Aquellas hermosas guitarras

Corizonas presentó su último álbum certificando la buena salud de la banda, dentro del programa Ciudad Sonora

Recomendados

Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

Quizá fuera la caída de la temperatura o que el alcalde Canteli había decidido este viernes emocionarse por Navidad convocando a los feligreses en la plaza mayor para iluminarse el rostro con el encendido de las luces de la capital, el caso es que el público de Tribeca estaba frío, incluso, decididamente alejado del escenario sobre el que se imponían los cinco magníficos Corizonas con Javier Vielba “El Meister” a la cabeza. Daba igual que el personal no estuviera a tono, que el concierto fuera gratis y “total para qué”, lo importante fue disfrutar de un conciertaco de esos que certifican la buena salud de una banda sobre la que pesaban muchas dudas, desde que The News Today no pegara como merecía (un disco hermoso, fronterizo y noble) y, sobre todo, desde que Fernando Pardo se apartara de la singladura. Sea como fuere, Corizonas está en plena forma. La ola continúa.

Javier Vielba y Rubén Marrón, en la Sala Tribeca. Foto de David Aguilar Sánchez.

Su cuarto disco sintetiza cuarenta años de rock y llega a los oídos como una bendición. Vielba sigue conservando el aura de un predicador sentimental: “sois seres de luz. Para brillar tenéis que sudar. Para sudar tenéis que bailar. Sudemos, bailemos y dejemos que la luz se refleje en vuestros rostros” invocaba el maestro, mientras presentaba las canciones de su último álbum, un destilado exquisito de rock, sin excesivas extravagancias, vale, sin riesgo alguno, pues también, pero sólido como la roca de un desierto, sobre cuya superficie reverberan los solos de guitarra de David Krahe y Rubén Marrón de una manera gozosa, honesta y genuina. Son hombres de rock.

Desde los Jaihawks hasta Wilco, pasando por el sonido indie, The Fleshtones, el surf, el fuzz, Los Brincos, Buffalo Springfield, AC/DC y yo qué sé cuántas cosas más hay metidas en esa coctelera. Así es un concierto de Corizonas y así es su trabajo de 2021. Abrieron el concierto con Volveré, que principia con un sonido de medio oeste tan grande y luminoso como un amanecer. Le siguió Nubes negras, Ilúminame, Todo mal o Brindo por ti. El set incorporó The Falcon Sleeps Tonigh o Run to the river de su anterior disco. Hubo tiempo para disfrutar Si tú te vas o Lo intenté y esa maravilla italiana titulada Piangi con me. Sonaron rotundas, redondas, virtuosas. Hermosas guitarras acompañadas de una base rítmica limpia y enérgica, a manos de Javier Vaca, un killer de aspecto cherokee, mirada torva e imperturbable, sosteniendo un bajo poderoso y Roberto Lozano a la batería, tan versátil como eficaz con las baquetas. El Meister y los suyos estrenaron su último single, Escucha mi voz, que sonaba a Santana, a Mike Kennedy, a Los Brincos, a la mejor tradición rockera hispana de los 60.

David Krahe, a la guitarra, durante el concierto de la sala Tribeca. Foto de David Aguilar Sánchez.

Vielba goza de la misma elocuencia que Ángel Stanich, desprende un carisma similar y muchísimas tablas, las suficientes para conseguir que el gélido público del viernes se animara a bailar, a sudar, a ver en su rostro iluminado el brillo fronterizo y norteamericano que emana de las hermosas guitarras de Los Corizonas, más vivos que nunca, infalibles al desaliento, las pandemias y los desastres, regalando rock.

Actualidad

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí