La derecha que no suma

La irrupción de Leal-Cascos y Suma Principado podría bloquear cualquier alianza en el centro derecha

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

Son movimientos en las capas tectónicas como la irrupción de Suma Principado, las que deberían preocupar a los dirigentes de la derecha asturiana, si desean gobernar en algún momento. El ex-forista y diputado Pedro Leal vuelve a asomar la cabeza, acompañado de Francisco Álvarez Cascos. Dos cadáveres políticos cuyas manos asoman de entre las grietas de sus tumbas, en el páramo demográfico asturiano.

Suma Principado nace con la vocación de apuntalar un gobierno de derechas, hipotéticamente dirigido por Diego Canga, nuestro hombre en Bruselas quien, de momento, no ha dicho ni una sola palabra tras ser designado por el propio Núñez Feijóo como candidato del PP en nuestra comunidad. La ecuación Leal-Cascos, Diego Canga y Adrián Pumares no suma, resta, del mismo modo que resta también VOX, carne política aceleradamente envejecida, carne de vaca vieja en incipiente estado de descomposición que tratan de vendernos como si fuera buey español.

La designación de Diego Canga tiene muchas lecturas. Aquí ya aportamos una: la debilidad de Núñez Feijoo en su partido. Pero también tiene otra. El puente entre Canga y el Presidente del PP ha sido González Pons, hombre moderado, también otro hombre en Bruselas, alineado con las tesis europeistas de la Comisión y del Partido Popular Europeo, a favor de una derecha española liberal y pactista en asuntos tan relevantes y de gran trascendencia en el sistema institucional de nuestro país, como es la composición del Consejo General del Poder Judicial. El nombramiento de Canga significa, pues, que Pons está vivo, aunque Satán haya intentado tomar el Congreso esta semana y, al mismo tiempo, también nos indica que Núñez Feijóo continúa nadando entre dos aguas.

Teresa Mallada, Pablo González y Álvaro Queipo, diputados del PP. Foto de Iván G. Fernández.

El nombramiento de Canga, primero, y la irrupción de Leal-Cascos, después, abre una grieta insondable en las relaciones que pudiesen mantener en el próximo futuro el PP asturiano y Adrián Pumares. Nunca, en la historia de la democracia asturiana, ha habido una fractura de la derecha tan dispersa y dispar como esta. Aun así, y esto es nos hace ser optimistas, pese a la escasa iniciativa parlamentaria, el fenómeno no ha desembocado en la decadencia parlamentaria que se ha vivido estos días en Madrid. El perímetro frente a VOX ha funcionado. El sótano de Fruela parece estar blindado ante cualquier ataque institucional. A cambio, ciertamente ofrece un letargo legislativo y un ensimismamiento político de sus señorías que sólo parece desperezarse cuando el Presidente del Principado ofrece una ocurrencia o un golpe en el pecho, codificado en un tuit.

No parece que el Presupuesto del Principado vaya a ser objeto de grandes conflictos. Es un presupuesto previsible, rutinario, que IU y Podemos pueden llegar a compartir. El voto negativo de Ciudadanos no afectará a su aprobación y la política fiscal definida en el texto es realmente equitativa. Pagarán menos los que menos tienen y recibirán más los que más lo necesitan.

En el debate presupuestario, lo más significativo no serán los presupuestos, sino el argumentario con el que Adrián Pumares y el PP tratarán de confrontarlo. Será la gran oportunidad para el Secretario de FORO de demostrar que dispone de una estrategia electoral capaz de seducir al centro derecha y, quien sabe, si a una parte del electorado popular, entumecida por el desencanto y la división interna. Ese día será el próximo 30 de diciembre y, probablemente, se marcará el rumbo irreversible a otras nuevas elecciones con Barbón a la cabeza.

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