La misión más difícil de Cristino García: asesinar a un camarada

El guerrillero, hijo predilecto de Asturias desde esta semana, recibió en 1945 el desagrable encargo de acabar con Gabriel León Trilla, ex dirigente del PCE.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

En la madrugada del 21 de febrero de 1946 un asturiano del concejo de Gozón, Cristino García, era fusilado contra la tapia del cementerio madrileño de Carabanchel. Tenía 31 años y había sido un héroe de la Resistencia Francesa antes de regresar clandestinamente a su país para combatir al franquismo con las armas. Las mismas que había empleado para desafiar al Ejército de Hitler con acciones guerrilleras tan audaces como el asalto a un tren lleno de militares en La Madeleine, la liberación de los presos de la cárcel de Nimes o la conquista de la ciudad de Foix. Condecorado en Francia, tras su ejecución por la dictadura franquista, el país vecino cerraría como protesta la frontera con España. El gesto duraría hasta 1948, cuando la Guerra Fría ya es una realidad imposible de obviar, y se inicia la progresiva rehabilitación internacional de Franco como aliado, poco estético, pero al fin y al cabo aliado, contra la amenaza comunista.

El fogonero que liberó Foix

García, oficialmente hijo predilecto de Asturies desde esta semana, tiene una vida de película. De profesión marino, en concreto fogonero, se afilió al Partido Comunista de España en 1930. Participó en la Revolución de Octubre de 1934, y fue sorprendido por el golpe de Estado de julio de 1936 a bordo del buque Luis Adaro, en Sevilla. Los marinos toman entonces el barco y parten rumbo a Asturies, donde ponen el mercante al servicio de la República y del gobierno del Frente Popular.

Guerrilleros españoles en Francia.

Refugiado en Francia tras el final de la Guerra Civil española, con la invasión nazi de la URSS y la orden de Stalin de combatir a los alemanes en todos los frentes, se integra en los primeros grupos guerrilleros que surgen en territorio galo. De las primeras acciones de sabotaje irán pasando a las emboscadas y finalmente a la guerra abierta contra un Ejército alemán en retirada. Es tras la liberación de Francia cuando regresa clandestinamente a España para organizar la lucha guerrillera contra la dictadura franquista. Una de las primeras acciones que el partido le encomienda no tiene sin embargo nada que ver con la lucha antifranquista: se trata de asesinar a otro comunista, Gabriel León Trilla.

León Trilla, el dirigente dos veces purgado

La historia de Gabriel León Trilla tampoco se queda corta en interés, peripecias y giros dramáticos. Procedente de una familia de militares, es todavía un estudiante de Filosofía cuando en 1920 funda el PCE junto a otros jóvenes procedentes del PSOE. Traductor, responsable de agitación y propaganda, entre 1925 y 1932 llegaría a ser uno de los dirigentes más importantes del partido.

En la dirección del partido destacaría, al igual que sus compañeros, por su izquierdismo, dureza y sectarismo. Durante la Dictadura de Primo de Rivera el partido va a ir de hecho cayendo en la irrelevancia tanto por la represión, como por su alejamiento de la realidad y sus conflictos internos. Cuando el 14 de abril de 1931 se proclama la Segunda República española, los militantes comunistas no pasan de unos pocos centenares.

Gabriel León Trilla

En 1932 los soviéticos, descontentos con la evolución del PCE, que seguía sin crecer a pesar de haber recuperado la legalidad, deciden remodelar la dirección por completo. Solo Dolores Ibárruri Pasionaria se librará de la purga. Al frente del partido se coloca al panadero sevillano José Díaz, que sustituye al hasta entonces secretario general, José Bullejos. No obstante, nada es lo que parece. En la trastienda es el argentino Victorio Codovilla, delegado de la Komintern para España, quien en la práctica dirige el partido con la confianza de las oficinas centrales de Moscú.

León Trilla, expulsado del PCE al igual que Bullejos, regresa al PSOE y a su vida profesional, ahora como profesor de instituto. Participa además activamente en el sindicato de la enseñanza de UGT. Sin embargo con el estallido de la Guerra Civil simpatiza con las posiciones frentepopulistas del PCE y solicita el reingreso en el partido del que había sido cofundador y dirigente. Es admitido.

