Los riders van ganando

Felix, Alberto y Adrián son tres rostros del nuevo sindicalismo que está emergiendo en un sector marcado por la precariedad y la fragmentación.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Obreros del pedal. Felix Redondo trabaja en como repartidor desde adolescente. Al principio “en negro” para pizzerías y kebabs, después ya para la compañía Just Eat. Alberto Alonso es uno de los 200 repartidores de Glovo en la ciudad de Xixón. Ambos, vinculados a la Corriente Sindical de Izquierdas, son rostros del nuevo sindicalismo que está emergiendo en un sector especialmente difícil, muy disperso y atomizado, y en el que como señalan, ni siquiera existe algo tan básico como un lugar de trabajo y “el jefe” son el algoritmo y la aplicación que tienen instalada en el móvil. Como apunta Adrián Fernández, también repartidor, el sistema no favorece en absoluto la cooperación y la solidaridad, sino que “fomenta la competición entre compañeros”. Está diseñado precisamente para eso.

Aunque las empresas capten a los trabajadores con una retórica que habla de un trabajo en el “que tú marcas tus propias reglas”, la disponibilidad a cualquier hora y desde cualquier distancia se premia, mientras que poner objeciones a los repartos está penalizado. Con todo, como explica Alberto, siendo autónomo, ni siquiera trabajando 8 horas al día y “dándole duro”, es posible superar los 800 euros limpios: “el que diga que gana más ye un mentirosu”.

Adrián Fernánez y Alberto Alonso muestran las aplicaciones de sus empresas. Foto: Iván G. Fernández

Aunque la Ley Rider del Ministerio de Yolanda Díaz entró en vigor ya hace casi un año, su aplicación está siendo tortuosa, y está dependiendo en gran medida del impulso de los trabajadores para hacer cumplir su núcleo duro: el final de los falsos autónomos y la contratación de los repartidores. Felix y Alberto saben lo que es pelear para que las compañías respeten las leyes. Después de una dura pelea, que llegó a incluir su despido por formar una sección sindical, Felix logró convertirse en asalariado de la empresa.

Alberto y sus compañeros ganaron que los tribunales les reconocieran como empleados de Glovo. La empresa ha recurrido la sentencia al Tribunal Superior de Justicia de Asturias. Que Glovo se está saltando la ley ya no lo denuncian solo los riders, sino también otras compañías del sector. El pasado marzo la empresa Uber Eats exigía al Gobierno que meta a Glovo en vereda, y señalaba que su competidor estaba recurriendo a una ventaja desleal al no aplicar la Ley Rider. También los hosteleros están a disgusto con esta plataforma por lo que consideran comisiones abusivas.

Mientras tanto, Alberto, Adrián y Felix, siguen con su pelea por se reconocidos con trabajadores con derechos. Felix, nieto de Luis Redondo, histórico sindicalista, primero en CCOO, y después en la CSI, sindicato del que fue cofundador, trata de llevar a la mensajería lo que aprendió a reivindicar con su abuelo, obrero del metal: salarios justos, descansos y vacaciones pagadas, pluses de nocturnidad o no tener que pagar por tu propia herramienta de trabajo. Lo que siempre ha querido la clase trabajadora, ya sea con mono azul o con bicicleta y mochila térmica. Aunque reconocen “hay mucho miedo”, e incluso bastantes trabajadores que se ponen del lado de la empresa, “la gente está perdiendo el temor a manifestarse y reivindicar”, explica Alberto. A pesar de todas las trabas, el sindicalismo avanza en un sector en el que hasta hace poco la unión parecía imposible.

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