“Creímos en el régimen de Hoxha hasta que aprendimos albanés”

María Roces, hija de un obrero metalúrgico langreano, antifranquista en la clandestinidad, voluntaria en la Albania de Hoxha y luego desengañada del régimen, es la única traductora del albanés que hay en España

Recomendados

Bernardo Álvarez
Bernardo Álvarez
Graduado en psicología y ahora periodista entre Asturias y Madrid. Ha publicado artículos en ABC, Atlántica XXII, FronteraD y El Ciervo.

Tiene un trauma muy grande María Roces. Resulta que estaba ella, “tan a gusto”, en Soto de Agues, en la aldea de su madre, y fueron a descubrirla sus colegas, los traductores literarios. Y ahora la invitan a dar conferencias, a asistir a cursos, la llaman albanóloga y los periódicos escriben que Soto de Agues es “la capital cultural del albanés”. Ella se lo toma con sorna, pues “cómo no me voy a descojonar”, pero no es mentira que en esa pequeña aldea asturiana del concejo de Sobrescobio han vivido durante años los dos únicos españoles capaces de traducir la lengua albanesa: la propia María y Ramón Sánchez Lizarralde, su difunto marido. Ellos han sido quienes trajeron a esta otra punta del Mediterráneo las voces de Ismail Kadaré, de Fatos Kongoli, de Bashkim Shehu, de las leyendas y mitos de ese país tan rudo y tan encantador que es Albania.

Una peculiaridad de la lengua albanesa que ha citado María en una de esas conferencias que la obligan a dejar por unos días la querida aldea materna: “La única lengua, al menos en Europa, que a lo largo de su historia ha sido escrita en cuatro alfabetos diferentes. En distintas zonas y períodos, y dependiendo de que el invasor fuera eslavo, griego, turco o latino, éste imponía al país su propio alfabeto junto con su dogma religioso”.

¿Y cómo la hija de un obrero metalúrgico de Langreo acaba siendo la última de nuestras compatriotas que habla y comprende una lengua tan antigua y lejana? Eso es lo que trata de contar María Roces en estas dos horas de entrevista en una habitación del hotel Asturias de Gijón, con vistas a la Plaza Mayor, en una tarde de tormenta.

Me gustaría aclarar una coincidencia llamativa antes de empezar la entrevista. En Soto de Agues, la aldea de tu madre y en la que vives desde hace unos años, nació otro célebre traductor, famoso por ser el primero en traducir “El Capital” al español, que, además lleva tu mismo apellido: Wenceslao Roces. ¿Hay alguna relación familiar entre vosotros?

No, no, porque mi apellido es de Langreo. Mi padre es de Langreo, no de Soto de Agues. Sí que hay otros Roces en Soto de Agues y en el concejo de Sobrescobio. Incluso en Madrid me preguntaban mucho si era familia de Wenceslao Roces. Pero no solo Wenceslao Roces. Hay otro traductor excelente que se llama Juan Prado, que era sacerdote redentorista, y que nace en el mismo año  que Wenceslao. Prado traduce nada menos que el Nuevo Testamento y los Salmos desde el griego. Es una traducción excelente, porque las traducciones de la Iglesia son lo mejor. Yo digo que ambos traducen libros sagrados: uno de la Internacional Comunista y el otro de la Iglesia Católica.

Naciste en Langreo en 1952, ¿familia minera?

Mi padre trabajaba en ese momento en la mina. Después, como mi tío era anarquista, de Langreo, y estaba en Casablanca, desde mis 2 a mis 5 años vivimos en allí, en Marruecos, cuando todavía era protectorado francés. Mi padre se fue a París, y mi madre y yo vinimos a la aldea. Cuando llegó mi padre, en vacaciones, mi madre se negó a ir a París. Nada más venir de París mi padre entró a trabajar en ENSIDESA, en Avilés, y ahí viví yo de los 8 a los 21 años, que era cuando en el franquismo las mujeres tenían la mayoría de edad.

¿Tu padre estaba politizado?

Mi padre era socialista sin partido. Republicano, ateo, anticlerical sobre todo. Era rojo. Mi madre no. En la familia de mi madre no solo son de derechas, sino que tiene dos hermanos asesinos de maquis. Dos de los de la brigadilla y del somatén, de los represores que persiguen a los maquis hasta el año 52, eran hermanos de mi madre. Yo digo que son familia de mi madre, no mía. Ellos están bajo el mando de Gutiérrez Mellado, que era el jefe de la represión en Asturias. Él queda luego como si fuera un héroe cuando entran los guardias civiles en el Congreso de los Diputados. Pues él era el jefe de la represión en Asturias hasta el año 52, que Asturias está en estado de guerra. Yo justo nazco cuando termina el estado de guerra.

¿Y cómo acaba un tío tuyo, anarquista, en Casablanca?

Al finalizar la guerra se va desde Valencia hasta el norte de África, que todavía era protectorado francés. Nosotros estuvimos allí entre mis 2 y 5 años, y nos tenemos que volver cuando los marroquíes consiguen su independencia y empiezan las movilizaciones contra Francia, no recuerdo en qué año…Nosotros venimos a España y él y su familia se tienen que ir a Buenos Aires. Ese sí que era minero. Nacido en Cabrales, pero se casó con mi tía, que era de Langreo y trabajaba allí en una mina.

¿Recuerdas algo de la infancia en Casablanca?

Yo ni idea, porque tenía de 2 a 5 años. Sé que cuando yo llegué a la aldea todo el mundo me decía“nena, canta en francés”, y yo cantaba en francés. Pero vamos, que tampoco tengo grandes recuerdos, y los que conservo debe de ser por las fotos que he visto y cosas así. Bueno, recuerdo que yo llego a la aldea y digo“¡ah, como mi tío vea aquí estos crucifijos y estas cosas!”. Yo siempre he sido atea, desde pequeña, por mi padre también. Mi padre me castigaba cuando suspendía sin ir al cine, y me decía “como yo te vea ir a misa, o con los curas, o que les llamas hermanos o padres, no vas al cine en tu vida”.

Tenías 10 años cuando fue la gran huelgona del 62, de la que se celebra estos días el sesenta aniversario, ¿recuerdas algo de aquellos días?

Tengo el recuerdo de ir de Avilés a la aldea, que se tardaba un día en tren, y parar en Sama, de donde era la familia de mi padre. Y ahí nos contaban lo de las huelgas, porque no se daba en los periódicos y no se sabía absolutamente nada. Llegábamos a Sama y nos contaban los cortes de pelo, la represión y todas esas cosas. Algunos de la familia de mi padre participarían, porque eran mineros. La familia de mi madre es del microcampesinado de Sobrescobio, que en el siglo XVI se emancipa. Eran las tierras de la orden de Santiago, y hay una subasta en la que ellos compran su libertad y su emancipación. Son como campesinos libres, y entonces para ellos lo del comunismo era que iban a llevarse las cuatro vacas que tenían o el trocito de tierra. El concejo sí que era de izquierdas, pero en Soto de Agues eran muy de derechas. Después de la guerra no había ni un rojo: se habían ido a Francia, a algunos los habían fusilado y otros estaban en la cárcel. Pero mi educación es de izquierdas por mi padre. Mi madre pasaba, le daba igual. No me alecciona, ni me manda a misa ni reza ni nada.

