Expediente al concejal que posibilitó el tripartito de izquierdas en Oviedo

Rubén Rosón, ex secretario general de Podemos en la capital, y cercano a Covadonga Tomé, denuncia un intento de expulsión.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Que el ritmo no pare. A dos meses y medio de las elecciones las purgas en Podemos Asturies siguen su curso y un patrón muy claro: sacar del partido a todo el sector ripista procedente del 15M y del extinto Centro Social Ocupado y Autogestionado La Madreña.

A Rubén Rosón le llegó la apertura de una investigación interna por parte del comité de Seguridad y Salud de Podemos el mes pasado. Esta semana ha decidido hacer pública su situación rodeado de un puñado de compañeros que le han acompañado en su comparecencia ante los medios. “Yo nunca tuve relación laboral con PODEMOS por lo tanto, no estoy sujeto a este comité de seguridad y salud; es inhábil, ni siquiera tiene la potestad para contactar conmigo, mucho menos para abrirme un expediente y señalarme políticamente” ha denunciado Rosón, que ha dejado el tema en manos de su abogada. El edil ha indicado que “a nadie se le escapa que el expediente tiene relación directa con la estrategia seguida por la dirección de Podemos Asturias de expulsar a todas las personas que no siguen su dictado”.

“En septiembre saludó en sus redes la apuesta por Belén Suárez Prieto”

Identificado con el ripismo y con la candidata Covadonga Tomé, Rosón no ha planteado sin embargo problemas a las decisiones electorales tomadas por la dirección de Podemos Oviedo/Uviéu. En septiembre saludó en sus redes la apuesta por la independiente Belén Suárez Prieto. Desde entonces ha guardado un prudente silencio sobre una candidatura y una campaña que se han construido de espaldas a Somos. Tan solo el pasado mes de febrero, tras hacerse público que las negociaciones entre Podemos e IU estaban rotas, Rosón y Nacho Del Páramo, firmes partidarios de la confluencia, rompían su silencio para pedir un frente amplio sin vetos: “una candidatura carbayona, amplia, diversa, plural, donde tengan cabida todas las sensibilidades de la izquierda y la sociedad civil y que trabaje para impedir un nuevo gobierno de Canteli con Vox”.

Ricardo Fernández y Diego Valiño del PSOE, y Rubén Rosón y Ana Taboada de Somos. Foto: Iván G. Fernández

Hijo de una familia minera del suroccidente asturiano, y en la actualidad médico de familia, la biografía política de Rosón, de 33 años, arranca en las asambleas de estudiantes de la Universidad de Oviedo/Uviéu, sigue con el 15M, del fue uno de sus promotores asturianos, pasa por el Centro Social Ocupado y Autogestionado La Madreña y desemboca en la fundación de Podemos Oviedo/Uviéu y de Somos Oviedo/Uviéu. Dentro de la plataforma municipalista fue uno de los dirigentes que apostó por superar el veto del PSOE a Ana Taboada, y convenció a la cabeza de lista de Somos para que diera su voto a Wenceslao López en un pleno de vértigo que quedará para la historia de la capital asturiana. Vencer las resistencias a dar el voto a los socialistas a cambio de nada no fue fácil: una parte importante del partido, despechada por la negativa de la FSA a autorizar un gobierno ovetense con Podemos, estaba dispuesta a dejar gobernar a Agustín Iglesias Caunedo. Rosón fue uno de los dirigentes de Podemos que facilitó el cambio de postura.

“Tenía 25 años y acababa de terminar la carrera de medicina cuando asumió el cargo de concejal de Economía”

Como concejal de Economía y Hacienda fue la bestia negra de las derechas, pero en privado también se ganó el respeto de la oposición por su capacidad técnica al frente del área. Tenía 25 años y acababa de terminar la carrera de medicina cuando asumió el cargo. Incluso quienes hoy son sus enemigos dentro del partido siguen reconociendo su papel clave impulsando los grandes planes de empleo municipales para la restauración ambiental del Naranco, la apertura del parque de La Manjoya gracias a ellos, el llamado “IBI para ricos” o la remunicipalización del servicio de recaudación de impuestos. Más discutible en cambio fue su papel como “poli malo” de Somos, los enfrentamientos con los socios de gobierno, su controvertida performance a las puertas de la Fundación Gustavo Bueno, o un oviedismo desatado, que compaginó una inteligente apuesta por disputar para la izquierda los símbolos de la ciudad con ciertos ramalazos demagógicos y afirmaciones de trazo grueso. Amado y odiado a partes iguales, Rosón encarna un Podemos insurgente, incorrecto, oviedista y transversal para sus fans, pero resulta un tipo individualista, altanero, terco y que va a su aire para sus detractores. Nunca llueve a gusto de todo el mundo, y el ex secretario general de Podemos Oviedo/Uviéu nunca ha dedicado tiempo a construirse capillas ni bailar el agua a nadie. Su carácter impulsivo forma parte del encanto de su personaje público, pero también le ha llevado a meterse a menudo en líos innecesarios con sus propios compañeros.

Covadonga Tomé y Rubén Rosón. Foto: Enrique Gallart

Las discrepancias internas con Ana Taboada tras la derrota electoral de 2019 fracturaron en dos a Somos. En una organización más madura los conflictos, de tipo muy personal, se habrían solventado con más diplomacia y mano izquierda, pero en Somos el choque de personalidades muy fuertes acabó con la sonora dimisión de la independiente Anabel Santiago y de buena parte del equipo de dirección. El grupo municipal siguió formalmente unido, pero en la práctica la portavoz iba por un lado y Rosón y Del Páramo por otro. El troleo a Canteli en el pregón de San Mateo supuso un pequeño paréntesis en esta guerra fría. Los tres concejales aprovecharon la oportunidad para desplegar desde el Ayuntamiento una pancarta en defensa de la fábrica de La Vega. Una gamberrada en común por los viejos tiempos.

En sus ocho años en política Rosón se ha enfrentado a la denuncia por usurpación de La Madreña, a otra del PP por el stand de Oviedo/Uviéu en la Feria de Muestras de Xixón y a una más de los vecinos de Gascona por un mercadillo ecológico. En los tres casos el edil salió airoso. Lo que seguramente no esperaba el concejal es que la cuarta denuncia fuera a venir de sus propias filas.

Está de salida de la política institucional, no así del activismo social, pero nadie duda que volverá tarde o temprano al ruedo. Lo lleva en la sangre y además le va la marcha.

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