“Cerca de 800 reclusos escaparon del penal de Navarra en la mayor evasión de la historia de Europa”

El investigador Fermín Ezkieta presenta en Asturias una edición revisada de su libro sobre la fuga del Fuerte de Ezkaba durante la Guerra Civil.

Recomendados

Marta Rogia
Marta Rogia
Periodista, abogada, guionista. Cinéfila y apasionada de la radio, a la que he prestado voz mucho tiempo. Continúo con mi búsqueda de la autenticidad mediante narraciones que nos conecten a través de la emoción.

El licenciado en Derecho pero historiador vocacional Fermín Ezkieta Yaben (Pamplona, 1956) lleva  años investigando los hechos sucedidos en la cárcel del monte de Ezkaba, también denominado de San Cristóbal, en Navarra. La evasión de casi ochocientos presos el 22 de mayo de 1938 todavía constituye un episodio no muy conocido en España. En la revisada edición de su libro Los fugados del Fuerte de Ezkaba aporta más claves procedentes de nuevos hallazgos. Ezkieta estará del 23 al 25 de noviembre en Asturias. El miércoles en Avilés con la Plataforma por los Servicios Públicos, en Gijón, el jueves en Gijón con la Fundación Municipal de Cultura, y el viernes en Oviedo en El Manglar con La Ciudadana.

Cuénteme quiénes eran los reclusos que estaban en el Fuerte de Ezkaba

Desde 1934 hasta 1945 en que estuvo abierto, pasaron más de 7.000 presos por allí. La inmensa mayoría en el período de Guerra Civil, de julio de 1936 al 39. Antes, después de la insurrección de octubre de Asturias y en otros sitios en 1934, se envió a 800 presos. No eran todos asturianos, pero había un amplio número de ellos, al menos 193 que ingresan; figuran 24 de Gijón,11 de Oviedo, 11 de Avilés, de Soto del Barco, de Teverga… En todo caso, salieron con el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936, porque les había prometido la amnistía. También fue hospital penitenciario para tuberculosos. El número de reclusos que había el 22 de mayo era de 2.487 y los que escapan, que son 795, es un reflejo de ese volumen. Hay de todos los sitios, un 47% que son castellanoleoneses, un 22% que son gallegos y 11 asturianos, de cuales matan a 5 en la escapada. Además, en cuanto a los líderes de la fuga, hay gentes de todo tipo: anarquistas, comunistas, socialistas, todos aquellos que en el exterior eran bastante enemigos, estaban distantes, sin embargo, ante la situación extrema  en la que se encuentran, colaboran y hacen piña. Había uno al que todo el mundo considera el cerebro de la evasión, un tal Leopoldo Pico, cántabro, aunque desde pequeño su familia vivía en Bilbao. Él era del Partido Comunista, amigo de Pasionaria. Pero como él había otros que eran anarquistas. Uno de ellos que no se escapó, Josu Urresti, dice que Pico y Alzuaz, otro de los organizadores, hablaban entre ellos en esperanto. Y rascas y resulta que vino desde Murcia una nieta de Fernando Garrofé, otro de los organizadores, y me dijo que su abuelo y su tío abuelo hablaban esperanto y euskera entre ellos. Y me invitaron a un congreso internacional de esperanto hace cinco o seis años porque les hacía ilusión que la mayor fuga carcelaria de la historia de Europa se hubiera organizado en esperanto. Yo les preguntaba cómo se diría el momento ese en el que escapan y abren las celdas y me respondieron: ‘Antaŭen’

¿Qué sucedió allí el 22 de mayo de 1938, cuando la Guerra Civil ya se está resolviendo favorablemente para los sublevados?

