“El lado siniestro de la vida me resulta muy poético y luminoso”

Fee Reega, entre la maternidad y la gira musical, reflexiona sobre su último disco, Zoom, una proyección voyeurista, dulce y siniestra de la realidad

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

Hay hombres, hay mujeres, cuyas palabras se deslizan mejor entre acordes menores. Son como llaves maestras que abren las puertas de los palacios más oscuros. Caminan suave, lentamente, por pasillos, salones y cuartos en los que la luz brilla de otra manera, sus habitantes miran de otra forma, otra lógica determina la gravedad de los objetos, otra es la imagen reflejada en los espejos, entre la vida y el sueño. Fee Reega está de gira con su último álbum, Zoom. Su nombre indica la vocación voyeurista de una mujer que comenzó escribiendo poemas insertos en canciones y desembocó finalmente en la música como género que trascendía su propia literatura. En ese descubrimiento, producido desde que publicar La raptora, se han sucedido tres Lp, la maternidad, la pandemia, los recuerdos que conforman y fortalecen la identidad de una mujer que ha encontrado en la vida de los outsiders un espacio para contar nuevas canciones, nuevas historias, pesadillas o sueños.

Creo que Zoom presenta dos caras, una más espectral o fantasmagórica y otra más divertida y dulce, pero si algo tienen en común es una vocación por dejar las canciones abiertas a cierta melancolía, como una puerta semiabierta, a través de acordes menores.

Siempre tuve tendencia a escribir canciones bastante melancólicas. Sobre todo, al principio de mi carrera. Mucha gente se sorprende al conocerme porque me percibe más abierta. La verdad es que me paso el tiempo riéndome todo el rato. No soy una persona triste. Entre los músicos de mi alrededor, generalmente la gente más divertida tiene los proyectos musicales más deprimentes. Es como el payaso triste y el clown. Mi música siempre ha expresado mi lado más melancólico en las melodías, pero creo que con el tiempo se ha ido equilibrando. Siempre tuvimos, cuando hacíamos los conciertos en Berlín, la regla de terminar con un acorde mayor para que la gente se fuera a su casa bien. He intentado equilibrar ese aspecto. Para algunos, mis discos les puede parecer una música melancólica pero en general siempre tuvo muchas caras, que abarcaban todos los sentimientos. Y en este disco me doy cuenta, cuando lo tocamos en directo, que ofrece un espectro muy grande de emociones e intensidades.

Si acercamos el zoom hacia la parte más espectral, se explora la otredad, irrumpe la figura del otro, el doppelganger, nos acerca a una sensación de estar sumergiéndonos en una fantasmagoría que, por otra parte, también explica la realidad de nuestro tiempo. Pienso en una canción en particular: Fuera de mi.

Es una canción, y muy buen ejemplo, para partir de algo muy cerca y después hacer un zoom out. Por esta canción he titulado así el disco. Comencé a componerla cuando estaba embarazada, después de bañarme en el mar. Tenía a mi bebé dentro. Y a la vez pensaba en lo que hay dentro y lo que está fuera, lo que hay en el mundo en este momento. La canción está presidida por ese pensamiento.

Fee Reega, en el Toma 3. Foto de Luis Sevilla.

¿Suelen irrumpir así las canciones?

Parto de una situación concreta, de una frase que me empuja a alejarme, a ampliar el encuadre del plano, que luego se puede ajustar a la vida de cualquiera. En este disco he hecho mucho de eso. Hay momentos muy personales pero creo que también habla de la realidad de todo el mundo, en los últimos años y también ahora mismo.

Cuando me refiero a que este disco guarda una cara espectral, pienso en Marck Fisher, en su concepto de lo siniestro que hace referencia a lo que no está donde sí debería y a lo que no está donde debería permanecer. De alguna manera, tu música, como en el cine de David Lynch, a cuya poética yo creo que estás muy vinculada, tiene algo de perturbador. Lo siniestro perturba pero al mismo tiempo nos obliga a reconocer cierto aire de familia. Reconocemos en lo siniestro algo que nos pertenece o nos vincula. Dicho de otra manera, o de una manera hitchcockiana, creemos que conocemos a nuestros vecinos, pero desconocemos que pasa al otro lado de su puerta.

