qué te ha dado a ti escribirlo?

Es un libro que necesita tiempo para leer y analizar, pero que a mi me ha ayudado mucho. Necesitaba contar mi verdad y a partir de ahí seguir construyendo.

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2 COMENTARIOS

  1. Si llego a saber a lo k es la maternidad cuando me kede embarazada pues ahorita mismo,sería mlsionera,paseadora de perros,o trapecista….tb mi forma de ser, algo hipocondriaca influyó….
    En fin todo gloria….. ahora son mayores (casi viejos) y kieren k vengan a comer sus hijos a mi casa… pues no! Yo tengo una vida,amigos etc y voy a lo mío…..en fin k DIOS los bendiga a tod@s,incluidos los niñ@s

  2. “Machismo” de la naturaleza, que obliga a las mujeres a “embarazarse”. A pesar de que el “feminismo”” desbocado pone a los hombres “a parir”, y en situaciones “embarazosas”. Así van las cosas, en caída continua.

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