Hay un grupo pequeño que no alcanzaría el medio centenar que organiza un plan de evasión durante meses. Y esa tarde-noche, en una fecha ya bastante avanzada la Guerra, el jefe de la guarnición pasa la tarde en Pamplona, que era domingo; el sargento de la guarnición también le acompaña y el director  ya vivía en un hotel de la ciudad. Y este grupo sabedor de la situación hace una toma audaz del Fuerte. Hay 9 centinelas y una guarnición de 68 soldados. Lo que hacen es abalanzarse primero sobre los funcionarios de prisiones, cogen sus gabanes y pistolas y consiguen tomar la fortaleza después de abalanzarse sobre la guarnición, que en su mayoría están cenando. Pero, alguno de los centinelas exteriores escapa a la ciudad y preparan una pronta respuesta a esta evasión, evitando lo que pretendían los promotores de la fuga, que era contar con horas para ir avanzando hacia la frontera, que está a 50 km por monte. Ese grupo de medio centenar no solo pilla por sorpresa a los centinelas, también pilla por sorpresa a la mayoría de presos, que piensan que ha terminado la Guerra Civil, que les conceden un indulto, etc. Abren las puertas para todos e iban diciendo:‘compañeros, todos a la calle’. Y conforme van saliendo se encuentran a los organizadores que les indican que se agrupen y se dirijan a la frontera, es decir,  que esto es una evasión. Y de todos ellos hay 795 que decide escapar, pero hay otros que se encuentran muy desnutridos, mal calzados, desorientados, porque no saben ni dónde están, que deciden, sabiendo además que se ha escapado alguno de los centinelas, volver al interior.  Los que marchan, van hacia la frontera. Alguno dice que prefiere que le peguen un tiro en el monte que ese lento morir, porque ellos también se morían allí, en el penal.

Una vez fuera, ¿hacia qué dirección se mueven?

Van hacia el norte, porque hacia el sur está la ciudad y saben que no tienen ninguna oportunidad. Su única opción es alcanzar la frontera y por eso lo habían planeado con esas horas de margen.

FOTO: Fermín Ezkieta

¿Cuánto tiempo calcula que tuvieron hasta que comienza su persecución?

No lo calculo, lo tengo medido, porque he mirado muchos archivos militares. Existen los informes del comandante Trías, el del jefe del batallón de la guarnición del Fuerte y también de la Guardia Civil e incluso en los sumarios se interroga a todos los funcionarios y soldados. La fuga empieza hacia las ocho, que es la hora a la que estaban repartiendo la cena (a los presos también). Para las ocho y media calculo ya han tomado la fortaleza, pero para antes de las diez ya empiezan a subir algunos camiones con soldados y guardias civiles. 

¿Y los evadidos fueron capaces de orientarse en el monte?

Desconocen todo porque había muy pocos presos locales y los que había tampoco eran de los valles del norte. Ahí lo único que hacen es a lo largo de los días que están escondidos por el monte, lo que siempre cuentan, es que andaban por la noche y se escondían durante el día. Avanzan con su experiencia jornalera, como lo eran la mayoría, de guiarse por las estrellas y sabían que tenían que dirigirse hacia el norte para alcanzar la frontera. Desafortunadamente hay bastantes casos que cuentan que llegan a poblaciones que están a 10 km y creen que han llegado a Francia y ahí los capturan. También apresan a muchos los primeros días y los hay que deciden entregarse porque después de días vagando por el monte ven que no tienen ninguna opción. No existía la posibilidad de organizar fuera ninguna logística que les apoyara para sacar de allí a esos 2.500 ni tampoco a 800, en primer lugar porque se arriesgaban a ser descubiertos, pero además tampoco podían haber contado con un apoyo de ese estilo, ni siquiera el de contrabandistas, no era viable.

De esos 795 que se fugan, ¿cuántos son capturados?

Las cifras son: matan en los montes a 206, capturan a 586 y de estos, tres meses después fusilan como organizadores del plan de evasión a 14. De esos 586 también hubo 45 que murieron en el Fuerte después de la fuga, desde junio del 38 al año 43, es decir, que las condiciones de vida para gente que tenía menos de treinta años de edad siguieron siendo duras.

¿De dónde venía esa dureza que menciona?

No era un campo de exterminio al estilo nazi, pero sí un penal extremadamente duro. Allí hay un informador, que había sido un importante falangista, Ángel Alcázar de Toledo, él también era víctima del trato que recibían, aunque él estaba en un lugar muy privilegiado. Pues dice que en la primera brigada, que era la más dura, de 500 personas carecían de manta 250. Imagínate en un monte que está a 900 metros de altura y donde los inviernos eran duros y pegaban nevadas que duraban días. Todos se quejan de la alimentación, que era muy lamentable. De hecho, los propios militares juzgan y condenan al administrador precisamente porque sustraía el dinero destinado a la manutención de los presos y lo utilizaba para fines propios. Lo condenan porque son conscientes de que esa malversación había sido una de las principales causas para el motín de los presos.