Es una visión del mundo que siempre he tenido. Es mi motor a la hora de escribir e incluso vivir mi vida. He pasado mi día a día buscando esos elementos perturbadores que forman parte de la vida cotidiana de todos nosotros. Siempre me han interesado las personas más extrañas, siempre me he fijado en ellos. Me imaginaba su vida. Conforman otra sustancia de la vida cotidiana, de la rutina que, incluso, durante la pandemia, llegaron a adquirir más relieve. En Zoom he tomado prestadas ciertas situaciones para imaginarme qué estaba viviendo la gente. Canciones como Dulce fiesta, donde me preguntaba e imaginaba qué vivía y cómo vivía la gente cuando la política impone una situación y unas leyes que, en ese momento, nos oprimían. Cómo reacciona, qué hace para esquivar esas situaciones y vivir una vida lo más libre posible.

¿Qué significó para ti el confinamiento?

El confinamiento determinó un cambio de vida radical que provocó letras, en ocasiones, perturbadoras. Para mentes creativas, un confinamiento ofrece muchas posibilidades para desarrollar la fantasía. Me interesan las personas que no se ajustan a la norma. Puede ser un artista o un vagabundo, también una vieja que lleva cuarenta años viuda que se ha montado la vida a su manera. Me intriga esa parte de la sociedad que la sociedad no mira y me resulta fascinante porque ofrece muchas cosas por descubrir. Lo sórdido, lo sucio, es lo que a mi me da luz, lo que me interesa. El lado siniestro de la vida me resulta muy poético y muy luminoso.

De intruso a intrusa, creo que tu manera de componer música encaja muy bien con la idea de lo extraño o incluso con una poética del intruso, entendida como el que observa el mundo a sabiendas que no le pertenece. Sucede mucho con la música de Angelo Badalamenti que, pienso, aflora o permea de una forma directa y espontánea las letras que exploran lo extraño.

Mis canciones están escritas sin ideas musicales preconcebidas. Tengo una carpeta de referencias a sonidos, pero no siempre se las llego a pasar al técnico o al productor esas. Puedo indicarle que me gustaría que la voz sonara de una manera o de otra o que la batería suene más o menos abierta, pero nunca tengo una referencia clara de cómo van a sonar los acordes. Después de grabarlo y escucharlo, es cuando descubro esas referencias a otros músicos u otros autores. A veces, las utilizo para escribir el texto del disco aunque no hayan surgido de antemano. En Zoom me he dado cuenta de que en el momento de componerlo había escuchado mucho a Kurt Vile y algo de esa escucha y de cómo suenan sus guitarras determinó que yo quisiera unas guitarras que sonaran así para el ambiente que yo quería contar.

¿Eres una mujer intuitiva?

Me dejo llevar por la intuición. Lo que me influye es lo que he ido escuchando y se ha conservado en mi subconsciente. Por eso yo hablaba hace tiempo de sonido post-freudiano, porque a la hora de componer era como abrir el redil, dejarlo salir y ordenarlo. En el momento de la creación, nunca he querido imponerme nada. Siempre compongo fluyendo. Esto significa que voy viendo como construyo la canción, el sonido. Antes citabas a Badallamenti y, obviamente, tengo una influencia de Badallamenti y las pelis de Lynch. El cine ha influido mucho en mis canciones y mis discos pero no de una panera preconcebida a la hora de componer las canciones.

Fee Reega, durante la entrevista en el Toma 3. Foto de Luis Sevilla.

Creo que Sonambulancia se mete hasta la médula de Freud.

En ese disco explotamos la parte más subconsciente. Mantenía un sonido muy similar en todo el disco, como un sueño, un hilo rojo muy claro, onírico y cañero, pero ahora no quería un mismo disco, quería abrirlo a un sonido de final de verano, con más luz, más sintético también.

Acabas de citar a Lynch, cuyo cine siempre está focalizado en la disociación y la dislocación de la psique humana, a caballo entre la realidad y otra lógica distinta, similar a una alucinación brillante. En una de tus canciones, Mañana de sol, una persona observada desde una ventana, parece que está nadando, después es otra que se está suicidando.

Me gusta ponerme en el lugar de otra persona. En esa canción quería trasladar la imagen de una observadora. Es un tema muy personal, porque fue creado en un momento de mi vida en el que no podía participar de muchas cosas. Un momento personal en el que me sentía fuera de todo.

Te refieres a la maternidad y la crianza.

De repente me sentí alejada, observando como otros vivían y yo sin poder. Y a la vez, físicamente, estaba el confinamiento. Me encontraba viendo desde la ventana la calle vacía o a la gente yendo a comprar. Revisé La ventana indiscreta y creo que encaja perfectamente con lo que estaba escribiendo entonces. Comprendí que esa película representaba perfectamente ese momento, ese estado de ánimo. Me encontraba desde la ventana observando la vida de fuera, pero sólo tomas parte activa de ella como observador. Es una canción que, como en el cine acercándose a un objeto o a un sujeto, hace el zoom a situaciones muy intimas que en nuestras vidas cotidianas no podemos ver. Me preguntaba entonces qué estaba pasando en las casas, qué estaba pasando en la vida de la gente. Jugar a ser voyeur no es nada nuevo, pero vi que la línea de las canciones seguía esa dirección. Ese deseo de querer estar fuera, de querer estar dentro, de querer estar cerca hasta, incluso, ver los pensamientos de la gente.

¿Te sientes una intrusa?

No me siento, pero creo que lo somos. Yo también soy una extraña en esta región. Yo he sido muy intrusa cuando me he mudado a pueblos y he penetrado en sociedades muy establecidas, pero también me he visto como una persona de fuera que traía nueva gente, que siempre ha intentado hacer cosas en los sitios donde estaba. En Gijón traje gente de Londres, de Berlín, para que tocaran aquí. Siempre he cambiado algo del sitio en el que estoy. Objetivamente lo soy, soy una intrusa. Y escribiendo canciones sobre ciertos lugares o ciertas personas, he llegado a tener un acercamiento muy intimo. Me estoy planteando un segundo poemario y me doy cuenta de que muchos de esos poemas cuentan situaciones o personajes que se podrían reconocer. Y esa es una cuestión de hasta qué punto puedes hacerlo sin pisarle los pies a nadie.

Te has sentido nómada alguna vez

No sé donde acabaré o si estaré siempre en Asturias. Siempre he tenido la sensación de que buscaba mi hogar. Y es verdad que al llegar aquí y después de vivir unos años, me siento como si hubiera elegido de corazón mi hogar. No nací en el sitio que era mi hogar. Esa es la sensación que he tenido desde que me fui de Alemania. No creo que haya tantos sitios en el mundo en los que me sentiría de esa forma. He penetrado en esta sociedad desde mis propias necesidades y mi punto de vista.

¿Crees que la maternidad y la crianza de tu hija te han dulcificado?

En absoluto. Hay una parte de mi que quería demostrar que eso no tenia que pasar necesariamente. Cuando me lo insinuaban en el embarazo o me decían que no haría la misma música, me rebelaba. Me di cuenta de que no hay tantos referentes que hayan seguido en esa línea y sea visible, que hayan tenido un niño y continuaran en la misma dirección, o sea, un comportamiento agresivo y macarra.

Yo recuerdo cuando sacabas los cuchillos y te rasgabas la camisa sobre el escenario.

Jugaba con esas cosas, me bebía una botella de vodka, locuras que no parecían muy compatibles con el papel de una madre y, sin embargo, sentí que mis letras o lo que me interesaba hacer no iba a cambiar. Me seguían interesando las mismas cosas, seguí escribiendo las mismas movidas. El embarazo de Gretchel lo contemplé bajo mi propio filtro. Y por eso, La canción para bebe está escrita con mucha ironía sobre ese asunto: pensabais que iba a escribir una canción de niños, pues no, es una canción para beber. Tengo mucho cuidado de respetar a esa persona, no imponerle un cambio de vida o pensamiento. Claro que cambia.

Fee Reega, entre la maternidad y la gira musical, reflexiona sobre su último disco, Zoom, una proyección voyeurista, dulce y siniestra de la realidad
Fee Reega, imagen promocional de Zoom.

Desde La raptora hasta Zoom que cambios has sentido que es han producido, más allá de los obvios.

Los mayores cambios en el proyecto han sido musicales. Las Letras que están en este último disco, las podría haber escrito en otro anterior. Pero todo el trabajo con los músicos, con Dani y con Javi, ha evolucionado. De repente me plantee el proyecto desde un punto de vista más musical. Antes eran poemas que yo quería cantar, historias que yo quería contar y no me preocupaba tanto de la composición. Pero en La raptora si hubo un proceso largo de producción, en el que estaba bastante definido qué instrumentos quería. Contemplas el disco como un cuadro. La raptora está producido con Héctor Tuya. Estuvimos un mes quedando todo el rato para producir ese disco conjuntamente. Qué instrumentos quiero en un mundo ideal. Después ha coincidido que la gente que participó es superpotente en ese disco. Resulta que hay gente guay tocando. A partir de ahí, comencé a pensar en músico y en grande porque antes me consideraba poeta, escritora que usaba el elemento canción para tener un contacto con el público. Lo podía hacer sola. Me subía a una silla y cantaba un concierto. Estaba guay pero ahora la pregunta es otra: ahora es qué quiero hacer en la música, qué quiero probar, qué intensidades, qué instrumentos. Por eso también me sigue interesando mucho el formato Lp. Podía haber seguido sacando singles, formas más fáciles. Pero esa duración mínima de media hora, me parece que puedes realmente contar algo más amplio de lo que quieres transmitir, como en una película.

¿Te consideras más autora de discos conceptuales que de canciones. Hay algo más orgánico en las canciones?

Sí, pienso en disco. La primera canción, titulada Barrio, la grabamos hace cuatro o cinco años y durante bastante tiempo solo tuve esa canción, luego se junto Lolito y me obsesionaba como sería el resto. De modo que todo se inicia en la cabeza, piensas en el pegamento que une a las canciones entre sí, en esas canciones que hay entre las canciones que ya me parecen buenas. Qué sucede entre Barrio y Lolito, qué tienen en común, qué atmosfera comparten, en qué contexto conviven. Hay dos o tres semanas en las que desarrollo un trabajo muy intenso con las canciones y estoy todos los días grabando, buscando y explorando canciones. Antes de grabar, escribo cinco canciones en dos semanas. No llego a una canción por día como Jorge Explosión, pero cuando me siento a escribir, surgen canciones e ideas y dejo que influyan sobre las canciones que ya tengo, a veces se repite una imagen, una persona, vuelvo a la libreta.

Fee Reega, durante la entrevista en el Toma 3. Foto de Luis Sevilla.

Hay una palabra, Bocadesastre, que inmediatamente relacioné con Francis Bacon.

Me encanta que hagas esa relación. Es muy visual. La canción se refiere a soltar palabras destructivas. Mucha gente me mandaba fotos y cuadros después de escuchar la canción. Era una boca llena de dientes, y sí, era como una de las canciones más lúdicas, jugar con una canción muy divertida pero relacionada con asuntos muy viscerales.

Siempre has abordado la idea de la otredad en tus canciones y en la puesta en escena de tus conciertos. Ahora me gustaría que me dijeras qué reconoces de ti cada vez que observas a tu hija.

En el embarazo me sobrecogía la idea de no estar nunca sola. Los primeros años estuvimos juntas las veinticuatro horas y me pareció imposible de antemano imaginarlo. Pensaba que nadie podía saber de antemano lo que es eso. Además Gretchen habla muchísimo, no calla, demanda mucho dialogo y para mi es muy complicado porque me meto en mi cabeza, necesito mucho silencio y en ese sentido mi vida ha cambiado a la hora de encontrar ese silencio. Y luego, esa relación intensa, obviamente, no saca siempre lo mejor de ti. Hay poca gente que habla de sus problemas con sus hijos y yo soy todo lo contrario, hablo mucho de ellos. Cuando la observo reconozco mi rabia cuando ella tiene rabietas, y cuando me lleva al límite, ver mi propia rabia reflejada en la suya me duele. Ella no quiere oír mis canciones más melancólicas. Le pone muy triste y no las quiere escuchar.

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