Un Nalón con riberas transitables y playa fluvial para el Llangréu de la próxima década

Icaro Obeso y Manuel Carrero, especialistas en ordenación territorial, reivindican las posibilidades de renaturalizar el río.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

¿Una playa fluvial en el río Nalón? ¿Por qué no? Esta fue una de las ideas que el geógrafo Icaro Obeso, profesor de la Universidad de Oviedo/Uviéu, lanzó este miércoles en La Felguera en el marco de las jornadas organizadas por el Conceyu pola Transición Xusta en la Casa de Cultura para hablar del futuro de los baldíos industriales del concejo. Recordemos que el 25% de Lada, Barros y La Felguera está hoy ocupado por antiguas fábricas e instalaciones industriales en desuso, situadas sobre todo en las orillas del río Nalón. Tanto el geógrafo como el arquitecto y urbanista Manuel Carrero abogan por recuperar estos espacios recurriendo a la ordenación del territorio, y evitando soluciones parciales y cortoplacistas

En opinión de Obeso, para evitar que Llangréu siga perdiendo población hace falta no solo empleo, sino también “mucha más calidad de vida”. En sentido abogó por las posibilidades del río Nalón como espacio verde. El profesor, especialista en ordenación del territorio, considera que administraciones y empresas deben sentarse a planificar el futuro de los espacios industriales abandonados, con una mirada estratégica, y aprendiendo de experiencias exitosas como la recuperación de la cuenca del río Ruhr, en Alemania, otra región de pasado minero y siderúrgico.

Industria abandonada en Lada. Foto: David Aguilar Sánchez

Para Obeso, las riberas del río Nalón a su paso por el concejo podrían ser recuperadas para sendas peatonales y ciclistas, zonas verdes y de ocio, deporte, huertas, encuentro y paseo, al tiempo que otros espacios más alejados del río se reservarían para otros fines que pueden ir desde la vivienda a las empresas, siempre cuidando el patrimonio industrial, “como está haciendo Mieres con el Pozu Santa Bárbara en el valle de Turón”.

Icaro Obeso y Manolo Carrero. Foto: David Aguilar Sánchez

“Hay que diversificar los usos y no caer en los espacios monofuncionales” explicó Obeso, que considera que Llangréu parte con la ventaja de sus buenas comunicaciones, de la buena marcha del parque tecnológico de Valnalón, y de que el río ya no tiene los problemas de contaminación de otros tiempos y cuenta con “un encauzamiento más natural que el del Caudal”.

Térmica de Lada junto al río Nalón. Foto: Iván G. Fernández.

Para Carrero, la tendencia del urbanismo más avanzado en tiempos de cambio climático y menos precipitaciones, pero más concentradas, y por lo tanto con más riesgo de inundaciones, es “dejar de convertir los ríos en canales”, y apostar por su renaturalización: “recuperar la vegetación, los cauces naturales y dejarles espacio”. La recuperación de los ríos y la introducción de la naturaleza en la ciudades las hace, según Carrero, no solo más agradables y habitables, sino también más resistentes al calentamiento global.

Un rincón del Parque de Duisburg Nord, en el Ruhr, aprovechando una antigua siderurgia.
Recuperación del río Emscher, junto a una antigua fábrica, en la cuenca del Rhur.

El arquitecto, urbanista y activista por el derecho a la ciudad, considera que “hace falta visión estratégica” para que “la ciudad líneal del Nalón y la ciudad líneal del Caudal” recuperen peso en el área central asturiana “y no queden descolgadas”. En este sentido reivindicó la ordenación territorial y la visión de conjunto frente a que “cada concejo pierda haciendo la guerra por su cuenta”. Ordenación no tiene que ser, según el urbanista, “sinónimo de rigidez”. “Debe ser una ordenación dinámica” explicó, recordando de paso que esta disciplina existe, porque “no todo vale en cualquier sitio”.

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