Elogio de los músicos asturianos (interludio)

Exportan música fuera de Asturias, conservan su talento aquí

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

Conviene hacer un interludio. Dice la RAE que el interludio es una breve composición que ejecutaban los organistas entre las estrofas de una coral. Modernamente se ejecuta a modo de intermedio en la música instrumental. Entre tantas voces que han hablado y que hablarán sobre el sentido de los AMAS, a lo largo de estos días y los siguientes, a cerca de la ausencia de nombres que publicaron brillantes discos en 2022, conviene hacer una reflexión, un interludio, sobre el sentido de la música en Asturias o, mejor dicho, sobre el trabajo que desempeñan los músicos asturianos en su propia comunidad.

Si hay algo que diferencia a nuestros músicos de cualquier licenciado en ingeniería, medicina, historia, es que han tenido el talento de exportar música fuera de Asturias y, al mismo tiempo, la capacidad, el esfuerzo y el tesón de conservar su vida en ella. No nos han abandonado. No forman parte de la diáspora. Están aquí, con nosotros. Al contrario de lo que sucede en otras profesiones cualificadas, la música asturiana se sigue haciendo en Asturias y sus músicos están perfectamente fundidos en nuestra vida cotidiana hasta el punto de que no podrían vivir en otro lugar. Sus vínculos con su tierra se han vuelto sagrados.

Jorge Explosión en el festival TomaVistas de Madrid.

Nuestros músicos, nuestras bandas, las mejores, las que no están nominadas en esta edición de los AMAS, decidieron quedarse aquí. Es un detalle que tiene más importancia de la aparente obviedad. Y parece obvio, intrascendente, porque forman parte del pálpito diario de nuestro porvenir, lo que no es, en absoluto, ninguna obviedad. Nada ni nadie les ha obligado a continuar en una región cuyo horizonte se tambalea mes a mes, mientras en otras comunidades, piensen en Madrid, Valencia o Barcelona, dispondrían de más medios, más recursos y también de más políticas culturales que les permitiría tener una vida más fácil. Pero no ha sido así.

Jorge Explosión no sólo ha sacado un disco, Superioridad moral, que ha alcanzado las cotas más altas de la música rock española de este año. Es raro que el garaje y el power pop en nuestro país logren ese reconocimiento. Es un gran trabajo. Pero Jorge Muñoz Cobo también produce discos para otros y remasteriza canciones de compañías internacionales. Atrae el interés de bandas de otros países a su estudio desde hace más de 20 años. El primer grupo que produjo era inglés, el segundo sueco. Además, resucita viejas voces y sonidos del soul para las compañías de los EEUU y lo hace con el amor de un artesano desde su estudio, Circo Perrotti, que tiene sus cimientos en Gijón.

Rodrigo Cuevas no sólo ha conseguido forjar una síntesis de la modernidad y la tradición desde las raíces mitológicas y la cultura pop del pasado siglo y del presente. Ha provocado un terremoto en la industria musical española. Revisionó el cabaret, el cuplé, el cancionero español más psicalíptico y se ha empeñado en crear un ambicioso centro cultural en su pueblo, Piloña que, sin exagerar, implica un compromiso personal de carácter homérico con su territorio, aquel en el que vive, ama y sueña.

Charlie Bautista, Marisa VAlle Roso, Diana Arenis y Alex Moreno durante su último concierto en Mieres.

Marisa Valle Roso no podría imaginarse la vida sin La Felguera. Junto al gran músico Charlie Bautista (Xoel Lopez, Ivan Ferreiro, Coque Malla), ha producido uno de los discos más hermosos del 2022. Desde la historia contemporánea asturiana y la tradición latinoaméricana le ha dado una vuelta de tuerca a nuestra manera de sonar y escuchar. Su proyecto ha sido recibido con verdadera sorpresa y entusiasmo fuera de Asturias. Ella también exporta música. Ha sido un magnífico despertar hacia otras tierras desde la suya.

Todo el mundo sabe que Nacho Vegas, que también ha publicado en 2022 Mundos inmóviles derrumbándose, reside también en Gijón y que no le han faltado proyectos vitales para ser un cantautor en Madrid o en cualquier otra capital de provincia. Pero la luz de agosto en Gijón no es sólo un verso, es también una necesidad, un deseo y una manera de vivir y pensar. El mismo compromiso que mantiene Jorge Martínez Ilegal en Oviedo desde el malditismo del punk, del rock y tantos otros géneros con los que ha pergeñado una vida capaz de llenar estadios en Latinoamérica o de convocar a lo más granado del rock, el pop y el indie español en su último disco, La lucha por la vida. Su reconocimiento es también el reconocimiento del rock en Asturias.

Nacho Vegas. Fuente: Nacho Vegas.

Y podría seguir citando nombres. Pero el interludio es sólo eso, como una columna, el breve espacio en el que suena una canción, antes de que continúe el show. Tiene razón Jon Álvarez, Tigre y Diamante, cuando afirma que “este país sigue en manos de retrógrados y estúpidos”. Porque si había un año en el que la gala de los AMAS podía haber realzado el trabajo de los músicos asturianos, su grandeza, su calidad y su porvenir vital, ese año era este, con una cuaterna de nominados en cada categoría ajustados a la realidad de la música española, en la que el éxito, el talento y el esfuerzo lograron estar siempre por encima de las miserias cotidianas de nuestra vida y la tentación mefistofélica de abandonar esta comunidad. Demuestran que en Asturias se exporta alta cultura. Para replicar a mi querido Xuan Cándano. Con ellos, sí hay país.

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