2022, el año de Juan Cofiño y la no oficialidá, 2023: ¿el año de un gobierno asturiano de coalición?

El vicepresidente ha puesto cara al último tramo de la presidencia de Barbón, marcado por las políticas conservadoras.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

2022 iba a ser el año de la oficialidá, pero no lo fue. Enero arrancaba con mal pie. Foro exigía bajar los impuestos a cambio de su voto positivo, e IU se negaba en redondo a apoyar cualquier rebaja en la progresividad de los tributos. Podemos se abría a realizar algunos ajustes fiscales en aras de lograr la ansiada reforma y el PSOE se cruzaba de brazos, quizá calculando que abrir el melón estatutario no le merecía tanto la pena y que un fracaso por culpa de la “intransigencia de unos y otros”, tampoco era, al fin y al cabo, un escenario tan malo. Finalmente, en febrero, Adrián Barbón daba por muerta la reforma del Estatuto de Autonomía.

El secretario general que había guiado a la Federación Socialista Asturiana a la oficialidá “amable y a la asturiana”, devenía en el presidente del fracaso estatutario. No parece que le haya pesado mucho. Si bien los vetos cruzados entre Foro e IU eran el motivo oficial del naufragio, el progresivo desinterés del PSOE por el asunto lingüístico pesó tanto o más que lo anterior en enterrar un proyecto cultural que buena parte de su partido no compartía. Divisiones internas en la FSA, el temor a una guerra cultural contra el asturiano liderada por las derechas y sus medios afines, y el cálculo de que tampoco el Gobierno ganaba tanto haciendo oficial la lengua, condujeron al fracaso de una de las promesas de Barbón, precisamente la que había sido su principal seña de identidad frente a Javier Fernández.

“2022 comenzaba sin mucho que contar por parte del presidente asturiano”

2022 comenzaba pues sin mucho que contar por parte del presidente asturiano. “Adrián Barbón, un presidente en busca de discurso” titulaba precisamente por entonces Víctor Guillot uno de sus brillantes análisis políticos en NORTES.

Oficialidá y sanidad habían sido entre 2020 y 2021 los dos grandes ejes discursivos del barbonismo. Los dos motores de su presidencia. Si el primero se venía abajo a principios de 2022, el otro ya había perdido fuelle al término de 2021, con la inesperada dimisión de Rafa Cofiño, director general de salud pública y arquitecto de la buena respuesta asturiana a la pandemia, sin lugar a dudas el gran éxito de la presidencia Barbón.

Rafael Cofiño, director General de Salud Pública del Principáu d’Asturies, en su despacho. FOTO: Iván G. Fernández

Sin Estatuto ni pandemia, comenzaba a emerger un nuevo leitmotiv de la presidencia Barbón, la guerra contra la burocracia, y con ella un general, Juan Cofiño, un político experimentado que iría cobrando protagonismo a lo largo de 2022.

Cofiño, eso que los medios suelen presentar como “tecnócratas”, como si sus decisiones carecieran de ideología o color político, ha puesto cara al carácter muy conservador del último tramo de la presidencia de Barbón. Un final de mandato marcado por el enfriamiento de las relaciones parlamentarias con IU, y en el que se ha llegado incluso a cuestionar por parte del Gobierno a los receptores del salario social, entrado en discursos más propios de las derechas que del centro-izquierda.

La agenda Cofiño

“En los últimos años se priorizó el gasto social sobre las infraestructuras y esto tenemos que corregirlo” afirmaba el vicepresidente en junio de 2022 en una extensa entrevista a El Comercio en la que dejaba clara su apuesta por una agenda política desarrollista y de apoyo sin condiciones al sector privado. Básicamente lo que los sucesivos gobiernos socialistas han hecho durante décadas: fiar el desarrollo de la comunidad a las grandes infraestructuras y las subvenciones a las empresas privadas. Bien relacionado con un sector muy concreto del mundo empresarial, la Cámara de Comercio, en nombre de la “guerra contra la burocracia” Cofiño ha impulsado la Ley de Calidad Ambiental, una normativa pensada para eliminar controles urbanísticos y ambientales a los inversores, algo en la línea de otras leyes aprobadas por el PP en Andalucía y Galicia. Su negociado también llevó los acuerdos con Amazon. El Principado puso alfombra roja a la instalación de la multinacional norteamericana, pero el almacén de Siero sigue sin abrirse, paralizado como otros en el resto de España por el descenso en las ventas tras el boom de la pandemia. Asimismo Cofiño ha sido el hombre del protocolo de La Vega, un documento con una fortísima contestación social y política, incluso en las filas socialistas, y confeccionado a la medida de los intereses del Ministerio de Defensa y de los promotores inmobiliarios. Prevé la construcción de 1.000 viviendas en la antigua fábrica de armas de Oviedo/Uviéu y el desvío a través de ella de la autopista.

Juan Cofiño en la Junta General. Foto: Iván G. Fernández.

2022 terminó con la Ley LGTBI asturiana paralizada, otra promesa de Barbón guardada en el congelador, y con unos presupuestos expansivos gracias a la inyección de fondos europeos en las arcas públicas. El aumento del presupuesto en sanidad y el regreso de la construcción de vivienda pública representan la cara más social de unas cuentas autonómicas sin grandes novedades que no contaron, para esta ocasión, con el voto de Cs, principal apoyo parlamentario de Barbón-Cofiño a lo largo de este mandato.

Barbón llega a 2023 como candidato favorito a las elecciones de mayo. El último CIS informa de una sociedad asturiana insatisfecha con el declive económico y demográfico de su comunidad, pero que no castigará por a ello ni a su presidente ni a su partido. Los asturianos apostarán, casi con toda seguridad, por un nuevo gobierno del PSOE en 2023. La duda es si en solitario o con Podemos e IU en el ejecutivo. El derrumbe de Cs abre una posibilidad para que las izquierdas sustituyan la agenda Cofiño por otra de carácter más progresista. El objetivo bien merecería una tregua en sus hostilidades internas.

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