La verbena de Cimavilla

Los gijoneses reconocen en estas fiestas la última bocanada del verano en la ciudad.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y dirige el Centro de Interpretación del Cine en Asturias. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y el diario digital migijon. Colabora en la Cadena Ser. Su último libro, junto a Rubén Paniceres, se titula "Ceniza a las cenizas. David Bowie y la revolución visual de la cultura pop" (Ed. Rema y vive).

El barrio de Cimavilla, como una isla encadenada al cuerpo de la ciudad, es un terruño de gijonismo que se retiñe de tradición y modernidad todos los años por estas fechas. Por el puerto, una teoría de carruseles le roban el sueño a la noche, mientras los vecinos salen a comer, beber y bailar durante sus fiestas de Los Remedios y de La Soledad que han dado comienzo desde este miércoles hasta el próximo 18 de septiembre.

La filigrana del escanciado se mezcla con el tercio de Mahou en la Plaza de la Corrada, el copazo de ginebra en el Soho con los últimos rescoldos arrinconados en el Bola Ocho, la verbena a la vera del Elogio del Horizonte, con los bígaros en la cuesta del Cholo. Todo se reconcentra en la resaca perpetua que se ha quedado grabada como una huella vacía en la cabeza firmada por Chillida.

Fotografía: David Aguilar Sánchez.

Este año no faltarán a la cita Silvidos y Gemidos, ni el virtuosismo de Rafa Kas, el indie grunge de Tigre y Diamante, ni los popurrís de la Orquesta Asia. La calle huele peor que nunca, y esto le da tradición a las fiestas de Cimavilla, entre gritos, música y cacharros, entre sirenas, magreos, una pastilla de M o un gramo de coca y todo el mundo a funcionar acelerados de speed. Y así se van girando las noches y los días, mientras las calles engalanadas con dragones, tiburones y otros animales de compañía, buscan afianzarse como una identidad diferenciada del resto de los barrios. “Nuestra identidad son los adornos, empleamos mucho tiempo, todo el año trabajando en lo que vamos a poner en las calles” afirma Ángel Murias, presidente de la Comisión de Fiestas del barrio, desde el teléfono: “este año, la gente esta esperando por ellos porque cada año son distintos. Este año habrá una gaviota y una tortuga gigantes, que son lo que da carácter a estas fiestas y las diferencia de las que hay en otros barrios”.

Fotografía: David Aguilar Sánchez.

En el año 2018, la comisión de festejos decidió suspenderlas como protesta ante la falta de apoyos del Ayuntamiento. En el año 2019 no hubo celebraciones organizadas por vecinos, ni tampoco en 2020 ni en el 2021. El impacto económico de las fiestas recaerá en los bares y restaurantes del barrio que desde el mediodía hasta después de la madrugada, estarán recibiendo al todogijón que reconoce en estas fiestas la última bocanada del verano en la ciudad. Serán hasta el 18 de septiembre. Entonces entonaremos la canción del Duo Dinámico para colmatar tres meses con un recuerdo etílico y crepuscular, y que dará paso al oficio de vivir bajo las hojas del otoño, ay.

Fotografías: David Aguilar Sánchez.

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