Una nave espacial perdida en mitad de la montaña asturiana

La prestigiosa Fundación Docomomo Ibérico ha registrado en su archivo la Central Hidroeléctrica de Proaza, obra maestra del arquitecto Joaquín Vaquero.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Con un cierto aire de colonia lunar o de nave espacial retrofuturista, la central hidráulica de EDP en Proaza, en el corazón de la montaña central asturiana, es uno de los edificios más singulares de la arquitectura asturiana de la segunda mitad del siglo XX, y una construcción bien representativa de eso que se llamó “brutalismo” en los años 60. Un estilo con tantos amantes como detractores, basado en el hormigón, el ladrillo visto, las formas pesadas y las estructuras y los materiales de construcción al desnudo. Todo en bruto.

Obra del artista Joaquín Vaquero Palacios, la central de Proaza, por cuyas turbinas pasa a diario el agua desde el embalse de Valdemurio hasta el río Trubia, acaba de entrar en el registro de la prestigiosa Fundación Docomomo Ibérico, sección hispano lusa de la prestigiosa entidad internacional dedicada a la documentación, protección y difusión de la arquitectura del movimiento moderno. Una placa la acreditará el edificio como integrante del registro “la arquitectura de la industria”.

Imagen de la construcción.

Construida entre 1964 y 1968 para dar una solución al salto de agua de Proaza, la central suma más de 250.000 horas de funcionamiento y más de 4.200 GWh generados de energía 100 por cien renovable, el equivalente al consumo medio anual de más de un millón de hogares.

Vaquero volcó en la obra, en la que fusionaría su talento como arquitecto, pintor y escultor, sus propios recuerdos de infancia

Según su propia confesión, Vaquero volcó en la obra, en la que fusionaría su talento como arquitecto, pintor y escultor, sus propios recuerdos de infancia: “Llegábamos a Proaza y yo me quedaba extasiado de la belleza de aquellas montañas de caliza blanca, con laderas plegadas y aristas en la roca […]. Siempre guardé, imborrable, este recuerdo y al concebir el edificio central para Proaza, sin necesidad de proponérmelo llegué a una solución de fachadas en cierto modo remedo de esas paredes rocosas”.

Central Hidroeléctrica de Proaza. Foto: EDP

La Fundación Docomomo considera que la obra de Joaquín Vaquero Palacios “constituye un ejemplo único dentro de la arquitectura española. La de Proaza puede considerarse como la que integra con mayor claridad ingeniería, arquitectura, pintura y escultura”.

Central de Proaza. Foto: EDP.

El edificio, ubicado en la Senda del Oso, puede visitarse con solicitud previa aquí.

Joaquín Vaquero Palacios, uno de los grandes de la arquitectura del siglo XX

Nacido en 1900 en Oviedo/Uviéu Joaquín Vaquero Palacios es uno de los grandes nombres de la arquitectura española del siglo XX. Licenciado en Arquitectura en Madrid, completó su formación en París y Nueva York, donde se familiarizó con las últimas tendencias arquitectónicas. A su vuelta a España se instalaría en su ciudad natal dejando su impronta en el Instituto Nacional de Previsión de la capital asturiana, construido durante la Segunda República. Con el estallido de la Guerra Civil marcharía a Galicia. En Santiago de Compostela diseñaría el nuevo mercado construido en granito, un edificio moderno, pero de reminiscencias románicas, ubicado en el borde de la vieja muralla de la ciudad.

Retrato de Joaquín Vaquero Palacios.

Hijo del director y presidente de Hidroeléctrica del Cantábrico, su obra se extiende a más instalaciones asturianas de la histórica empresa energética: la sede corporativa de la compañía en Oviedo/Uviéu, la subestación de Carrió, la central de Aboño y las centrales hidráulicas de Salime, Tanes y Miranda.

En paralelo a su obra como arquitecto Vaquero desarrolla una extensa obra como pintor y muralista. Entre 1950 y 1965 dirige la prestigiosa Academia Española de Bellas Artes en Roma y posteriormente ingresa en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. A partir de los años 70 su obra se centraría sobre todo en el ámbito pictórico. En 1996, dos años antes de su muerte, fue investido doctor honoris causa por la Universidad de Oviedo/Uviéu y recibió la Medalla de Oro del Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España.

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