Labordeta: mucho más que el cantautor que mandó a la mierda al PP de Aznar

El documental "Labordeta, un hombre sin más", clausura este viernes la XI edición del festival MUSOC organizado por Acción en Red.

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Daniel Ripa
Daniel Ripa
Es psicólogo social y ex diputado de Podemos Asturies.

19 de septiembre de 2010. 36.000 personas desfilan por la capilla ardiente en el Palacio de la Aljafería, sede del parlamento de Aragón. Lágrimas y emoción en el primer funeral de Estado de la historia aragonesa. A José Antonio Labordeta, catedrático de instituto, cantautor, presentador de televisión, escritor, político, un cáncer nos lo acababa de arrebatar. Un pueblo entero se estremecía.

Y nos dejó. Recuérdame, Como un árbol batido, Como un pájaro herido, Como un hombre sin más. Recuérdame, Como un verano ido, Como un lobo cansino, Como un hombre sin más. Ya ves, J.A. Labordeta.

La música de un país

Si el Asturias de Victor Manuel es el himno oficioso del Principado, en Aragón lo es el Canto a la Libertad. Hay otro himno oficial, de laboratorio, pero nadie lo conoce, ni siquiera los diputados del PP y PAR que bloquearon la Iniciativa Legislativa Popular para que el Canto a la Libertad ocupara su lugar. El catedrático de instituto puso música a un país. Ciertamente, conectó con las causas perdidas, con la defensa de las libertades ante el poder, con la resistencia ante cualquier dictadura. Su Canto a la libertad es una canción global. Y sin embargo, Albada, Somos o Aragón, recogían el clima depresivo de una tierra que sentía que había tenido más pasado que futuro. A pesar de ello, su música transmitía un mensaje de esperanza. De ahí su fuerza. “Aragón es un territorio grande, descuajeringado, con poca gente, por lo que es difícil de estructurar. Con un futuro complicado”, admitió en una entrevista. Zaragoza pasó de 264.000 habitantes en 1950, a 600.000 en el 2000, creciendo a costa de vaciar el resto de Aragón. Labordeta fue clave en ponerle palabras. Su tema “Aragón” sigue, décadas después, golpeando corazones: Polvo, niebla, viento y sol. Y donde hay agua, una huerta. Al norte, los Pirineos, esta tierra es Aragón. Al sur la sierra callada, pasa el Ebro por el centro con su soledad a la espalda. Dicen que hay tierras al este donde se trabaja y pagan. Hacia el oeste el Moncayo como un dios que ya no ampara. Vamos camino de nada, vamos a ver como el Ebro con su soledad se marcha. Y con él van en compaña, las gentes de estas vaguadas, de estos valles, de estas sierras, de estas huertas arruinadas. Aragón, J. A. Labordeta.

Labordeta junto a Enrique Tierno Galván, del Partido Socialista Popular, y Emilio Gastón, del Partido Socialista de Aragón, en un mitin en 1977.

El cantautor había comenzado a componer a finales de los 60 en los duros inviernos de Teruel, a donde había sido destinado como profesor. Aunque en sus clases en el Instituto Jesús Ibáñez había alumnos tan heterogéneos como el músico Joaquín Carbonell, el periodista Federico Jiménez Losantos, el ex ministro Federico Trillo​ o Manuel Pizarro, ex presidente de Endesa, allí sería donde forjaría una amistad profunda con Eloy Fernández Clemente, historiador y padre del Aragón contemporáneo. Eloy, recientemente fallecido, le inspiraría políticamente y juntos participarían en los 70 en la fundación de la revista Andalán o del Partido Socialista Aragonés (que logró un escaño en 1977 en coalición con Unidad Socialista y el PSP).

“Enamorado de la chanson francesa, de su melancolía y desazón, surgía su fuerza”

Enamorado de la chanson francesa, de su melancolía y desazón, surgía su fuerza.  La fama le llegó tarde, ya mayor y hasta sus 51 años seguiría ejerciendo de profesor. Pero ese reconocimiento no le abandonaría. Mientras a otros cantautores les sentaba mal (musicalmente) la democracia, la popularidad de Labordeta no pararía de crecer. No sólo fue un cantautor antifranquista que emocionó a la generación del baby-boom, sino que conectó con las nuevas generaciones por medio de la televisión. Desde TVE, Un país en la mochila, el programa que conduciría entre 1995 y 1999, alcanzaría el éxito de forma inmediata. ¿Por qué funcionó? Porque detectó algo real y emocionante en contar la vida de un mundo que desaparecía. Sólo hay que encender la TPA para reconocer la influencia de Un país en la mochila. Recorrer los pueblos mientras comes, bebes y charlas sobre la historia del lugar con los vecinos sigue siendo, casi treinta años después, un formato infalible que se repite sistemáticamente en las televisiones autonómicas de todo el país.

Un momento del programa “Un país en la mochila”.

Somos, como esos viejos árboles, batidos por el viento, que azota desde el mar. Hemos, perdido compañeros, paisajes y esperanzas, en nuestro caminar. Vamos, hundiendo en las palabras, las huellas de los labios, para poder besar. (…) Vamos, a echar nuevas raíces, por campos y veredas, para poder andar. Tiempos, que traigan en su entraña, esa gran utopía, que es la fraternidad. Somos, J. A. Labordeta

El precursor de la España vaciada

Zagal, no me lo puedo creer. Nos han llamado de un pueblo de Castilla La Mancha. Nos piden hacer una candidatura de la Chunta apoyada por Labordeta. Les he dicho que gracias, pero que somos un partido aragonés. Y en La Rioja quieren hacer campaña usando su foto en los carteles”. En el momento de máxima popularidad de Labordeta, en 2003, estas conversaciones se producían en el cuartel general de la Chunta, en la calle Conde Aranda de Zaragoza. La llegada de Labordeta al Congreso, como diputado independiente del partido aragonesista, le llevó a ser voz de la España olvidada.

Labordeta en su escaño de Madrid.

Fue, sin lugar a dudas, el precursor del movimiento de la España vaciada. Lo que Teruel Existe y Soria Ya! iniciaron en 2019 ya se intuía en el 2000, con su presencia en Madrid. Labordeta conocía bien de lo que hablaba. Había sido profesor de instituto en Teruel. No era ajeno al olvido histórico, a la despoblación, a la dureza de vivir en el campo. La depresión de la que hablaba Labordeta no era la de la falta de libertades del franquismo, sino una más duradera, la del vaciamiento del Aragón rural, la de la extinción de unas formas de vida. Su Teruel sería Soria, Jaén, Zamora o el Suroccidente asturiano. Al volver a Zaragoza tras su paso por Madrid, señaló “Llegas siendo un chico de provincias y te marchas siendo un chico de provincias”. Para ser sinceros, nunca dejó de serlo.

El Abuelo

Arriba los compañeros, que ya ha llegado la hora, de tener en nuestras manos, lo que nos quitan de fuera. Esta albada que yo canto, es una albada guerrera, que lucha porque regresen, los que dejaron su tierra. Albada, J. A. Labordeta.

La Chunta había nacido en 1986, como Izquierda Unida. Confluyó la decepción del referéndum de la OTAN, las luchas contra los macro-pantanos en el Pirineo aragonés y del fracaso del proyecto autonomista del Partido Socialista Aragonés, cuyos dirigentes se integraron en el PSOE. En ese contexto, un grupo de veinteañeros nacidos en los 60 y que habían crecido admirando a Labordeta, impulsaron un proyecto de izquierda nacionalista aragonesa. El rechazo en Madrid a la reforma del Estatuto de Autonomía aprobado en Aragón y un gobierno socialista apoyado en un tránsfuga hizo el resto y la Chunta entraría en 1995 por primera vez a las instituciones. Su diputado y fundador, Chesús Bernal, tenía entonces 35 años. Al año siguiente, Labordeta, que ya había ido en listas de IU, se implicaría con la Chunta y accedería a poner su cara como independiente en sus papeletas en las posteriores convocatorias electorales (Congreso, autonómicas y europeas). 

Una de las primeras asambleas de la Chunta.

Para los que nacimos en los 80, Labordeta ya no era un símbolo musical (su música nos quedaba lejana), sino ético, de lucha por su país. Así, con la entrada del nuevo siglo, una generación de jóvenes aragoneses entramos en política porque queríamos recuperar el orgullo de una tierra que sufría el abandono, la despoblación y la emigración. Queríamos llevar al Abuelo al Congreso y con ello lograr un símbolo de resistencia en Madrid. Era febrero del año 2.000. Abandoné temporalmente las clases de psicología en la Universidad de Oviedo y acompañado de un pequeño grupo de jubilados rurales, repartíamos por Zaragoza folletos con la cara de Labordeta y unos cachondos condones con su cara que habían hecho ‘para llevar al abuelo al Congreso’. Con el lema ‘con voz propia’ (surgido a raíz del rechazo a una propuesta de candidatura unitaria al Senado formulada por el PSOE), tras décadas de lucha y varias elecciones fallidas, el músico y profesor, ese 12 de marzo por fin se pondría el traje de diputado en Madrid, frente a una mayoría absoluta del PP.

Al poco, encabezaría la resistencia contra el trasvase del Ebro y del No a la guerra de Irak. El crecimiento de la Chunta en esos años sería exponencial hasta alcanzar 9 diputados y 100.000 votos en el 2003, el mejor resultado de su historia. Eran los tiempos de José María Aznar, del pacto de las Azores y de ministros con pinta de yuppies que cobraban comisiones en negocios que cerraban en clubes de alterne. Su histórico “¡A la mierda! A ustedes que han tenido el poder toda la vida les fastidia que vengan aquí las gentes que hemos sido torturados por la dictadura a hablar aquí”, después de que le gritaran “vete a la mochila a Teruel” fue el grito de resistencia ante un aznarismo tan soberbio como hegemónico. Cuando tras el atentado del 11-M, en 2004, el voto útil a Zapatero llevó a la Izquierda Unida de Llamazares a la práctica desaparición, Labordeta aumentó su número de votos.

Labordeta en un concierto en 1975.

Su ‘A la mierda’, en marzo de 2003, fue la primera ruptura de régimen del siglo XXI. Entre la cortesía parlamentaria y Labordeta, el pueblo se puso instantáneamente de su lado. Era fácil, el político aragonés fue un indignado en el Congreso de los Diputados una década antes de que los indignados tomasen la calle y abrieran, posteriormente, las puertas y ventanas de los parlamentos. Fue precursor del 15-M porque detectó la distancia insalvable entre el pueblo y la clase política, una distancia que no pararía de crecer. Y porque, ante las luces de neón de la capital, siempre supo quién era y a quiénes representaba.

Y sin embargo, ‘el abuelo’ lamentaba que el ‘a la mierda’ ocultó su brillante trabajo en el Congreso, junto a Francisco Pacheco. Fue uno de los diputados con más iniciativas parlamentarias y la lectura de los versos de su hermano Miguel en el Congreso durante la guerra de Irak erizaron la piel: “Mataos, pero dejad tranquilo a ese niño que duerme en su cuna… Asesinaos si así lo deseáis, exterminaos vosotros, los teorizantes de ambas cercas, que jamás asiréis un fusil con bravura“. Grabó sus memorias en el libro Un beduino en el Congreso, que relató esos años de soledad. “Aznar me cruzó mil veces en el Congreso, pero nunca me saludó”, recordaba. 

En esos años siempre mantuvo su autonomía. Federalista, había llegado a decir que la independencia de Aragón le parecía una majadería, por lo que no era de extrañar que impusiera su voto crítico en el partido nacionalista en cuestiones como el plan Ibarretxe o la ley de partidos (abstención, frente al voto contrario del partido). Anarcoburgués, como acostumbraba a bromear, su ascendencia moral en el partido era total. Hablaba poco, pero cuando lo hacía, su voz grave provocaba un gran silencio. Si pedía dejar intervenir a alguien en una reunión, sin importar quién presidiera ese órgano de dirección, esa demanda era concedida. Labordeta dejaría el escaño en 2008, pero haría un último servicio a la causa. Acompañaría en la candidatura al Congreso a Bizén Fuster, el ex presidente de la Chunta. Lamentablemente, la Chunta, se encontraba lastrada por el acoso mediático y los conflictos tras las tensiones del gobierno municipal de Zaragoza, que le llevaron a la expulsión de sus juventudes, Chobenalla, y de militantes críticos con la Exposición Universal de Zaragoza 2008. En caída libre, perdería la mitad de los votos y la representación en Madrid. El cantautor había apoyado ese proceso de depuración interna para que la Chunta se alejara del extremismo nacionalista. Sin embargo, nunca llegó a comprender las consecuencias electorales que ello desencadenaría: “no entiendes que lo hayas hecho bien, pero luego no te voten”. Desgraciadamente, se castiga más la desunión, que la corrupción. 

El 15M llegó un año tarde

“Regresaré a la casa, la casa de mi padre, abriré las ventanas y que la limpie el aire, que limpie la esperanza, que arrastre los recuerdos y arranque de los muros los retratos ya viejos”. Regresaré a la casa, J.A. Labordeta.

Labordeta tendría aún tiempo de escribir y dar múltiples entrevistas. Pero la muerte le cercaría en 2010, un año antes del 15M, en plena crisis económica de 2008. ¿Qué papel habría tenido en la ola de indignación que se llevó por delante el establishment político de este país? En plena orfandad política, su figura habría enraizado de forma natural con los nuevos tiempos, como lo hicieron la trayectoria de Beiras, Gerardo Iglesias, Anguita, Gordillo, Cañamero o Mónica Oltra. Probablemente, la Chunta habría tenido un desarrollo más parejo al crecimiento que tuvo Compromís en Valencia, Labordeta habría crecido como referente estatal y ese empuje habría ayudado a que Aragón en 2015 hubiera tenido un gobierno a la izquierda del PSOE, como sí sucedió en Zaragoza. Y sin embargo, su mito no ha hecho más que crecer desde entonces.

Cartel del documental.

Más de una década después de su fallecimiento, se presenta en este viernes en Asturies “Labordeta, un hombre sin más”, el documental realizado por una de sus hijas, Paula Labordeta, y por Gaizka Urresti, que ha sido nominado al Goya. La película clausurará el festival MUSOC organizado por Acción en Red con una única proyección a las 20h en el Teatro de La Laboral de Xixón. Se salda así una deuda con un hombre sin más, de provincias, que amó a su gente y que desde el desierto de Aragón fue capaz de mirar al mundo, para hacer brillar la esperanza. 

Habrá un día, en que todos, al levantar la vista, veremos una tierra, que ponga libertad. Haremos el camino, en un mismo trazado, uniendo nuestros hombros, para así levantar, a aquellos que cayeron, gritando libertad. 

Sonarán las campanas, desde los campanarios, y los campos desiertos, Volverán a granar, Unas espigas altas, dispuestas para el pan. Para un pan que en los siglos, nunca fue repartido, entre todos aquellos, que hicieron lo posible, por empujar la historia, hacia la libertad. 

Canto a la Libertad. J. A. Labordeta.

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