Corredores ferroviarios y guerras empresariales

El Gobierno se ha curado en salud con una inversión similar en los PGE para el Corredor Atlántico y el Corredor Mediterráneo: 1650 millones de euros.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

La solvente claridad con la que se aprobarán los terceros presupuestos generales del Estado contrasta con la espesa niebla que empobrece el futuro presupuestario del gobierno del Principado y del Ayuntamiento de Gijón. En Asturias hay tres agendas políticas, tres agendas económicas y ninguna de ellas logra engarzar con las otras.

Las infraestructuras en España pusieron nuevamente sobre la mesa la compleja situación política en la que se encuentra Asturias. Su influencia decrece en el marco de las inversiones del gobierno, en el marco de las estrategias territoriales, particularmente las ferroviarias, y también en el marco de las confluencias logísticas regionales. La clave nos la ofrece la ampliación del Corredor Atlántico, que trata acertadamente de romper el aislamiento del Noroeste y la concepción radial de las comunicaciones que desde el siglo XIX se instalaron en España hasta hoy. Esta idea más equilibrada de la cohesión territorial del conjunto de la Península Ibérica, en la que Portugal tiene mucho que decir, supone para los empresarios del Levante un obstáculo a la aceleración de las obras en el Corredor Mediterráneo. Noviembre ha sido el mes en que la burguesía del Noroeste y la del Levante se han declarado en pie de guerra.

Asturias tiene un papel muy relevante en el futuro de las comunicaciones, con un puerto que puede dar salida a las exportaciones de graneles, contenedores y ahora también gas, junto a Vigo y La Coruña, hacia el norte de Europa, si logra que la ampliación del Corredor Atlántico despegue y se convierta en una prioridad para el gobierno de Sánchez y para el norte del continente. Sin embargo, carece del peso político que tiene Galicia en el Parlamento español y ya no cuenta tanto como lo hacía hace 20 años en el Comité de las Regiones. Tampoco su empresariado goza del mismo impulso ni presencia, ni está en condiciones de plantarle cara en solitario a los exportadores que desde Valencia y Cataluña, exigen celeridad en las obras del corredor Mediterráneo.

La voz que se emitió este mes desde el Levante a través de la FERMED, un lobbie empresarial del sur europeo, ha sido contundente y clarificadora: exigen la finalización del corredor Mediterráneo, el otro gran brazo que articulará el transporte de mercancías y pasajeros desde Algeciras hasta Luxemburgo (por su ramal occidental) y Génova (a través de su ramal oriental). Quizá hayan comprendido que la guerra de Ucrania puede alterar las prioridades logísticas de la UE si se confirma que a la paz le seguirá un corredor ferroviario que conectará sus puertos con las repúblicas bálticas, Rotterdam y Amberes.

El lobby levantino, lejos de apuntar a esta realidad, o precisamente porque se hace prioritario ganar tiempo y acelerar la ejecución de las obras, ha atacado los intereses del empresariado del Noroeste español, tratando de frenar las inversiones en el Corredor Atlántico, alegando el poco tráfico de mercancías. Galicia apenas registra este tipo de transporte precisamente por la condición obsoleta de su infraestructura ferroviaria. Sin embargo, parafraseando a Mariano Rajoy, Galicia es Galicia. La consideración de Corredor de su enlace con Castilla y León como punto de salida a Europa, permitirá que reciba fondos prioritarios de la UE y evitará la pérdida de su competitividad. Por el momento, en Lisboa, entienden que es más prioritario estar conectados a Zamora y Vigo que a Madrid. La partida está abierta.

Quizá por este motivo, los gallegos se ven en condiciones de afrontar el pulso y estar en pie de guerra. El pasado 11 de noviembre, los empresarios del Noroeste suscribieron la ‘Declaración de Santiago de Compostela’, en la que exigieron “un compromiso decidido del Gobierno con el Noroeste, su desarrollo, su ciudadanía y su tejido empresarial”. La situación periférica, el envejecimiento de la población y la delicada situación demográfica de las cuatro comunidades autónomas, junto con circunstancias como “el sistema fiscal o la elevada carga burocrática”, dificultan dinamizar nuestras economías, atraer talento e inversión y ser competitivos”.

Su principal exigencia es la incorporación del Noroeste a los ejes prioritarios de transporte de la UE, integrarlo plenamente en el trazado del Corredor Atlántico y que sus infraestructuras formen parte de la red básica en la planificación de la UE para que Galicia, Castilla León, Asturias y Cantabria puedan concurrir y participar de la financiación europea. El Mecanismo Conectar Europa (MEC) cuenta con más de 25.800 millones hasta 2030 y para acceder a esas ayudas es necesario que el Gobierno de Pedro Sánchez desarrolle y finalice los trabajos de planificación y presente proyectos ante las instituciones europeas para su financiación.

El ministerio de Transportes tiene deberes. Es una situación compleja en la que ni siquiera, el color de un gobierno será determinante para decidir por cuál de las dos se inclinará el gobierno de Pedro Sánchez. De momento, el Secretario General de Infraestructuras, Xavier Flores, ha reprochado a la FERRMED que trate de dividir al país y se ha curado en salud defendido ante unos y otros con elocuente ecuanimidad las inversiones de Raquel Sánchez para el próximo ejercicio presupuestario: alrededor de 1650 millones para cada corredor. Aquí paz y después gloria.

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