Diego Canga: un error deportivo

El candidato de Núñez Feijóo aterriza en Asturias exhibiendo su experiencia comunitaria y un proyecto ultraliberal.

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

El aterrizaje de Diego Canga, paracaidista político dispuesto a encabezar la lista autonómica del PP asturiano en los próximos comicios, se ha desarrollado con una puesta en escena insólita, más propia del millonario fichaje de un club de fútbol que de un partido político, más cercana a la de un show man que afirma resolver problemas que a la de un político que conoce las entrañas de Europa. Son los estragos de la modernidad, querido y desocupado lector, ya tú sabes, la globalización, el marketing, la televisión y tantas otras cosas más. Pero no pasa nada, tenemos cuajo en el hígado para cosas mucho peores.

Su designación sorprendió a propios y extraños. Le tomamos por lo que no era. Pensábamos que venía un tipo que conocía las tuberías de la UE y al sobrevolar Pajares, le ha salido la vena del entrenador que todos llevamos dentro dispuesto a rescatar a su equipo de la Segunda División. Suele suceder. No pasa nada, me digo, tenemos cuajo en el hígado para tanta egolatría y cosas mucho peores.

Su nombre se cocinó en Génova, promocionado por el propio Núñez Feijóo, festejado por Álvaro Queipo y todos los que se quedaron en la cuneta esperando una regalía. A ellos también les digo lo mismo que yo me digo: no pasa nada, hermanos, tenemos cuajo en el hígado para cosas mucho peores.

Álvaro Queipo, Pablo González y, en el atril, Diego Canga.

Fue recibido en Gijón en olor de estrechas multitudes, también generó más expectación de la esperada y, si me apuran, más expectativas de las merecidas. Ni la campaña mediática más desaforada ha impedido que su imagen se diluya como el gas de una botella de champán barata. Por fuera parecía oro líquido y por dentro, sólo era agua. Canga es el hombre que vino del frío al que resta únicamente cuestionar la legitimidad de los últimos 40 años de democracia en Asturias. No tardará.

Ha bastado una entrevista firmada por el brillante Vicente Montes en las páginas dominicales de La Nueva España para que los fuegos artificiales se apagasen tan pronto alguien creyó oportuno encender la luz. El candidato apenas necesitó una gavilla de preguntas para resituarse en las mismas coordenadas electorales del mismo hombre que lo designó, sobre un discurso basado en un solvencia que aún está por demostrar. Asturias es algo más que una agencia europea. Y ese es un dato importante a la vista de los errores precedentes de Núñez Feijóo a su llegada a la política española, cuando vive sus horas electorales más bajas desde que ocupó el cargo. Pero no pasa nada, muchachos, tenéis cuajo en el hígado para cosas mucho peores.

Efectivamente, Canga es un hombre de Bruselas, un tecnócrata de la Política Agraria Común (PAC) al que el traje político, de momento, no le queda bien ajustado. Su discurso es muy estridente. Si juega demasiado tiempo por la banda de la PAC acabará dando cuenta de sus actos ante las cofradías de pescadores, ante los ganaderos, ante los agricultores de los recortes y padecimientos que han sufrido durante los últimos años. Ser un tecnócrata no es garantía política de nada y también tiene un precio. Canga no es una paloma ni tampoco un halcón. Se ha vestido como el señor Lobo que resuelve los problemas, pero sólo es otro hombre del PP puesto por otro hombre del PP.

La experiencia nos dice que el instinto político se sustancia con otros métodos, se fragua con otros verbos y se conserva con otro hígado. Todavía no sabemos si el suyo tiene suficiente cuajo para estar en la oposición. No obstante, hay un elemento político de la biografía profesional de Canga que sí conviene dar relieve: su relación con Antonio Tajani, co-fundador de Forza Italia, junto a Silvio Berlusconi Il Loro, no puede pasar desapercibida. Canga no ha sabido aterrizar con la mesura, humildad y discreción propia de un astuto democristiano que habría presentado su llegada con otro discurso y una vocación más conciliadora. Con el berlusconismo a sus espaldas, cebado y alimentado por el propio Canga, ya no resulta tan extraño que la puesta en escena de este fin de semana haya sido tan desmesuradamente artificial y espectacular.

Diego Canga posa con un retrato de Antonio Tajani a sus espaldas.

Pensábamos que Canga aterrizaba con una Biblia europea, la misma que, por cierto, sostiene Úrsula von der Leyen, la misma que desde el gobierno de Pedro Sánchez y Yolanda Díaz, en asuntos tan cruciales como la deuda y la energía, han sabido leer para que nuestro país tenga la menor inflación de todo el espacio euro, pero resulta que el todavía director de la Agencia Agroalimentaria Europea ha llegado con una pizarra y un lenguaje ofensivamente populista y plagado de tópicos deportivos y consignas ultraliberales alejadas de la agenda comunitaria.

Sucedió primero con la tauromaquia y se ha extendido a la política después. El discurso futbolístico adoptado en las crónicas taurinas anticipaba su declive inexorable y ahora vuelve a suceder con la crónica política en boca de un candidato popular cuyo ego no le cabe en el traje de entrenador. Después de leer a Canga, la política se parece desgraciadamente más al fútbol: nos subirá a todos a la primera división de no se sabe qué, hará que esta región recupere influencia y adquiera un carácter más competitivo contra no se sabe quién. Reforzará las alas de su partido, será más agresivo en el ataque, se mantendrá inquebrantable en la defensa de nuestros intereses, tendrá a su alrededor a los mejores centrales y jugará en la Champions League de los 36 fondos europeos que reparte la UE con la soltura de un auténtico killer, un 9 letal en Europa, en el Parlamento, en donde sea menester.

Pero la realidad política, de momento, no es un campo de fútbol. Canga aterriza con el paracaídas roto y prestado, ofreciendo rebajas fiscales, una estrafalaria competitividad territorial que dice muy poco de su visión política de Asturias y de España. Deberá repasar a Ortega y maquillar mejor la falsa unidad interna de un partido en el que no milita y que, probablemente, se evaporará si no logra ganar las próximas elecciones. Indirectamente, el hombre comunitario ha humillado a los asturianos, con un talante ostentosamente soberbio y cruel. No se le ha leído nada intelectualmente novedoso ni mucho menos estimulante, que permita observar un verdadero giro de timón en las siglas de su partido con alternativas creíbles y verificables. O yo o el caos es un eslogan demasiado viejo, poco aseado, sobremanera patético y maniqueo, cansino y aburrido. Canga se presenta como un error deportivo, otro más de Núñez Feijóo. Podrá ser un gran tecnócrata en Bruselas pero carece de la humildad y la eficacia que uno admiró en los democristianos. Es un fenómeno adulterado, derivado del berlusconismo.

Así las cosas, y regresando a la política real, llegamos a unos presupuestos autonómicos que, sin sorpresas de última hora, la FSA verá aprobados el próximo 30 de diciembre con el apoyo de IU y, posiblemente, de Podemos. La solvencia de Canga se verificará fuera del Parlamento asturiano. La aprobación del presupuesto será una de las claves sobre la que los tres partidos deberán pivotar su campaña electoral. Sacar unas cuentas suele ser sinónimo de estabilidad política, siempre aplaudida en Europa, frente a la efervescencia mediática de un Diego Canga, con su sentido futbolístico y ególatra de la realidad económica asturiana. Pero no pasa nada, tenemos el hígado entrenado. Hemos soportado cosas mucho peores.

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