¿Y cuántos logran el éxito en su fuga?

Tres logran llegar a la frontera. Dos de ellos van juntos y pasan por cerca de Roncesvalles, por un pueblito que llama Valcarlos y estos tardan diez días. Y hay otro que llega a un pueblito que se llama Urepel, que tarda trece días. Cuando llegan a esos dos les tienen que montar en caballerías porque tienen los pies destrozados, ensangrentados; de hecho estaban ya dispuestos a entregarse en el pueblito de Valcarlos y dos chavales jóvenes, pastores, les dicen:‘Pero si la frontera es eso de ahí enfrente’. Los tres van al consulado republicano de Hendaya donde prestan declaración y a los tres días, después de descansar mínimamente tras lo que llevaban, vuelven en ferrocarril a la Cataluña republicana. Los tres van con el ejército republicano, derrotado en marzo del 39 y viven y mueren en el exilio, dos en Francia y uno en México. Pero por añadidura, quizás exista otro fugado más. Dedico un capítulo del libro a hablar de este posible cuarto evadido y es bastante complicado poder resumirlo, pero en lo fundamental es que la contabilidad de los presos, y también de los fugados, era deficiente. Como muestra el caso de Benito Paredes Menéndez. Ellos dicen que ha habido 206 muertos, lo indica un balance final del 30 de junio. Efectivamente, yo tengo una lista de 206 donde figura ese nombre. Sin embargo, ¿cómo puede ser que a este lo maten el 9 de agosto de 1938? Las cifras se ajustaron a posteriori.

¿Cómo se llamaban esos tres?

El que llega a Urepel se llama Jovino Fernández y era leonés. Los otros dos son Valentín Lorenzo, que es salmantino y José Marinero, que es segoviano. Fue muy bonito cuando presenté la primera edición que vino Pilar, la hija de José Marinero, desde México. También desde Francia vino la hija de Jovino Fernández y también estuvo una sobrina nieta del tercero para acompañar. En la primera edición saqué la biografía de los tres que estaban documentados.

FOTO: Fermín Ezkieta

Vamos con Benito Paredes, un joven de 21 años que tiene especial interés para los asturianos

Benito Paredes era uno de estos presos que estaba en el Fuerte y era de una familia combativa de Avilés. Un hermano suyo, Ángel, había sido muerto dos meses antes, tenía una hermana de nombre María y tengo idea de que la hermana también fue represaliada; la madre, también María estuvo encerrada durante unos meses en Asturias, pero sobrevivió y falleció en el año 1965. Esta parte de la información quien más la conoce es el historiador local Pablo Martínez Corral y yo me puse en contacto con él para saber qué había pasado con esa familia. Entonces, este hombre, Benito, no se sabe de qué manera, logró escapar y sorpresivamente llegar a Avilés. Y fue detectado y como dice su partida de defunción, fue muerto el 9 de agosto del año 38 en un operativo de guerra en la avenida de Lugo, número 32. Era una casa de rojos, según indica Corral. Este fugado es el último resistente, porque a los organizadores de la evasión cuando digo que los fusilan, lo hacen el 8 de agosto.

En su investigación también le llegó la hipótesis de que las autoridades se hicieran las despistadas y relajaran las medidas para que los presos pudieran escapar y luego perseguirlos y así reducir la población reclusa en el Fuerte. ¿Cree que es verosímil esa posibilidad?