Terminada la Guerra León Trilla se refugia en Francia. Permanece en el país tras la invasión nazi y contribuye a la formación de la guerrilla que inicia la resistencia armada a los nazis y los colaboracionistas franceses. Jesús Monzón, el nuevo hombre fuerte de un PCE descabezado, cuyos principales dirigentes están exiliados en México y Moscú, le recluta para una misión de valientes: regresar a España a organizar el partido y la resistencia a la dictadura. León Trilla acepta el reto. Trabaja en Madrid bajo una identidad falsa, se encarga otra vez del aparato de propaganda y está en 1944 en los preparativos de la fallida invasión del valle de Arán. La previsible derrota de Hitler anima a Monzón y León Trilla a arriesgar y apostar fuerte. Quizá demasiado. Creen posible liberar un trozo de territorio español y establecer allí un gobierno republicano que obligue a los Aliados a intervenir en España. Sin embargo, el fracaso de la invasión con los guerrilleros españoles que habían luchado en la Resistencia Francesa sentencia a Monzón y su equipo como un grupo de “aventureros” y temerarios que han puesto en riesgo la vida de cientos de compañeros en una Operación Reconquista que el Ejército de Franco repele en pocos días. 129 antifascistas mueren en los combates en los Pirineos.

Jesús Monzón, dirigente del PCE en Francia y España entre 1940 y 1944.

Con la caída en desgracia de Monzón y el ascenso de un Santiago Carrillo procedente de América a la dirección de facto del partido, León Trilla entra en una doble clandestinidad. No solo debe protegerse de la policía franquista. También de sus compañeros. Sabe que cruzar la frontera como le piden es ir a una muerte segura. Prefiere esconderse en Madrid. La dirección del partido, en manos de un Carrillo ya asentado en Francia, decide entonces que Cristino García y sus hombres lo busquen y lo maten.

“León Trilla entra en una doble clandestinidad. No solo debe protegerse de la policía franquista. También de sus compañeros”

Parece que García no quiso involucrarse personalmente en el asesinato, y aunque algunos relatos dicen que el héroe de la Resistencia llegó a decir que él no lo haría porque era un revolucionario, y no un asesino, no hay ninguna prueba documental que atestigue que dijera esto. El historiador Ramón García Piñeiro, especialista en la historia de la guerrilla antifranquista, contextualiza el asesinato de León Trilla: “vino precedido de una campaña de desprestigio con todo tipo de mentiras contra él”. Aunque las calumnias sobre la supuesta traición de León Trilla habrían hecho más “digerible” la misión, aquello fue un trago duro para Cristino García. Había venido a España para organizar la resistencia armada y se encontraba envuelto en un ajuste de cuentas de la nueva dirección contra la dirección. “Era un militante disciplinado y el conflicto entre su ética y su lealtad al partido trató de resolverlo como pudo, escurriendo el bulto” explica García Piñeiro. Él no participaría en el asesinato, pero dejaría hacer.

El 6 de septiembre de 1945 la militante comunista Esperanza Serrano, persona de confianza de León Trilla, lo entregaba en Madrid a José Olmedo González y Francisco Esteban Carranque, dos hombres del grupo guerillero de Cristino García. Le apuñalarían en un descampado. Sus asesinos probablemente pensaban que mataban a un traidor, confidente de la policía. No vivirían mucho más. Tanto uno como otro morirían, al igual que Cristino García, caerían en manos de la policía y serían fusilados por el franquismo poco tiempo después.

Aunque nadie reivindicaría el asesinato, todavía años después Santiago Carrillo y Dolores Ibárruri seguirían sosteniendo el relato oficial sobre Monzón y León Trilla como traidores al partido que colaboraban con la policía franquista y los servicios secretos norteamericanos. La rehabilitación de Monzón por el PCE no llegaría hasta 1986, ya a título postumo, y con Santiago Carrillo, máximo responsable del crimen, fuera de la secretaría general.

“El Ejército de las sombras” de Jean Pierre Melville (1969)

El asesinato de León Trilla no resta un ápice de heroismo a quienes como Cristino García empuñaron las armas contra el fascismo en la Europa de los años 30 y 40. Miseria y grandeza de quienes se comprometieron en un siglo XX marcado por la violencia política. En el magistral arranque de la película de Jean Pierre-Melville “El Ejército de las Sombras”, un grupo de resistentes franceses secuestran, amordazan y asesinan a un compañero que sospechan se ha convertido en un confidente de la Gestapo. ¿Es cierto? No lo sabemos. En mitad de la ocupación nazi no se puede hacer un juicio con pruebas, garantías y testigos. Melville no era ningún equidistante entre nazis y antinazis, sabe de que lado está, pero no quiere hacer un retrato idealizado de la Resistencia. Había luchado en ella y combatido con los Aliados en la Segunda Guerra Mundial. Por eso sabía de primera mano que cualquier guerra, incluso la motivada por las razones más justa, es siempre algo sucio. La lucha contra Franco en las terribles circunstancias de los años 40 tampoco fue una excexpción.

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