María Roces FOTO: David Aguilar Sánchez

Te vas a Oviedo a estudiar comercio que, según dices, no te interesaba lo más mínimo. Imagino que tampoco sería imposición paterna, por lo que cuentas de cómo era tu padre, ¿por qué, entonces?

Yo repito cuarto de bachiller o algo así, y voy a una academia en la que tenía un profesor que daba comercio y peritaje mercantil. Y ahí paso de suspender y quedarme sin cine a aprobar todo, y de pronto digo “esto es un chollo”. Estudiar libre significaba que yo podía estar, como he estado toda mi vida, leyendo novelas y de todo, y preparar los exámenes el último mes. Hago tres años de peritaje mercantil en dos. Mi padre alucina. En ese momento están todas las asambleas de Filosofía y Letras. Yo sigo en peritaje mercantil pero me importa tres narices. Casi no iba a clase. Solo me interesaba la de alemán. Me paso ,la vida en las asambleas de filosofía, en las reuniones políticas…

¿Ya te interesaba la literatura?

Desde siempre. Yo recuerdo en la aldea de leer, cuando no había libros, y leía el ABC entero. Mi padre era lector. Era un obrero metalúrgico y apenas había libros en casa, más que los que él había usado en Mieres para estudiar en la escuela de capataces o algo así. Su hermano, como él decía, dio escuela, y teníamos algunos libros, como una enciclopedia de principios de siglo con ciento y pico volúmenes. La que empezó a meter libros en casa fui yo. Incluso recuerdo que no compraba los libros de texto y compraba “Rayuela”, de Cortázar. Lo recuerdo perfectamente en Oviedo. Me daban dinero para el libro de texto y yo pasaba y compraba novelas. Así empecé a montar biblioteca. Recuerdo a mi padre pintando las ventanas y yo leyéndole el Quijote, que le encantaba.

Llegas  a la Universidad de Oviedo en el muy simbólico año de 1968, ¿qué recuerdas de aquella universidad y del ambiente social y cultural de la ciudad?

Recuerdo una vez que fuimos a montarle el pollo a Gustavo Bueno. Entramos en clase, allí no cabía un alfiler, y él decía “las mujeres son fuerzas productivas”. La bronca era monumental. Yo no era del FRAP entonces, pero los del FRAP una vez le tiraron pintura o no sé qué pasó. Yo iba a las asambleas. Me acuerdo de uno del PCE que siempre empezaba las asambleas: “Cuando las pistolas salen a la calle…” Pero había de pronto reuniones clandestinas, e ibas a las reuniones. Por ejemplo, cuando echan de la Universidad a García Calvo, a Tierno Galván y a Aranguren, hicimos una asamblea en la que la poli nos sacó con dos filas de polis dando leches. Asambleas continuamente, y manifestaciones por la calle. Todo eso para mí es la canción de María del Mar Bonet (empieza a canturrear): Què volen aquesta gent Que truquen de matinada? Encima es que en esa época proliferan los pisos de estudiantes. Entonces tenían un ligue o estabas con 200.000 en una casa de estudiantes. Yo vivía en Avilés, iba y venía todos los días en el tren, pero a veces me quedaba allí. Era un sitio totalmente distinto. 

Hubo una manifestación en Oviedo en 1968 contra la guerra de Vietnam en la que la policía torturó en comisaría a algunos de los estudiantes detenidos. Pablo Alcántara, un historiador asturiano que acaba de publicar un libro sobre la Brigada Político Social (BPS), cuenta que esa fue la única vez en la que se estuvo de sentar en el banquillo a miembros de la BPS, entre ellos al mismo Claudio Ramos

Es muy bueno ese libro, sí. Yo eso lo recuerdo, pero no participé. Yo no iba a clase prácticamente. Me pasaba el día en reuniones o en la facultad de filosofía. Lo de Gustavo Bueno era porque sacaba todo su departamento a la calle y soltaba un discurso. Pero lo hacía siempre para epatar, y entonces decía cosas, como después dijo lo de Gran Hermano, y se montaban unos follones terribles porque no estábamos de acuerdo o yo qué sé. Hay que armala y hay que armala.

Además de la militancia política, ¿había también efervescencia cultural y vida nocturna en el Oviedo de aquellos años?

Estabas hasta las 3 o 4 de la mañana hablando de cine, de literatura…Todo el santo día con los amigos y los compañeros de curso hablando de toda clase de cosas. Pero no en bares. Ibas a pisos de estudiantes fundamentalmente. Yo venía por la mañana  a clase y muchas veces no iba. Íbamos al cine de arte y ensayo, que empezó entonces, o hacíamos dedo y nos íbamos a Mieres, o a donde fuera, de excursión. Es que aquello era sobre todo no dormir y estar toda la noche discutiendo y hablando de marxismo. Había sacado Alianza algún librito de Marx de los primeros, del Marx joven, los Manuscritos y todo eso, y era todo el santo día con eso.

¿Llegaban clandestinamente esos libros?

No, no, yo recuerdo leerlos en el 70 o así, y los comprábamos. Todo lo que leías, todo el cine que veías…era una discusión perpetua. El mundo universitario bullía, y la clase era lo de menos. La universidad la vivías hablando de todo lo que te importaba con tus amigos y con gente que aparecía en una casa y había allí una especie de asamblea. Hay gente que luego han sido actores, y un montón de gente conocida, que las conocí entonces.

¿Y qué hay del feminismo y la revolución sexual?

Claro, claro. Es que lo que yo no entiendo lo de ahora, y se lo digo a chavales jóvenes marxistas-leninistas: “¿pero es que no ligáis?” “No”. No entiendo nada (Risas) ¡Yo con 15 años tenía un problema moral porque era virgen! Y me parecía aquello un horror, una locura.

“Yo comunista he sido siempre, otra cosa es que Albania de Hoxha  no tenía nada de comunista”

¿Drogas?

Eso yo no. Eso de perder el control, jamás. Pero tampoco había. Bebíamos como cosacos, pero no recuerdo que hubiese drogas. Eso llega después. En la época de Oviedo yo creo que nadie se drogaba. Yo llegaba a casa el fin de semana, después de haber estado toda la semana por ahí, y no salía. Mis padres decían: “qué niña más rara”.

En el año 73 te marchas a Madrid, ¿lo haces para continuar con tus estudios?

No, no. Mi padre me decía: “Si yo no fuera tu padre, te diría que no te cases nunca y te vayas a conocer mundo”: Totalmente de acuerdo. En el 73 yo cumplo 21 años y me emancipo, porque me permite el franquismo irme de casa. Entonces yo me voy a Madrid. Tenía una amiga que vivía allí y alquilamos un apartamento en Ópera y allí me quedo. Ni a estudiar ni nada. Daba clases particulares y eso. Tenía una especie de ligue que estaba en Madrid, en el San Juan Evangelista, y me dice “oye, hay un compañero que está haciendo la mili y necesita guardar propaganda en otro sitio”. Y le digo: “pues que la traiga”, y nos trae propaganda del PCE-ML: las norma de clandestinidad, el primer congreso y no sé cuanto más. Casualmente, este ligue me regaló a mí El Capital. Es que a mí me han regalado El Capital todos mis ligues (Ríe) Justo lo estábamos leyendo mi amiga y yo en plan sumergiéndonos en él. Y todo coincide, porque me dicen que si puedo llevar esa propaganda a no sé quién, y esa es la primera cita clandestina que yo tengo. Eran panfletos y todo eso, y cuando voy es nada menos que cuando el atentado de la calle Correo, no se me olvidará en la vida. Yo voy desde Ópera y me encuentro con la Puerta del Sol llena de gente levantando el brazo, y yo con la propaganda. Ahí es cuando me dicen, “oye, ¿podéis tener una vietnamita en casa?”, y así empezamos. Ahí pedimos la candidatura, creo que estoy hablando del 74, y ya repartimos propaganda y nos mandan hacer panfletos para la Universidad Complutense, para la FUDE, que era la Federación Universitaria Democrática Española. Ahí es ya cuando paso a la clandestinidad.

¿Eliges el PCE-ml por una cuestión doctrinaria o ideológica, o es por pura casualidad?

De puta casualidad. Yo era anticlerical, roja y ya era marxista, porque yo leía a Marx. Entonces vienen unos comunistas, que son marxistas leninistas…pues ya está. Había que pelear contra Franco, eso era lo importante. Pero si llega a venir la Liga, lo mismo. Encima los de la Liga eran mucho más simpáticos que los del PCE-ml. Coincide que este amigo nos da la propaganda, y a mí lo que me fascinó era lo de lo de las normas de clandestinidad. Aquello era la hostia.

María Roces FOTO: David Aguilar Sánchez

¿Cómo eran esas normas?

Pues para llegar a Ópera no podías bajarte en el metro de Ópera, y cambiar de calles para ir a casa, comprobando que no te siguieran. Nosotras teníamos un aparato de propaganda, que era la vietnamita. Para repartir los panfletos te pasaban una cita, y tenías que ir a tal calle y dar la contraseña. Alguien te preguntaba una cosa normal, “¿sabes dónde está la Plaza Mayor?”; y tú respondías, “no, está en la Luna”. La pregunta era normal, pero tú tenías que contestar una cosa absurda, y esa era la contraseña. Después había una cosa importante, que era la cita de paso. Tú tenías una célula, en la que te conoces con cinco, y tenía un responsable, que a su vez tenía relación con los de arriba. Ese responsable tenía que saber que tú no habías caído, que no te habían detenido. Entonces la cita de paso era que un día de todas las semanas, a las cuatro de la tarde, tengo que pasar por el número no sé qué de la calle no sé cuánto. Y ahí estaba a en punto, por eso yo llego siempre puntual a todas las citas(Ríe)

¿Y ahí estaba el responsable de la célula?

No, no, yo no le veía. Él tenía que comprobar que yo pasaba, porque si no pasaba podían haberme detenido. Entonces tenía que dar la voz de alarma y todo el mundo a correr, y a cambiarse de casa y esas cosas.

Es decir, tú en el partido conocías únicamente a los de tu célula

Solo, sí, y además con nombres de guerra. Yo he tenido cantidad de nombres falsos, ni me acuerdo. Tampoco podías decir de dónde eras, ni qué hacías ni dónde trabajabas ni nada. Para las reuniones siempre andabas con papelitos que luego se quemaban o te los comías, que se escribían en clave. Las citas que tenía como aparato de propaganda las tenía apuntadas: el lunes en no sé dónde, la contraseña es esta, y más o menos la escribías en jeroglíficos o una cosa así. Después de la vietnamita nos vamos a una casa en el barrio de San Ignacio de Loyola, en Latina, y ahí ya tenemos una multicopista, que la habíamos expropiado del Centro Canario. Problema con esa multicopista: tirar el papel, la tinta y los clichés electrónicos, que creaban un montón de basura. Entonces te pintabas las uñas, que las tenías todas negras, te pintabas la cara, te vestías, cogías una maleta y te ibas al otro extremo de Madrid a buscar una alcantarilla. Yo iba mucho por la zona del Palacio Real a tirar eso. Estamos hablando casi del 75, que la represión es terrorífica. Comprar papel era un problema. Si comprabas 500 folios, te pedían el carnet para decírselo a la policía. Entonces tú llegabas y decías: “Vengo del colegio tal y necesito 324 folios”…Y los clichés, tela, o la tinta, porque estaba controlada por la policía. Había cuatros sitios donde se vendía. Uno de ellos, me acuerdo perfectamente, en la calle de la Bolsa. Y te decías, “bueno, mira, yo tengo que comprar esto, ya veremos si salgo de aquí o no”.

¿Alguna vez te detuvieron?

No, curiosamente no. Me siguieron, incluso Billy el Niño. Me siguió en el 75, ya después de los fusilamientos, que yo me tuve que ir para Valencia. Yo estoy en una cita y viene Billy el Niño. Estoy en la cita, el camarada no aparece y veo a un tipo que me mira y tal, y luego yo sé que es Billy el Niño. Yo no le digo nada, cojo un taxi y me pierden en el barrio de La Concepción. Luego me dijeron que me largase inmediatamente, que me estaban buscando siete sociales, no se me olvidará.

“Volvemos de Albania y es evidente que aquello es una dictadura. Se lo dijimos al partido, y ni puto caso”

¿Tenías compañeros en la cárcel?

En el 73 detuvieron a un montón, y en el 75 no veas. Yo me acuerdo de estar haciendo panfletos y ver a los detenidos en la tele. Y luego a mí me tocan los fusilamientos, que estoy en Madrid. Los últimos fusilamientos, y tres de ellos son del FRAP. Eran trece penas de muerte, y de esas once eran del FRAP: el que era mi responsable del aparato de propaganda, Pablo Mayoral; Concha Tristán…Cuando vienen las caídas en el 75, cuando los fusilamientos y los juicios, detienen a muchísima gente y nos quedamos descolgados. El problema era ir contactando con otros camaradas de otras células y mandar a alguien a Francia a contactar con la dirección del partido. Mientras tanto, nosotros seguíamos haciendo panfletos, denunciando las penas de muerte y esas cosas. Las detenciones esas son monstruosas, y ahí es cuando iban a por mí, pero me perdieron.