Una de las cosas que me sorprende es cómo se extiende una tergiversación, así que le dediqué un capítulo en el libro: ‘Las evasiones consentidas’. Esto es, que les dejaron salir para matarlos, que se hicieron las despistadas…Yo eso se lo he oído decir hasta a gente que estuvo allá presa. Y la explicación es que ante una férrea censura, la gente en Navarra, incluso entre los presos, pensó que había ocurrido como en el año 36 y 37, que hubo entre 150 y 200 presos a quienes dejaron salir en grupos y fuera los estaban esperando pistoleros, en el mes de agosto, de septiembre, de diciembre, que los tumbaban cerca de las puertas del Fuerte. Pero no, aquí, el plan de evasión fue ideado dentro del Fuerte y sin contar con apoyo externo. No hubo un plan por parte de los militares de dejarles salir. De hecho, el jefe de la guarnición y el director del penal fueron encarcelados durante más de dos años por la negligencia en la custodia de los presos. El gobernador militar de Navarra también fue destituido a los pocos días de la evasión, aunque no se hizo público. También vinieron dos altos oficiales de inteligencia esa misma madrugada del dos de mayo, enviados por el Ejército Mayor en Burgos. Porque querían saber de primera mano lo que había pasado y no confiaban en los navarros. También hay montones de escritos en el sumario donde se refleja cómo hacían espionaje en el sudeste francés donde estaban los refugiados, tratando de ver si habían recibido apoyo desde allí. No hubo intención de tener a casi dos mil efectivos entre batallones, guardias civiles, carabineros, perdidos por el monte tratando de contener a esos  ochocientos que escapan.

¿Y qué papel jugaron las mujeres familiares de los reclusos?

Hubo una docena de mujeres que visitaban a los presos, que fueron detenidas en los siguientes días, porque a juicio de los militares podían ser la conexión entre interior y exterior. Ellas estuvieron apoyando material y afectivamente y transmitiéndoles el transcurso de la Guerra. Por ejemplo, el caso de María Larraga, que visitaba a un sobrino suyo que estaba preso. Su marido era alcalde de una pequeña población, pero había logrado escapar y vivía al sur de Francia. Ella fue una de las que capturaron los militares para interrogarla porque tenía contactos en el exterior y también entraba al Fuerte. Al final las tuvieron que dejar libres porque comprobaron que no tenían que ver.

Hay películas y literatura sobre la fuga de Alcatraz, la de Papillon y sin embargo, este episodio nacional es bastante desconocido en España. ¿Por qué? ¿Tuvo repercusión en su momento en el exterior?

Este es un episodio desconocido como tantos. Aunque en aquel momento sí tuvo repercusión entre la prensa republicana, la prensa francesa, también la inglesa, con The Guardian, The Times, incluso saltó y el New York Times dedicó tres reseñas a esta evasión en mayo del 38.

¿Con qué dificultades se encontró en la investigación?

Las propias del paso del tiempo, hablamos de siete u ocho décadas y el silencio. Esa generación se calló y se ha sabido realmente poco, pero eso está muy generalizado con respecto a la memoria histórica. Al inicio era muy complicado hablar con la gente, pero a medida que se normaliza y sale en televisión, en prensa, la gente dice:‘Sí, aquí también hubo fosas’. Hubo un silencio sepulcral. Y disparar lo hicieron todos los perseguidores: soldados, falangistas, requetés, guardias civiles, carabineros y algunos de población civil que eran simpatizantes; pero enterrar, siempre los enterraban los de los pueblos y eso no era un plato de gusto. Yo tengo testimonios de abuelos que recuerdan que estaban en la escuela y que salieron y vieron que ametrallaban a gente en Burutain. Dejaban ahí los cuerpos y llamaban al alcalde y le decían:‘Aquí tienes a dos, aquí a cuatro’. Y aunque esa generación era sabedora de dónde estaban los cuerpos, no se contaba. Y gracias a algunos de esos testimonios directos e indirectos, se sabe dónde están.

Presenta el libro en Avilés, el día 23 de noviembre en el Museo de la Historia Urbana, en un acto organizado por la Plataforma por los Servicios Públicos de Avilés y Comarca; el día 24 en Gijón, en el Antiguo Instituto, con la colaboración del Colectivo de Entidades Republicanas y Memorialistas de Asturias y en Oviedo al día siguiente, promovido por la Asociación La Ciudadana y 13 Rosas Asturias. ¿Tiene vínculo con las entidades memorialistas o un especial interés por Asturias?

Cuando saqué la primera edición, hablaba de las rutas a la frontera, de las biografías de esos tres, de los organizadores, pero me preguntaba dónde estaban los 206 abatidos en el monte. Y empecé una carrera contra reloj para saber más de lo que había hablado con la gente de los pueblos. Y al final, presento un cuadro con más o menos donde se sitúan esos 206 muertos. En realidad lo que hay es un gran cementerio entre el Fuerte y la línea de frontera, un gran cementerio sin puertas ni paredes porque están esparcidos en esos hermosos valles navarros. Y también están sin flores porque las familias nunca fueron notificadas. Fíjate que la primera edición del libro es de 2013 y la primera fosa que se exhuma es de 2015. A partir de ahí se han exhumado 14 fosas, con 54 restos de fugados. Y a su vez, mostrando lo complicado que es esto, se han identificado solo a 8 de ellos, haciendo un cotejo con el ADN de familiares. Y por eso uno de los atractivos de venir a Asturias es que en dos fosas en Burutain y en el valle de Esteribar, de esos cinco fugados que abatieron, se dice que había dos asturianos y otra fuente señala que había un asturiano. Entonces, tenemos los restos de estas fosas, lo que no tenemos es ningún ADN de familiares y ese es otro de los intentos de tratar de encontrarlos, a través de la difusión. Aunque es verdad que la gente de Asturias ya se mueve y yo no vengo aquí de salvador, para nada, pero sí me apetece explicar las cosas en detalle, presentar la documentación que tengo a los grupos de memoria y comentarlo con una profesora de la Universidad de Oviedo, Carmen García, que es un referente en el tema y a ver si le damos otro calentón al asunto.

¿Mantiene también contactos con familias?

En el libro aparece una fotografía de una visita al lugar donde se exhumaron los restos de uno de los fusilados. En la primavera, vinieron por Ramón Haro. desde Salamanca, su nieta y sus hijas. Estaba  en el pueblito de Usetxi, valle de Esteribar. Como cuando voy a Pontevedra y la familia de otro de los ejecutados, Atilano Godoy, se pregunta dónde está su abuelo. Y así continuamente. Hay mucha gente que ha venido a visitar el Fuerte incluso.

Se sacó la primera edición en 2013 y esta nueva en 2022, ¿qué añade?

En la primera edición no hablaba nada de las fosas, pero tampoco había nada sobre otros intentos de  evasión del año 36 que se saldaron con el fusilamiento de 25 personas. Lo de los altos oficiales solo aparece en esta cuarta edición, lo encontré en el archivo de Ávila. Eran el coronel Villanueva y el capitán Dalmases, que era marqués de Mura. Ellos son quienes envía el Estado Mayor de Burgos porque quieren saber de primera mano qué ha ocurrido en el Fuerte y son los que a su vez dirigen el operativo y todos los días envían un pequeño informe al Estado Mayor. O el caso de Benito Paredes, que lo conozco durante la pandemia, cuando voy al archivo pirenaico de Barcelona y veo un documento del gobernador militar de Oviedo dirigido al gobernador militar de Navarra y luego lo contrasto con otros dos escritos oficiales, uno del gobernador militar de Navarra y otro del Registro Civil de Avilés.

¿Cuál es su motivación para realizar el estudio de todo este episodio en Navarra?

Una de las razones que me preguntan habitualmente es si tenía familiares en el Fuerte y la respuesta es no. El origen de la investigación, hace catorce años, viene de mi punto montañero, me preguntaba con dos amigos si esta gente cuando escapa llega a tener un par de guías esperándolos en la puerta, cosa que no pasó, por dónde tendrían que haber ido. Y a partir de ahí, mirando caminos y más caminos hacia la frontera y cada vez que pasaba por un pueblo iba viendo que en los pueblos había una historia que contar y de ahí, de hablar con la gente que te comentaba: ‘Sí, ahí estuvieron detenidos en las escuelas, ahí los fusilaron’, entonces es cuando paso a los archivos militares y a partir de ahí se va construyendo el relato. Además, en este tiempo de incertidumbre y de catástrofes, ¿por qué este empeño tan anecdótico? El libro abre con una frase de otro periodista, Ariel Dorfman:‘Las pequeñas  historias personales sí importan’. Hay que defender las cosas esenciales como recuperar la pequeña historia de las personas. Ese es el sentido de esta investigación. Como decía el poeta Luis Rosales: “Iluminar estancias hasta dejar la casa encendida”. A los primeros que subieron al Everest les preguntaban por qué subían y ellos respondían que porque estaba ahí. Porque yo veo el Fuerte desde mi casa. Con casi 800 evadidos, es la mayor fuga carcelaria de la historia de Europa y ha pasado por la puerta de nuestra casa, en Navarra, y sin embargo había tantos agujeros…

Actualidad

1 COMENTARIO

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí