Muere David González, poeta maldito de las letras asturianas

El escritor, enfermo de cáncer, es autor de más de dos decenas de libros entre poemarios, prosas y narraciones

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Bernardo Álvarez
Bernardo Álvarez
Graduado en psicología y ahora periodista entre Asturias y Madrid. Ha publicado artículos en ABC, Atlántica XXII, FronteraD y El Ciervo.

El poeta David González (Gijón, 1964) descansa al fin. Desde hace años González, poeta maldito y bohemia por excelencia de las letras asturianas, venía esperando “sincera y literalmente” que su muerte tuviese lugar “lo más rápido posible”. Tal vez no tan rápido como hubiera deseado, pero esta madrugada falleció en su ciudad natal a los 59 años, enfermo de cáncer y a los pocos días de publicar su último libro, La canción de la luciérnaga.

Su obra está compuesta por más de decenas de títulos, poemas en su mayoría, pero también libros de prosa y narrativa como El debut del chico tatuado. Su primer libro, Ojo de buey, cuchillo y tijera, es del año 1993, poco después de su salida de prisión. Estando entre rejas por haber participado en un atraco, González descubrió su vocación poética y compuso sus primeros versos: “Allí tuve un choque brutal con la realidad: estaba rodeado de psicópatas por todas partes”, dijo en una entrevista reciente. Vendrían luego sus obras más emblemáticas-Sembrando hogueras, El demonio te coma las orejas, Anda hombre, levántate de ti-que le llevarían a convertirse en un poeta de referencia del realismo sucio y la conciencia trágica. Sus poemas figuran en decenas de antologías poéticas de las últimas dos décadas.

David González era un poeta punk, con su parte de lumpen de antro y talego y su parte de obrero de barrio y de fábrica. Nació y creció en el barrio de Cimavilla y trabajó durante una década en la industria del metal, hasta que dejó su empleo para malvivir de su escritura: “Tengo 51 años y estoy, como digo en uno de mis poemas, solo, pobre, enfermo y desorientado”, se lamentaba en 2016.

En el año 2018 César Maltrago dirigía el documental “Vocación de perdedor”, un repaso por la vida y el carácter de este poeta tan singular.

“Por norma general, mi rutina es esta: me levanto, desayuno, me siento en el escritorio, me fumo un porro y me pongo a escribir hasta, más o menos, la hora de comer. Después vuelvo al estudio y continúo escribiendo, hasta las 7 o las 8 de la tarde. Luego ceno y, o veo una película, o me pongo a leer. Esto de lunes a domingo”, explicaba hace pocos meses en una entrevista para la revista literaria Zenda.

El escritor asturiano Pablo Texón y Miguel Barrero, director de la Fundación Municipal de Cultura de Gijón, han lamentado su fallecimiento.

Las Manos

Las manos
me decían mis padres
antes de sentarme
a la mesa a comer
lávate bien
las manos
no alcanzaban
a comprender
que los niños
las tenemos siempre
limpias

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