Entiendo que en esa vida clandestina, en la que no tenías contacto con otros compañeros del partido más allá de los de la propia célula, era difícil que hubiese debate interno en el partido, ¿no? Me refiero a una discusión programática abierta sobre los principios y objetivos del PCE-ml

Lo tenías en la célula. En el Vanguardia Obrera había articulos ideológicos, y en las reuniones de célula, que duraban un huevo, era un rollo aquello, discutías de lo que decían: de la política estatal, la política internacional…La gente del PCE-ml tenía una formación que yo no conozco en otros partidos. Es verdad que muchos no eran, como nosotros, universitarios, pero tenían formación libresca de haber leído a Marx y tal. Incluso gente que venía del campo, analfabeta, como Cipriano Martos, que lo mataron dándole a beber un cóctel molotov, empieza a leer y se alfabetiza. Eso era muy importante. Porque ten en cuenta que nosotros habíamos salido en el 64 de una fracción del PCE. El PCE-ml sale contra la reconciliación nacional, el pacto por la libertad y todo eso. En el PCE en ese momento estaban diciendo que el Papa era muy bueno, y las encíclicas y no sé cuanto. Nosotros éramos antisoviético y  estábamos contra el Pacto de Varsovia. Primero estábamos con los chinos, pero nos dura media hora, porque era imposible lo de los chinos. Cuando nos decían: “perder, perder, perder hasta la victoria final”. ¿Pero qué coño es eso? Entonces somos maoístas un ratito. Pero no, que no, que los españoles no podemos ser maoístas. Es imposible.

¿Cuántos militantes tenía el PCE-ml y en qué zonas de España tenía más fuerza?

No tengo ni idea, nunca lo he leído. Hubo un momento en el que éramos la alternativa al PCE para la gente que peleaba. Tú imagínate: en las primeras manifestaciones democráticas los del PCE aplaudían a la policía, tío, que aquello era una vergüenza. Es que no podía ser. Y nosotros decíamos, “y una mierda”. ¿Cómo que nos pegan en el 1 de mayo? Y una mierda, nosotros vamos a por el poli e incluso muere uno. Eso llama a un montón de gente joven y de la universidad que quiere caña. Que sí, que damos caña, que a mí no me pegan estos. Es que había células en toda España, y no solo en la universidad. En las grandes fábricas en Madrid teníamos un problema con el PCE porque ahí, sobre todo en los comités de empresa, tenía mucho poder. Yo recuerdo en Isodel una bronca con los del PCE pegándonos a hostia limpia. Ellos eran los revisionistas y nosotros éramos un desecho social porque cuestionábamos la mierda esa de la reconciliación nacional. Y encima, claro, decíamos lucha armada, así que imagínate.

Eso quería preguntarte, sí, ¿cuál era la relación del partido con el FRAP?

El FRAP se monta cuando yo entro, más o menos. Se supone que era el PCE-ml, que lo dirigía, y luego la UPA, la organización de intelectuales y artistas, la universidad…una serie de funciones que entraban en un frente revolucionario. Quien realmente plantea la lucha armada es el PCE-ml. Otra cosa es que el FRAP fue más conocido porque salía en los periódicos. Todos los del PCE-ml éramos además del FRAP, pero el FRAP es el que plantea las acciones armadas, aunque las apoya. Quedó como si fuese el brazo armado del PCE-ml, y no es cierto. El FRAP lo dirige Álvarez del Vayo, que había sido ministro en la República, pero era el PCE-ml.

Tuvisteis un papel importante en la huelga de actores del 75, ¿es así?

Sí, sí, sí. Con la UPA, la Unión Popular de Artistas. Detienen a Rocío Dúrcal y todo. Eso lo montamos nosotros, pero no solo eso. Montamos cosas más maravillosas, como la primera manifestación de ciegos, que tenían muchas reivindicaciones para la ONCE. ¡Eso fue genial! ¿Tú sabes lo que es una manifestación de ciegos? Aquello era la corte de los milagros, y la poli pegándole a los ciegos. Yo en el 75 estuve durmiendo en no sé cuantas casas de ciegos, cuando tenía que escapar y estar cada día durmiendo en un sitio. Y en casas de ciegos tirábamos panfletos dentro del armario. Teníamos hasta una organización de enterradores, en Sevilla. Esas cosas son geniales. Ramón, cuando va en el año 70 y algo a Valencia, el PCE-ml llena Valencia de carteles declarándole la guerra a la Sexta Flota americana, que estaba en Valencia. ¡Es muy fuerte! Es maravilloso (Rie) Si veíamos a un marine había que atizarle. Éramos muy divertidos.

¿Algún militante conocido del PCE-ml? Si no me equivoco, Chicho Sánchez Ferlosio estuvo en el partido, ¿verdad?

Chicho Sánchez Ferlosio estuvo incluso en Radio Tirana un rato, hasta que dijo “¿qué es esto?” No le conocí, pero sus canciones nos las sabíamos de memoria. Por ejemplo, Bernardo Fuster, grababa unas cintas que teníamos todos, y su nombre de guerra era Pedro Faura. Ahora está haciendo conciertos con el nombre de Pedro Faura, recuperando su nombre de guerra y con todo el tema de la memoria histórica. Luego Manolo Blanco Chivite, que era uno de los condenados a muerte; Pablo Mayoral, que está dirigiendo lo de La Comuna y la querella argentina…Mucha gente nuestra sigue haciendo cosas muy interesantes en las universidades o en la memoria histórica.

A Ramón lo conoces en el año 77 en un piquete en Valencia

Sí, pero antes hubo un congreso en París, y ahí estaba Ramón. Fue la primera vez que le vi. Yo estaba como sentada aquí y él ahí. Era del comité central, pero le destituyen y le mandan a Valencia. Yo le conozco en el 77 en un piquete de huelga, sí. Yo estaba siempre en aparatos de propaganda, pero era un rollo, y a veces te escapabas y te ibas a una mani o a un piquete, aunque estaba prohibido y luego me echaban una bronca del copón. Entonces un día me dicen que tengo que ir a Morella, y en el autobús de vuelta a Valencia empiezo a hablar con Ramón, “oye por qué no te vienes a casa y tal..”, y ya está. Empezamos a vivir juntos al poco tiempo. De ahí nos propusieron ir a Euskadi, de Euskadi otra vez a Madrid y de Madrid a Tirana.

¿A qué fuisteis a Euskadi?

