Elina Löwensohn, Premio de Honor del Festival Internacional de Cine de Xixón

La actriz, que se dio a conocer en los 90 con las primeras películas de Halt Hartley, ha desarrollado una carrera a caballo entre Europa y los EEUU.

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Redacción Nortes
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Te contamos lo ocurrido centradas en la periferia.

La cineasta rumana Elina Löwensohn, Premio de Honor del Festival Internacional de Cine de Xixón, ha reivindicado este sábado su condición de actriz de teatro que se adapta a los requerimientos del cine como si fuera “tierra fértil” para los directores.

En un encuentro con el público en la 60 edición del Festival de Gijón, que proyecta once películas en las que ha actuado, Löwensohn ha dicho que jamás podría dirigir un largometraje porque se ve incapaz de aguantar “la enorme carga emocional que soportan los realizadores de cine”.

Protagonista de las primeras películas de Halt Hartley, considerada como la “musa del cine independiente” de los Estados Unidos en los años noventa, la actriz ha dicho haber vivido esa etapa de los inicios de su carrera “sin tener conciencia” de estar protagonizando un fenómeno importante, casi revolucionario, en la historia cinematográfica.

Reconocida como el Premio de Honor del Festival por “ser una figura fundamental” del movimiento “Indie”, Lówensohn ha estado acompañada por el director francés Bertand Mandico, a quien considera como la persona que le abrió la puerta al “verdadero cine francés”.

Elina Löwensohn y Bertrand Mandico en Xixón. Foto: David Aguilar Sánchez

La actriz y directora de cortometrajes, ha atribuido al “azar” sus inicios en el cine de la mano del director Hal Hartley, que la descubrió siendo camarera en un bar de Nueva York, al que el cinesta estadounidense iba a desayunar todas las mañanas.

Löwensohn interpretó papeles en películas de Hartley actualmente consideradas de culto como el cortometraje Theory of Achievement (1991) y los largometrajes Simple Men (1992), Amateur (1994), y Flirt (1995).

Pero el mayor éxito de esa primera etapa lo consiguió con el papel protagonista de Nadja, una película de vampiros en Nueva York dirigida por Michael Almereyda, con David Lynch como productor y actor, por el que obtuvo el Premio a la Mejor Actriz de los Film Independent Awards.

La actriz ha reconocido que ese fue un punto de inflexión en su carrera porque a partir de ese momento comenzó a alternar películas de cine de autor con shows de televisión y grandes producciones de Hollywood como La lista de Schindler (1993) de Steven Spielberg.

Un momento de “Simple Men” (1992) de Halt Hartley, una de sus primeras películas

“Supe en ese momento que mi carrera de actriz estaba lanzada y que no tenía vuelta atrás, que no iba a volver a trabajar de camarera ni de ninguna otra cosa y empecé a pensar en hacer cine en Europa”, ha afirmado.

Ha recordado que en Francia fue recibida como la “actriz que venía de Estados Unidos” y a pesar de que es rumana la gente creía que era norteamericana probablemente por la “buena pronunciación” del inglés.

En Europa ha trabajado en Sombre, de Philipe Grandrieux; La sabiduría de los cocodrilos, de Po-Chih Leong; Largo domingo de noviazgo, de Jean-Pierre Jeunet; De la guerre, de Bertrand Bonello; Lurdes, de Jessica Hausner y Black Venus, de Abdellatif Kechiche, entre otras.

Löwensohn ha afirmado que cuando llegó a Europa creyó que el cine francés era distinto a los demás, pero luego comprendió que es casi igual en cualquier parte, que tiene casi los mismos códigos y necesidades.

Ha añadido que “el verdadero cine francés” lo conoció a través de Bertrand Mandico, un cineasta experimental, que tiene un peculiar modo de realizar sus obras que a menudo incorporan fotografías y textos escritos.

Fue Mandico también quien despertó en Löwensohn el interés por la realización cinematográfica, al regalarle una cámara de 16 milímetros con la que empezó a rodar secuencias como si fuera “un juego de niños”

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