Hoy todos somos Gerardo Iglesias

El fundador de IU, víctima de un accidente tras su regreso a la mina en 1989, ha decidido poner rostro a las listas de espera en la sanidad asturiana.

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Daniel Ripa
Daniel Ripa
Es psicólogo social y ex diputado de Podemos Asturies.

Hay días en que se te parte el alma. Esta mañana, en la que Gerardo Iglesias ha roto su silencio tras 30 años de odisea médica, ha sido una de ellas. Convocó a los medios frente al HUCA para clamar por el maltrato sanitario que él y miles de personas más están sufriendo por las crecientes listas de espera. Y también por el odio y el sectarismo que ha sufrido por determinados sectores políticos todos estos años. “No es sólo el dolor lo que me duele, me duele la indiferencia”, ha sentenciado.

Hoy para mí ha sido el reencuentro con un amigo al que desde la pandemia no había podido saludar. Déjenme explicar mi relación con él. Quedé fascinado desde el momento en que lo conocí en 2012. Él quería verme tras el 15M, porque estaba intrigado en qué pensábamos los jóvenes que entonces habíamos tomado las plazas. Yo, ansioso por entrevistar, tras un encargo de Atlántica XXII (Xuan Cándano había hecho de cicerone) a uno de los grandes políticos españoles, fundador de Izquierda Unida y el único diputado que volvió a trabajar a la mina después de estar en el Congreso. Su estilo lento de conversación y la apertura de mente de alguien que ya se acercaba a los 70 años me atravesó. Me pasó los apuntes de sus últimas charlas políticas en el Club de prensa de La Nueva España en los 90 donde con una tremenda clarividencia anticipaba algunas de las claves de lo que diría en 2011 el 15-M y de lo que años después llamaríamos “la nueva política”. ¿Cómo podía haberse anticipado dos décadas a lo que defendíamos unos jóvenes en las plazas? Para mí, que buscaba referentes éticos en la política en la que orientar el futuro, se convirtió rápidamente en un ejemplo de valores que marcaría mi forma de hacer política. Fascinado, volvería en varias ocasiones a su casa por entrevistas, campañas electorales o simplemente conversaciones. Incluso, con la mediación de Jesús Montero y Pablo Iglesias, intentamos llevarlo al Congreso de vuelta para que, como diputado, pudiera presentar una ley de memoria histórica. Cómo no, su salud (física) lo haría imposible, a pesar de que conservaba (y conserva) una mente lúcida y brillante. 

Durante estos años, conocí la evolución de su enfermedad, los problemas con las operaciones, la falta de humanidad sanitaria. Todos los que han tratado a Gerardo Iglesias estos años lo saben. Una vida con un dolor insufrible, que permitía muy pocas horas de movilidad y de visitas, bajo la expectativa de que pronto podría llegar una operación que solucionase por fin esos errores médicos del pasado y el calvario de operaciones. 

Gerardo Iglesias, ex secretario general del PCE y fundador de Izquierda Unida. Foto: Pablo Lorenzana.

El caso de Gerardo Iglesias no es único en Asturies. Él lo ha dicho hoy: “Estamos ante un servicio sanitario deshumanizado, donde se retiran médicos y no se cubren las plazas, donde se externalizan servicios camino de su privatización. Y eso provoca que muchas personas estemos abandonadas. Hay largas listas de espera, donde no se escucha al paciente porque los pacientes no tienen médico. Quiero hablar de mi situación, pero no solo de mi situación”. 

Hay muchos Gerardos Iglesias en Asturias. Lo viven miles de asturianos y asturianas para los que la sanidad llega demasiado tarde. Este mes de septiembre la lista de espera quirúrgica batía el récord de más de 23.500 personas, 3.000 más que hace un año. Hay casi 100.000 asturianos pendientes de una primera consulta con un especialista.

Daniel Ripa y María José Capellín junto a Gerardo Iglesias en el HUCA. Foto: Iván G. Fernández

Gerardo habló de la sanidad asturiana, pero también ha recordado algo que muchos ya sabíamos: “Es una injusticia terrible, un ensañamiento (por ser quien fui)”. Hay un entorno político determinado que le ha tenido profundo odio todos estos años. Sin esta clave no se entiende el mapa completo y el maltrato que ha sufrido. Cuando tuvo el accidente en la mina (después de dejar su escaño en el Congreso en 1989) se hizo campaña contra él, desde determinados sectores políticos (algunos cercanos en lo ideológico), para negarle la pensión. Se llegó a poner en duda la veracidad del accidente que, paradójicamente, le ha postrado tres décadas de su vida, aislado de su vida social anterior. No perdonaron a Gerardo su compromiso social, su decencia ética y su ejemplo contra la profesionalización de la política. No se le perdona que es historia viva de Asturies, de nuestra autonomía, de nuestra memoria y de nuestra democracia. Y tampoco se le perdonará que ponga voz a lo que todo Asturies piensa, que el colapso de la sanidad pública por las listas de espera ha llegado a un límite intolerable y que el silencio ante ello sólo va a conducir a la privatización de nuestra sanidad, como estamos viendo con la llegada de Quirón a Xixón. 

El silencio que recibió tras reunirse con Barbón, y acudir al SESPA o al defensor del pueblo no pueden ser más reveladores. La indiferencia es un estado político al que tenemos la obligación moral de combatir. Por su compromiso en el pasado, pero sobre todo por la urgencia de ganar una sanidad para todos y todas, por eso hoy todos somos Gerardo Iglesias.

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