Yo en aparato de propaganda, como siempre, y Ramón de responsable. Fue cuando la huelga de Euskalduna, que había unas huelgas del copón y me acuerdo de los obreros tirando bolas de acero en el puente…a esos líos fuimos a Euskadi. Luego volvemos a Madrid y es cuando nos ofrecen ir a Albania. A Albania iban parejas desde el año 64. Van Lola Galán, una periodista de El País que no era del PCE-ml, pero que fue con su marido, Catalan Deus, también periodista, y estuvieron en Radio Tirana. Nosotros vamos del 80 al 84, y vamos clandestinamente, porque nuestro partido no lo legaliza hasta el 81. Además es que hacíamos expropiaciones de bancos para financiarnos, entonces imagínate. Yo no, ¿eh? Yo siempre con la propaganda, siempre escribiendo el periódico.

¿Cuál era el apoyo que le daba Enver Hoxha al PCE-ml?, ¿os enviaba dinero?

Una miseria. Era reconocerlo como partido hermano. Para Enver Hoxha era importante tener partidos marxista-leninistas, aunque fueran pequeñitos, porque así él vendía de cara a su gente que no estaban aislados. Y para los dirigentes del PCE-ml, imagínate. Al Raul Marco le recibían como si fuera un jefe de Estado. Eso no lo sabían los obreros, no sabían lo que pasaba allí. Otra cosa es cuando tú vas a Albania y al cabo de un año ya sabes albanés y dices: “Ostia, si yo hiciera aquí lo que hago en España, ya me hubieran fusilado”.

¿Cuánto dinero mandaba?

Pues una miseria, una cosa ridícula. A lo mejor eran 3000 dólares, y no siempre.

¿Cómo llegasteis a Albania en vuestro primer viaje?

Fuimos a París y allí los albaneses nos daban los visados. De París a Belgrado, y de Belgrado a Tirana. Todo eso en avión y con pasaporte falso, que Ramón los hacía muy bien. Y cuando llegamos a Tirana, en el mismo aeropuerto, nos dicen que cómo nos queremos llamar para hacernos un carnet, una especie de pasaporte rojo, con el nombre falso también. Allí había un montón de gente clandestina de partidos marxistas-leninistas: iraníes, turcos, brasileños…Allí en Albania me llamaba Karmen González, Karmen con K, y Ramón era Carlos Sánchez.

Escribiste la gran impresión que te causó aquel primer viaje a Albania: “Tenía la impresión de haber vuelto a la España de mediados o finales de los años sesenta, a la aldea de mi madre”

Sí, por la forma de vestir o por la forma tan cariñosa como te acogían. Decías “bueno, aquí hay un atraso económico, pero esto es como lo que yo he visto en los años 60”. A los alemanes imagínate lo que les parecería, pero a nosotros, pues bueno, yo esto ya lo he visto…Además, aparentemente era muy importante el igualitarismo, o eso era lo que te creías. Veías cosas muy raras, pero tampoco entendías nada. Vale, esta gente salió de la Segunda Guerra Mundial, eran cabreros, la industrialización la trajo el partido, no sé qué…Todo lo justificabas, lo justificabas pero no tenías ni puñetera idea. ¡Tú ibas al único país socialista del mundo!

¿En aquel viaje os enseñaron todo el país?

No, todo el país no. Te enseñan lo que te tienen que enseñar. Si te llevan a una aldea te llevan a ver a los del partido de la aldea. Te enseñan lo mejorcito, la plaza mayor, pero no te meten nunca en un barrio. Eso ya lo vimos luego, cuando no vivía descubrí mucho más cómo era de verdad. En ese viaje fuimos a Korca, Gjirokaster, a las ciudades grandes. Solo una vez fuimos al norte, y fuimos con un huevo de gente, la mitad de la Sigurimi. Ibas allí y estaba viendo los laguitos, o viendo el cordero que te daban, pero no veías ni a un puñetero albanés de verdad. Ibas con todo el aparato de la radio, el aparato del comité central, el aparato no sé qué, los de la Sigurimi…pero de nada te enterabas.

“La traducción es un puente cultural”

Conocí Albania este verano, y mi impresión fue exactamente esa: la de viajar a la España de veinte años atrás, a la España de mi infancia, por la ropa, los coches, la música…

Sí, sí. Es que como ellos han abandonado el campo hace tan poquito…Es un poco lo que pasa también en Asturias. En Asturias mi padre era obrero, toda la vida lo ha sido, pero tenía relación con la aldea, con la vaca…esa cosa en Albania se nota. Hay un calor de la cultura campesina muy cercano. Tienes que entrar en una casa y tienes que comer hasta arriba, igual que cuando yo iba a casa de mis tías en Soto de Agues.

Has escrito también que visteis “lo que los responsables albaneses querían que vieran y que ellos mismos estaban deseando ver y, sobre todo, creer”

No teníamos ni idea. Con lo cual, esto es una empresa agrícola estatal, a estos los han mandado a estudiar…Sí, los habéis mandado a estudiar, todo el mundo es feliz y come perdices. Como no puedes hablar con ellos, porque no te dejan, no nos dejaron nunca, pues era verdad. Hasta que sabes albanés. Ramon se niega, pero yo voy a la escuela del partido y preguntaba: “A ver, lo primero, ¿por qué dijo Dimitrov que había que montar la federación balcánica? Y el profe: “El camarada Enver dijo…” Y yo: “¿Dónde está el libro de “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”?”. “El camarada Enver…” “¿Pero como que no hay plusvalía en el socialismo?” “No, porque la clase obrera está en el poder y tal…” Problema: ¿cómo haces la dictadura del proletariado sin proletarios? ¡Había cabreros! Y en las ciudades había artesanos. Habría tres obreros, pero tres obreros en un taller mecánico o unos herreros, y a lo mejor alguna fábrica.

Se ha dicho que el régimen de Hoxha tenía más de caudillismo nacionalista y autoritario que de comunista

Era un puñetero clánico. Aguanta por la importancia que tiene la familia allí. La familia importante es el clan, que decide con quién te casas  y esas cosas, y todavía es así ahora, y eso es lo que era Albania. Era una sociedad absolutamente clánica y llegan estos diciendo que eso es marxismo. No tenía nada que ver con el marxismo. Pero eso lo sabes cuando vives allí. Y sobre todo lo que veías era la dictadura del partido.

O del propio Hoxha más que del partido, ¿no?

Sí, pero Hoxha es que era el poli bueno. Encima como era un dandi pues… ¡Ay, el tío Enver! Y como además se iba cepillando a toda su camarilla…Lo peor que podías ser en Albania era Ministro de Interior, ¡no quedó ni uno! Se los cepilló a todos. Entonces, la culpa de que no vayan bien las cosas es de estos, pero fijaros cómo me los cepillo. Era el despotismo absoluto.

¿Durante cuánto tiempo os estuvisteis creyendo que estábais en el paraíso socialista?

