Los verdaderos defensores de Oviedo

El franquismo transformó en "defensores de Oviedo" a los golpistas que el 19 de julio de 1936 tomaron por sorpresa una ciudad con mayoría de izquierdas.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

La mañana del 20 de julio de 1936 el comandante Alfonso Ros Hernández, responsable en Oviedo de la Guardia de Asalto (la policía armada creada por la República para compensar el carácter generalmente más conservador de la Guardia Civil) se rendía ante los militares golpistas que cercaban el cuartel de Santa Clara, hoy delegación provincial de la Agencia Tributaria. Desde la tarde del domingo anterior hasta esa mañana de lunes, Ros, junto a parte sus hombres, otros le habían traicionado, y algunas decenas de trabajadores ovetenses que habían acudido a su cuartel a buscar armas, permanecían atrincherados en el polvorín de Santa Clara. Aquel esforzado puñado de guardias y militantes de izquierdas habían tratado de defender en circunstancias desesperadas la legalidad republicana en Oviedo. Sin embargo, la desigualdad numérica se imponía, y tras una noche de tiroteos, Ros tomaba la decisión de abandonar una resistencia condenada de antemano al fracaso.

Tras rendirse, los militares golpistas no cumplirían la promesa que habían hecho, respetar las vidas de los combatientes, sino que les ametrallarían al abandonar su refugio. Ros caería muerto. Horas antes, el gobernador civil, Isidro Liarte, de Izquierda Republicana, había sido detenido por los militares alzados. Se apagaba así la resistencia antifascista en Oviedo. En menos de 24 horas la capital asturiana había quedado en manos de los golpistas, capitaneados por el coronel Aranda, gobernador militar de la provincia. Nadie esperaba este desenlace 48 horas antes, cuando habían llegado a Asturias las primeras noticias del levantamiento militar en el Marruecos español, y las organizaciones obreras habían comenzado a reclamar armas para hacer frente a la sublevación.

“Oviedo no era a priori una plaza fácil para el triunfo del golpe de Estado”

Oviedo no era a priori una plaza fácil para el triunfo del golpe de Estado. El Frente Popular había ganado por abrumadora mayoría en la ciudad en las elecciones de febrero de 1936. La capital, además de estar a un paso de las cuencas mineras, contenía importantes contingentes de obreros en el propio casco urbano y en el resto del concejo: los trabajadores de las dos fábricas de armas y la de explosivos, los ferroviarios del barrio de La Argañosa, los mineros de Olloniego, así como los empleados de otras industrias menores, pero también de la administración y los servicios, entre los que existía una elevada sindicalización, en su inmensa mayoría a la UGT, como sucedía con la mayoría del proletariado y las clases populares ovetenses. El propio Aranda reconocía en una entrevista recogida por el historiador José García Fernández su desconfianza hacia la población de la capital, de la cual, según sus estimaciones, “la mitad eran rojos o simpatizantes y tres o cuatro mil hombres estaban dispuestos a sublevarse en cuanto se presentara la ocasión”. De hecho, García Fernández, relata un presunto intento de sublevación que acabó con el fusilamiento en diciembre de 1936 de seis militares a los que se acusaba de simpatizar con el Frente Popular y estar preparando una maniobra contra Aranda.

El coronel Antonio Aranda, jefe del golpe de Estado en Asturias. Fuente: Wilkipedia.

¿Cómó sin embargo se pudo producir una toma tan rápida de la ciudad? La clave está tanto en la habilidad de Aranda para presentarse el 18 de julio como un militar fiel a la República, como en la ingenuidad de unas autoridades republicanas que creyeron a quien no tardaría en traicionar al Gobierno. La confianza en Aranda del Gobernador civil y de los principales líderes socialistas y republicanos les llevaría a concentrar sus esfuerzos en organizar una expedición de trabajadores asturianos a Madrid. Los elementos más combativos de la clase trabajadora ovetense y de las cuencas mineras marcharían en trenes y camiones hacia la primera parada del viaje: León.

Los comunistas, minoritarios en el Frente Popular, habían advertido sin éxito que suponía un error creer a pies juntillas en Aranda y dejarle el control de la capital. También los anarquistas y sectores del PSOE manifestarían sus dudas con respecto al militar. Se impondría sin embargo el criterio de la mayoría del Frente, partidario de marchar hacia la meseta, considerando que Oviedo y Asturias estaban bajo control. Entre los responsables de este error de cálculo estuvo el dirigente socialista Indalecio Prieto, que preocupado por los movimientos golpistas en la capital española había reclamado el desplazamiento de una columna de mineros y trabajadores asturianos para defender Madrid. Prieto tenía una enorme influencia sobre la dirigencia socialista asturiana. Él también les había manifestado su confianza en la fidelidad de Aranda al Gobierno de la República. No tardarían mucho en comprobar el enorme error que habían cometido creyendo al coronel, con fama de masón y de republicano conservador.

“Los comunistas, minoritarios en el Frente Popular, habían advertido sin éxito que suponía un error creer a pies juntillas en Aranda”

Aranda animaría la expedición, e incluso facilitaría armas a los milicianos carbayones, de las cuencas y otros lugares de la región, al mando de los que estaban los socialistas Manuel Otero y Francisco Martínez Dutor. Las izquierdas habían mordido el anzuelo y dejaban el terreno despejado al golpe militar. La noche del sábado 18 de julio centenares de trabajadores partían de la estación de tren de Oviedo rumbo a Madrid. Otros lo hacían en camiones. En las cuencas se sumarían más. Apenas unas horas más tarden caía la máscara de un conspirador que estaba desde un principio conectado con Franco, Mola, Sanjurjo y el resto de militares sublevados. La tarde del domingo 19 Aranda desobedecía las órdenes gubernamentales de armar a los obreros que habían quedado en Oviedo, se unía al golpe militar iniciado en el norte de África y declaraba el Estado de guerra, decretando tanto el toque de queda como la pena de muerte para cualquier promotor de huelgas, manifestaciones, sabotajes o acciones de resistencia. Ros, los guardias y obreros del cuartel de Santa Clara serían las primeras víctimas de la represión militar. Quedaban muchas más por llegar.

Cuartel de Santa Clara en 1936. Fuente: T Oviedo.

Al tener noticia en Benavente de la sublevación de Aranda, Martínez Dutor ordenaría el regreso de la expedición a Asturias para recuperar Oviedo. Trabajador de la Audiencia Provincial de Oviedo, este socialista y ugetista de origen andaluz era un veterano de la Guerra de Marruecos y de la Revolución del 34. Sería uno de los encargados de preparar la ofensiva sobre la capital asturiana. Incapaces de lanzar un ataque frontal contra más de dos mil soldados, guardias civiles y de asalto, carabineros y voluntarios de Falange y otras organizaciones derechistas, los antifascistas tendrían que recurrir al asedio. Los milicianos construirían fortificaciones en la zona rural del concejo: San Esteban de las Cruces, el Naranco, el Cristo… También tomarían el control de Trubia y su fábrica de armas. Entre las primeras medidas de los antifascistas estaría liberar a los campesinos del pago de las rentas a los propietarios alineados con el golpe de Estado.

La fábrica de armas de Trubia, Oviedo, a principios del siglo XX.

Frente al relato franquista, que ha perdurado hasta nuestros días, de una “ciudad leal” y unos “defensores de Oviedo” enfrentados al “asedio marxista” de los temibles mineros, cabe recordar que muchos de los que participaron en lo que la dictadura bautizó como “sitio de Oviedo”, eran también vecinos de la capital, como el comunista ovetense Juan Ambou, otro veterano del 34, que de nuevo ejercería un destacado papel como jefe militar. Aunque el golpe sorprendió en la ciudad a muchos ovetenses de izquierdas, quedando atrapados en territorio golpistas, muchos ovetenses tomaron parte del lado de la República en una larga batalla por lo que consideraban la “liberación” de su ciudad, y de sua amigos y familiares. Eran participantes en la columna a Madrid que habían retornado al conocer la conquista, o gentes de izquierdas que huían de Oviedo para unirse a las milicias antifascista que rodeaban su ciudad. Tal sería el caso de Javier Bueno, director del diario Avance, que por poco logró escapar de los militares, o de Pilar Lafuente, hermana de Aida Lafuente, que huyó de la represión a su familia y se incorporó a las milicias de San Estebán de las Cruces. Parte de los que estando en la capital en el momento del golpe no pusieron a tiempo tierra de por medio acabarían pagándolo caro, como el gobernador civil Isidro Liarte, el rector Leopoldo Alas, el dirigente comunista Carlos Vega o el diputado socialista Graciano Antuña. Todos ellos serían fusilados por los militares golpistas.

Viñeta de Goico-Aguirre en Avance. Fuente: “Goico Aguirre. Viñetas antifascisas” (Ramón Lluis Bande ed.)

El seis de enero de 1937 el diario Avance publicaba en su portada una viñeta en la que dos milicianos miraban a Oviedo, mientras uno le decía a otro: “Allí abajo aun tenemos muchos compañeros”. El autor del dibujo era otro ovetense que había tenido que escapar de su ciudad, el pintor y escultor Faustino Goico-Aguirre, delegado para Asturias de Bellas Artes por el Gobierno de la República. La imagen resumía bien el sentimiento de los antifascistas asturianos. No obstante, la batalla de Oviedo sería un fracaso para la República, consumiría enormes recursos y energías, y lastraría el desarrollo de la guerra en Asturias. A pesar de llegar a combatir en las calles del centro, los antifascistas no lograrían recuperar la ciudad.

La calle Uría de Oviedo durante la Guerra Civil. Foto: Florentino López “Floro” /Muséu del Pueblu d´Asturies.

El caso de Oviedo en la Guerra no es único. La historiadora britántica Helen Graham explica en su monumental “La República española en guerra”, que “en julio de 1936 los rebeldes tomaron el control de ciudades donde la izquierda era fuerte – entre las que destacan Sevilla, Zaragoza y Oviedo– porque las fuerzas de la clase obrera carecían de coordinación o fueron sorprendidas o superadas estratégicamente de alguna forma”. La historiadora señala que frente al mito del pueblo en armas “ninguna ciudad de España se mantuvo en poder de la República sin la ayuda de, al menos, una parte de las fuerzas de orden público”. Los obreros ovetenses no tuvieron tal apoyo. Y es que en ese sentido, Aranda, engañando al Frente Popular, concentrando a la Guardia Civil en Oviedo y acabando con el jefe de los guardias de asalto leal a la República, llevó a cabo un plan perfecto. El militar golpista manejó con maestría los tiempos para abortar la posibilidad de resistencia en una ciudad cuya población en julio de 1936 era mayoritariamente de izquierdas.

Posteriormente la propaganda franquista manipularía la historia de la guerra en Oviedo en su servicio, transformando la traición de Aranda en la “gesta” de una ciudad “invicta y heroica”, así como a los golpistas en “defensores” de la ciudad. La izquierda ovetense y su movimiento obrero sería borrados del relato. Los alcaldes franquistas, interesados en obtener el favor del Estado, promocionarían la idea de una ciudad “mártir”, unánimente alineada con el “alzamiento nacional”. Hoy, 86 años después de aquellos acontecimientos, no solo deberíamos preocuparnos por eliminar los símbolos franquistas, sino también por rebatir sus relatos y recuperar la historia borrada del obrerismo y el republicanismo carbayón.

Algunos de los mitos acuñados en la postguerra han perdurado hasta nuestros días y han seguido siendo usados por las derechas del siglo XXI para sus fines políticos, como el conocido “cerco a Oviedo”. Tiempo es también de retirar el título de “defensores de Oviedo” a quienes se levantaron contra la República y de dárselo por el contrario a aquellos otros que como el comandante Alfonso Ros, y otros muchos ovetenses y asturianos anónimos, pagaron con su vida en la capital asturiana el compromiso con la democracia y la justicia social.

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2 COMENTARIOS

  1. La heroica resistencia de los Defensores de Oviedo ante los ataques de las hordas rojas, q se levantaron contra la República en el 34, es un hecho de armas notable reconocido en todo el mundo.
    Efectivamente durante los años de la Guerra Civil, Guerra buscada por el PSOE, tal y como dijo el vil Largo Caballero, se cometieron asesinatos por ambos bandos.
    Asesinatos que no deben caer el olvido para q no se repitan, ni tampoco las causas que llevaron a matarse entre hermanos.
    RECORDAD las violaciones y asesinatos de monjas, entre ellas mi tía abuela, allí en Asturias.
    La Guerra Civil fue la consecuencia de que la mitad de España se cansó de dejarse matar por la otra mitad.
    Por último, de verdad que pensáis que todos los Defensores eran Fascistas, pobres ignorantes.
    Ningún perdedor de la Guerra Civil, tiene derecho de quitarle el título de Defensor a ninguno de los supervivientes, entre ellos mi abuelo JOSE TOLEDO BELLOSO.
    Los Socialistas, Comunistas y Anarquistas provocaron la Guerra Civil y la perdieron, asumirlo de un vez.

  2. Un justo homenaje al comandante Ros y sus hombres, leales y valientes. Un gesto que honra a Díaz Alonso el recordar lo ocurrido en aquellas horas y días que determinaron el futuro de Asturias y tal vez de la guerra. No se puede construir un país democrático sobre la base de mantener a los leales en el olvido y a los traidores marcando el futuro incluso tras su muerte.

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