Un año, hasta que aprendimos albanés. Nosotros vamos en octubre del 80, y en diciembre del 81, el número 2, que había sido ministro del Interior, Mehmet Shehu, yo estoy en la radio, me ponen música y me dicen que lea una cosa, donde dice que se ha suicidado. ¿Cómo que se ha suicidado? Yendo para casa pensábamos que era un golpe de estado. Y la versión oficial-los compañeros de trabajo ni una palabra, prohibido-es que era un poliagente de los americanos, los rusos, de los yugoslavos… Entonces, el que había hecho todo bien de pronto es el culpable de todos los males. Resulta que todo era culpa de Mehmet Shehu, que había sido brigadista internacional en la guerra española ¿Y entonces este gilipollas lo tiene de número dos desde entonces y no se ha enterado? Fue eso, además de saber albanés. Entonces mi tarea en la célula de Tirana del partido era coger el periódico “La Voz del Pueblo” y ver todos los cargos que desaparecían de los actos públicos para decírselo al partido. Yo tenía una lista de los secretarios de todos los lugares, e iba leyendo el periódico y apuntando a los que no se nombraban, porque significaban que los habían purgado E informábamos al partido: Joder, tíos, aquí hay una purga de la hostia.

“Lo peor que podías ser en Albania era Ministro de Interior, ¡no quedó ni uno!”

¿Has leído “Barro más dulce que la miel”? Es un libro de una periodista polaca, en el que cuenta a través de varias entrevistas cómo era la vida en la Albania de Hoxha

Me han hablado de él. Pero hay un problema, que son los lugares comunes. Los que escriben para lo que tú quieres oír, y es una especie de caricatura. Es que aquello es mucho más serio y mucho más grave que la tontería que pueda decir un albanés que, como ahora aquí, resulta que todos son demócratas. ¡Anda, no me contéis películas! Estoy leyendo “El fin del Homo sovieticus”, de Svetlana Alexievich, para entender por qué Putin gana elecciones. Los rusos en eso son mucho más claros.  Es que había un montón de gente que se creía esto, y el problema es que el sistema era criminal. 

¿Tuvisteis algún encuentro con la Sigurimi? Tal vez una de las policías políticas más salvajes y despiadadas del siglo XX…

Porque eran unos zoquetes, joder, es que eran unos campesinos. Pon a los de Soto de Agues a hacer de Sigurimi (policía secreta del régimen), y a ver lo que pasa. Y claro, como tenían bula y podían hacer lo que les saliese, pues un horror. Hasta a nosotros nos ponían micros en casa, pero ya lo sabíamos.

¿Os espiaban?

¡Claro! Después de lo de Mehmet Shehu nos íbamos al sótano o salíamos fuera cuando teníamos que hablar de algo para decírselo al partido. Aunque en el búnker ese ponía “a los amigos no se le ponen micros”, ¿cómo que no? Luego Ramón llegaba al trabajo y oía lo que habíamos dicho en casa. Pero, claro, tú coges a gente sin ninguna formación y le dices que tiene derecho a chivarse de todo el mundo, y además si te chivas tu hija tiene derecho a estudiar…Estamos hablando de una sociedad campesina, no había ninguna conciencia de clase ni de nada. Había cuatro intelectuales, que todos habían sido purgados, igual que los brigadistas internacionales. En la Unión Soviética lo mismo. De todos los que de verdad fueron comunistas no quedó ni uno.

Museo de la Sigurimi, en Tirana FOTO: Bernardo Álvarez

¿Cuál era vuestro trabajo en Radio Tirana?

Nos traían la programación en albanés y había tres traductores albaneses a las que les habían enseñado español las primeras generaciones: Lola Galán y Catalan Deus y esos. Esos eran los que traducían del albanés, y nosotros hacíamos corrección de estilo y locutábamos. En la casa editora, Ramón hacía lo mismo: corrección de estilo y, luego, cuando ya sabía albanés, sí que traducía algo. Dábamos clase a los albaneses que querían saber español, recibíamos clase de albanés y escribíamos. Llegaban los periódicos, El País y los de aquí, como con quince días de retraso. Escribíamos también artículos para la radio, pero eso pasaba o no la censura, dependía. Luego Ramon, que tuvo mucho contacto con intelectuales, escribía muchas cosas sobre escritores albaneses y así.

Mano de María Roces FOTO: David Aguilar Sánchez

Las traducciones al albanés de Marx, Engels y otros textos comunistas se hacían en función de los intereses del régimen. Todos los matices debían ajustarse a las necesidades del partido en ese momento. Cuentas esa anécdota de la pelea que tuvo Ramón con la editorial porque defendía que la traducción correcta de la famosa frase de Marx era “la lucha de clases es el motor de la historia”, y no “la lucha de clases es un motor de la historia”, que es como querían traducirla, como para dar a entender que había otros motores de la historia: la nación, el partido, el líder…

Eso le ha pasado a Juan Prado en el Vaticano y a Wenceslao Roces cuando estuvo en la URSS. Se ponía lo que tocaba, lo que tenía que poner. Si ese libro iba a ir fuera de Albania, según cómo corrieran los vientos se cambiaban cosas o no. Una locura. Es que luego el que censuraba no sabía español. Pues tres días de discusión para ver qué había que poner. Ramón decía una cosa, los albaneses decían otra.

¿Tradujiste incluso al propio Hoxha, no?

Claro. A Ramon le tocó traducir no sé cuántos libros suyos, y yo leyéndolos en la radio ¿Tú sabes lo que es leer en una emisión de media hora un libro de Enver Hoxha? 

¿La palabra de Hoxha era la palabra de Dios?

Sí, pero se cambiaba según conviniera.

¿Conocisteis personalmente a Hoxha?

Sí, sí. En casa, que eran unas villas prefabricadas, monísimas, nosotros, y todos los demás, teníamos una señora que nos hacía la comida. Luego había uno que era el carpintero, que hacía arreglos y esas cosas. Pues un día nos invitan, en el año 80, al Palacio de las Brigadas, que había sido el palacio del rey Zog, a una recepción de los obreros destacados, las ordeñadoras destacadas, las madres heroínas porque tenían quince hijos…un rollo de esos. Y nos invitaban a los marxistas-leninistas, y ahí nos saludó Enver Hoxha. Ese día también nos saluda a nosotros, a los españoles, Mehmet Shehu, a quien Ramón había visitado en su casa a darle el carnet número 1 de nuestro partido. Y de pronto me veo yo, entre todos los destacados, al carpintero. Y digo, ¿qué coño hace este tío aquí? ¡De la Sigurimi!

¿Teníais permiso, por ejemplo, para ir al centro de Tirana y pasear a vuestro aire?

Sí, íbamos al cine y tal. Los españoles lo llevábamos fatal, porque salíamos del cine y no podías tomarte nada. Allí a las diez de la noche ya no había nada. Por ejemplo, no podías ir a casa de los compañeros de trabajo. Para que ellos te pudieran invitar tenían que pedirle permiso al comité central. Y ellos, para venir a nuestra colonia, lo mismo. Era dificilísimo que les dejaran. Cuando montábamos una fiesta dejaban venir a algún traductor, pero solo a los que ellos tenían claro que eran puros.

Fiesta marxista-leninista en Tirana: María tocando palmas, y Ramón a la derecha

Decías que desde el principio veíais cosas raras en Albania

Vamos a ver, es que tú ibas a un sitio en el que había viñas, y preguntabas, “oye, ¿por qué las viñas tienen una flecha arriba?” “Es para cuando vengan los paracaidistas” ¿Qué me estás contando? Y lo de los búnkeres, que era ridículo, y estaba todo lleno. Era una locura. O de pronto desaparecían tus compañeros de trabajo porque tenían que irse quince días a hacer trabajo manual, a cavar una zanja o a recoger tomates. Era obligado, para que no se les olvidara que, como supuestamente eran intelectuales, la clase obrera mandaba y el trabajo manual y no sé qué. Era como un mes y pico al año que no iban al trabajo y les mandaban a hacer el gilipollas. Nos enseñaban las fábricas, que estaban completamente obsoletas. Y yo, teniendo un padre obrero metalúrgico, con conciencia de clase, que decía “uno puede hacer una huelga, lo que no puede hacer es el vago en el trabajo” Pues allí ibas a una fábrica y te decías, ¿pero este qué hace? No había productividad. No había hábito de trabajo. Allí la historia era “mi padre era campesino, y yo ya entré a trabajar en la fábrica”. Claro, mi padre era obrero, hijo de minero y nieto de minero, clase obrera asturiana desde un siglo atrás, generaciones  de obreros, y cuando llega la lucha revolucionaria aquello funcionaba. Además es que es otro mundo. Yo recuerdo, de pequeña, ir a Sama, con mi padre, y aquella gente era de un planeta y los de Soto de Agues eran de otro planeta, y estaban a 30 kilómetros. No tenían nada que ver. Pues en Albania eso es lo que notabas, aunque eran cariñosísimos y encantadores.

La Albania de Hoxha fue el primer país oficialmente ateo de la historia.

Ellos tenían cuatro religiones: en el norte, católicos; mayoría musulmana; ortodoxos en el sur; y los bektashis, que son los más majos y me caen muy bien. Hoxha lo que hace es decir, “¡se acabó! Declaro al país ateo” Pues porque tú lo digas, muy bien. Es verdad que yo reconozco que, una atea y anticlerical como yo, cuando va a Shkoder y su catedral católica es una cancha de baloncesto, reconozco que dije, ¡de puta madre! (Ríe) Eran ateos, pero tenían una cosa muy vaticanista, que era, por ejemplo, ir al museo de los héroes de no sé qué en tal aldea, y allí tenían la camisa ensangrentada de cuando le dieron el tiro, el pelo de no sé quién… Eran las reliquias de allí. Nos descojonábamos.

Le afeas a tu partido que nunca haya condenado el régimen albanés

Cuando nosotros volvemos en el 84 es evidente que aquello es nacionalismo rancio, que es una dictadura, que hay represión. Y se lo decimos al partido, y el partido ni puto caso. El problema era que como a Raúl Marco le seguían recibiendo con alfombra roja, y era el jefe del marxismo leninismo internacional, entonces todo eso ls servía para subsistir. En el año 89, cuando se meten los albaneses en las embajadas y se escapan en los barcos a Italia,  volvemos a Albania y, por primera vez, nuestros compañeros de trabajo nos hablan de la represión. El marido de mi gran amiga en Radio Tirana, que era piloto de caza, me cuenta llorando cuando les obligan a disparar a la población, y ellos se negaron, porque les habían dicho que eran el ejército del pueblo, y el ejército del pueblo no puede disparar al pueblo. No subieron a los cazas. Ramón lo cuenta en el comité ejecutivo, y ni puto caso. Raúl Marco me pide una reunión y le digo que tenemos que romper con Albania, pero nunca se hace. Sabiendo todas esas cosas Raul Marco va a que lo reciba Ramiz Alia, que es ya casi al final. Ramón se va del partido en el 90 y yo estoy hasta el 92, y lo que estamos haciendo todo el rato es propaganda contra el régimen albanés. Era intolerable lo que pasaba, pero Raúl Marco era de lo que vivía.

¿Dejaste de ser comunista al volver de Albania?

Yo comunista he sido siempre, otra cosa es que Albania no tenía nada de comunista, y menos de marxista. Ellos el marxismo no sabían ni lo que era. Tanto es así, que me acuerdo que Kadaré le preguntaba a Ramon, y en serio, si el marxismo era importante. Carlos Marx es importantísimo en la historia de la humanidad, pero lo que a vosotros os han vendido como marxismo no lo es. Lo que teníais era una dictadura.

María Roces FOTO: David Aguilar Sánchez

Sigue habiendo hoxhistas en España. No sé si te suena el Frente Obrero, por ejemplo. Su secretario general, Roberto Vaquero, publicó en 2021 un artículo titulado “En defensa de Enver Hoxha y del PTA frente a los ataques vertidos sobre su figura en los últimos tiempos”

Sí, bueno, un iluminado. ¿Qué haría con esta gente? Mandarlos a vivir un ratito, solo un año, a Venezuela. ¡Nada más! Y los que defienden a Cuba, a Cuba. Pero a vivir en las condiciones de los cubanos, ¿eh?

No como delegados o turistas revolucionarios

No, no, no. Porque eso es lo que pasaba con Carrillo o con nosotros. A nosotros nos trataban como si fuéramos embajadores. Yo podría vender una Albania divina. Nos compraban la comida en la tienda de los embajadores, nos pagaban casi lo que ganaba Mehmet Shehu. Nos iba de cine, y no me quiero enterar de nada, ¿no? Vamos, no me jodas. Les mandaba incluso a la Albania de ahora. ¿Qué me estáis contando?, ¿qué sabréis vosotros? Lo que no puede ser es que tú te leas a Alexievich y digas que es  mentira todo lo que dice sobre la URSS. Porque ese libro es un reflejo de lo que pasaba en Albania, y en el este en general. Lo de Stalin lo vi claramente en Albania. El problema es que cuando llega al conocimiento, como te quedas solo, la gente quiere retroceder.  El problema luego es la soledad, porque yo no puedo comulgar con ruedas de molino cuando ya lo sé. Eso no quiere decir que no siga siendo comunista, otra cosa es que no haya visto el comunismo en ningún sitio, ni lo veré. Y no me arrepiento de nada, porque no participé en ninguna lucha armada, entre comillas. Porque llamarle lucha armada a pegarle un tiro a dos polis…pues tampoco es mucha lucha armada. Eso lo mandaban hacer los de Francia, claro, ¡no te jode!

Vuelves luego a España y acabas como presidenta de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Madrid durante varios años 

Cuando llego de Albania me mandan de presidenta de la asociación de amigos España Albania para hacer los viajes, actividades en defensa de Albania y esas cosas. Pero yo llego diciendo que no puede haber ningún militante que no esté en ninguna organización de masas. Es decir, que yo no concibo que haya un militante que venga a la reunión de célula a hablar por hablar pero no está en ninguna parte haciendo nada. Entonces yo estoy en la asociación de vecinos y declaran mi casa en ruinas, y ahí montamos un movimiento contra los desahucios por las casas en ruinas. Empiezo con esa batalla y fui durante 25 años responsable de urbanismo y rehabilitación urbana de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Madrid. En teoría eso todavía existe, pero lo peor que te puede pasar es que los supuestos tuyos lleguen al ayuntamiento, porque te desmovilizan.

Y en ese tiempo, ¿mantienes el contacto con Albania?

No, lo mantiene Ramón. Ramón iba cada dos años, o menos, yo ni voy. El último viaje que hice fue en el 90 o 91, que iba como guía, y ya no voy hasta 2009, cuando Ramon ya tiene cáncer. Y luego, después de morirse él, voy en 2013, en 2015 y ahora voy mucho. Este año dos veces, en noviembre y otra vez en diciembre.

Instrumento de tortura de la Sigurimi, en el Museo de Historia Nacional, en Tirana FOTO: Bernardo Álvarez

¿Cómo notas que cambió el país en esas dos décadas en las que no fuiste?

Pues no veo que haya cambiado. Salen de la dictadura al capitalismo de casino. Los 90 fueron una época horrible en Albania, era siniestra. Cuando vas al norte, por ejemplo, y dices “hostia, ¿y estas casas?” Pues es que cuando la guerra de Yugoslavia, como no podían pasar armas por Europa, se pasaban por allí. Los hermanos dejaban pasar las armas para matar a los kosovares.Y que es todo así. Como pasó en la Unión Soviética, la dictadura convirtió a mucha gente en amoral. La mafia albanesa es amoral. Eso de que cojas a tus primas y las pongas de putas en Italia o en Grecia me parece muy fuerte. Hay una amoralidad especial que no es solo la crueldad. Porque las mafias son crueles y matan, pero es cómo matan y cómo prostituyen a sus mujeres. Eso es una cosa curiosísima, que ni siquiera el capitalismo de aquí ha llegado a ese punto. Y la corrupción. Aquí tu no tienes que pagar por ir al médico. Aquí la corrupción está arriba, en la especulación inmobiliaria y eso. Pero a nuestro lado no hay corrupción, y allí está generalizado. Mi amiga me dice que es horrible, que tiene que aprobar a no sé quien porque es la hija de no sé quien. ¡Pues montad un puñetero sindicato! Esto es intolerable. El hijo de un ministro italiano no sé cuantas carreras compró allí. Lo que pasa allí en la universidad es intolerable. ¿Y por qué cojones no lo denunciáis? Claro, ¿a quién? No hay periódicos, no existe organización social. No ha habido nunca organización social. La que se supone que había la montó el partido. Los sindicatos no eran sindicatos, porque denunciaban a los obreros. La liga de escritores y artistas mandaba a los escritores y artistas a la cárcel. Las organizaciones para ellos son el terror, y así les va.

Conoces a Ismail Kadaré, el más famoso de los escritores albaneses, ¿verdad?

Sí, y cuando nosotros estábamos allí él lo pasó fatal. Lo conocía sobre todo Ramón. No se exilió durante la dictadura, sino poco antes de la llamada transición, porque vio que no cambiaba nada y se fue a París. Durante la dictadura pudo escribir y publicar siempre. Realmente Enver Hoxha le protegía. Primero, porque eran de la misma ciudad. Además Kadaré es el primer escritor que tiene éxito en Francia, así que no se le puede tocar o convertirlo en mártir o disidente. Además, en una de sus grandes novelas, “El gran invierno”, pone a Hoxha de personaje, que encima es buenísimo. “El gran invierno” cuenta la ruptura de Albania con la Unión Soviética. Cuando Hoxha va a la conferencia de los 81 partidos, todos llamándole de todo, la Ibarruri llamándole de todo, y él manteniendo el tipo rompe con la Unión Soviética. Eso es muy heroico. Claro, es por eso que parecía David contra Goliat, ¿cómo no iba a ser el único país socialista del mundo? Eso era una epopeya de la hostia.

¿Entiendes la traducción literaria como una forma de derribar estereotipos sobre los otros, sobre los que son diferentes?

Como un puente cultural, sí. Cuando la guerra de Yugoslavia, mis compañeros de la federación de vecinos, que eran del PCE, no sabían dónde estaba Albania: “Pero, los albaneses, ¿qué son?, ¿como los gitanos?” No se sabía nada de Albania. Además era un país cerrado, y era como si los albaneses fueran una especie de extraños seres salvajes. Una percepción de ignorancia absoluta, o de ignorancia atrevida,que es la peor. Y efectivamente, la traducción es un puente cultural.

Hasta donde sé, eres la única traductora española del albanés, ¿te supone una carga, una sensación de excesiva responsabilidad?

El problema de ser la única traductora es que, por narices, cualquier cosa que me encarga la editorial la tengo que hacer. Todos los que vais a Albania u os interesa Albania acabáis en María. Entonces me siento como un menhir albanés (Ríe) Cuando se muere Ramón, y todos los escritores albaneses, el primero Kadaré, y Fatos Kongoli, y Bashkin Shehu, se quedan “se acabó, ya no nos traducen al español. No hay nadie que nos traduzca”. Y aparezco yo, ¡no, tranquilos! Si yo no sé decir que no a nada colectivo, llevo toda mi puñetera vida en eso. Entonces lo que sé, lo doy. Si no, ¿para qué lo quiero?

Actualidad

3 COMENTARIOS

  1. Me ha encantado la entrevista. Conozco muchas “marías roces” y hasta yo mismo he sido un poco una de ellas. El turismo revolucionario era en general una gran mentira: la mayor parte de los brigadistas visitaban lugares adornados y en general no querían ver otra cosa.
    Con todo, como dije, me gustó la entrevista, porque prueba la ceguera de muchos ante el llamado socialismo real y ante el anticapitalismo más pueril. Y de esto último hay mucho en la actualidad.

  2. “Ellos han sido quienes trajeron a esta otra punta del Mediterráneo las voces…”. Anda, no sabía que Asturies yera mediterránea!

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí