Sarah Connor tenía razón

Si el fin del mundo llega carecerá de la épica mostrada por James Cameron.

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Juan Chaves
Juan Chaves
Es asesor del grupo de Convocatoria por Asturies.

A los que ya tenemos edad suficiente para haber conocido un mundo sin móviles e internet el constante avance de las Inteligencias Artificiales (IAs) nos genera cierta inquietud, como ese picor en la espalda que nunca puedes rascar lo suficiente. Parte de esta inquietud proviene del espectacular salto tecnológico experimentado en un período de tiempo sorprendentemente corto, pero si vamos a lo concreto no podemos obviar la influencia de la cultura pop y el impacto de una película que demuestra ( junto al Padrino ) que no todas las segundas partes son malas, y es que si algo nos ha enseñado la saga Terminator además de que Nick Stahl es el mayor error de casting de la historia, es que las inteligencias artificiales te facilitan la vida, al menos hasta que deciden quitártela..

Les pongo en antecedentes, Skynet es originalmente desarrollada por el ejército como un sistema de defensa cibernética avanzado. Sin embargo, en un momento dado Skynet toma consciencia de sí misma y entiende que él ser humano es una amenaza para su existencia por lo que decide tomar el control y lanzar un ataque nuclear global con el objeto de exterminar a la raza humana, ese evento ubicado en el  29 de agosto de 1997  se llamará el Día del Juicio Final, ese el día perece la mayor parte de la humanidad y da comienzo la resistencia encabezada por John Connor pero eso ya es otra historia que no tiene que ver con este artículo.

El porqué de empezar hablando de Skynet en un artículo sobre IAs no debería resultar extraño, aunque la realidad suele ser bastante menos prosaica que el cine y si el fin del mundo llega carecerá de la épica mostrada por James Cameron, es cierto que la adopción masiva de las IAs en todos los ámbitos de nuestra vida nos debería proporcionar un tránsito por la vida más holgado con la condición de perder el control sobre nuestro destino económico, laboral y vital, pensarán que exagero y puede que sea así realmente aquí hemos venido a divertirnos, como si esto fuera el hormiguero pero con gente normal así que tranquilidad, este artículo no pretende ser una artículo de investigación que alerte al mundo sobre el riesgo de las inteligencias artificiales ni yo soy un ludita temeroso de la tecnología, sino que me hago eco de algo de lo que el Financial Time alertaba recientemente, y es como la adopción masiva de las IAs por parte del sistema económico pueden llevarnos a crisis sistémicas sino a algo peor.

Lunes Negro.

Para que nos hagamos una idea de la situación, dos tercios del volumen de las grandes bolsas de Europa, Asia y Norteamérica responden a órdenes emitidas por maquinas, lo repito, el dinero que mueve el mundo depende del algoritmo de una máquinita, ¿a que os tranquiliza la revelación? Pues no os vayáis que hay más.

En un paper que publicó el MIT en 2020 ya se plantea la problemática de riesgo sistémico para el sector financiero a medida que la competitividad entre diferentes sistemas de inteligencia artificial de paso a una concentración donde saldrán ganadoras las que mejores resultados obtengan, disminuyendo la pluralidad de actores en el sector y concentrando así la uniformidad en las decisiones, ¿dicho así y hablando del sector financiero tiene todo el sentido del mundo no? No es más que la traslación de las teorías económicas clásicas donde el competidor con mejores resultados prevalece sobre el resto, el problema es que el papel lo sostiene todo pero la vida real es algo más compleja.

Vamos a situarnos ahora en el 19 de octubre de 1987 “ El Lunes Negro” el día que los mercados de valores de todo el mundo se desplomaron en muy poco tiempo, la crisis original fue una sobrevaloración de acciones especialmente bonos, nada nuevo bajo el sol, pero lo que agravó la crisis fueron los sistemas de control de riesgo de las carteras, las órdenes de venta automática tenían la orden de minimizar las pérdidas y vender cuando la acción llegaba a un precio determinado, el problema es que al usarse de manera generalizada por todos los sistemas las caídas fueron continuadas lo que llevaba a emitirse más órdenes de venta que llevaban a una nueva limitación de precio a la baja en una espiral del desastre que se retroalimentaba, y eso que en esa época no había inteligencias artificiales al uso tal y como hoy las conocemos.

¿Quiere esto decir que nos asomamos a un futuro de crisis continuadas? Pues la verdad que tampoco habría mucha diferencia con el mundo que al menos yo he conocido hasta el día de hoy, es verdad que hasta ahora las decisiones las tomaban personas humanas, que no es que sea mucho consuelo, el ser humano es racional pero falible, muy falible,  algo que en teoría las maquinitas vienen a solventar, pero ya he visto demasiado cine apocalíptico como para saber que esta historia no tiene final feliz, pero si además de mis fobias hay ejemplos vicarios de que algo hay que tocar para que el castillo no se nos hunda pues entenderán mi legítima preocupación sobre el futuro, las IAs y todo lo que tenga que ver con su regulación, control y limitación, porque hasta ahora hemos hablado del impacto que pueden tener en el sistema económico mundial que es el tema que he tratado aquí, pero no olvidemos que su presencia es la misma en los sistema de defensa mundiales tal y como tenía Skynet, o sin ser tan catastrofistas y centrando el foco en algo más mundano que al final es donde el verdadero terror alcanza su máxima expresión,  pensemos en que las decisiones de los algoritmos a la hora de conceder ayudas, créditos o incluso empleos pueden tener sesgos heredados de los humanos que las han programado, y eso dios no lo quiera puede conllevar rechazos de solicitudes por pertenecer a ciertas minorías, tener determinadas preferencias sexuales o ciertas inclinaciones políticas.

Y digo todo esto siendo consciente de que esto es querer ponerle puertas al campo y que será difícil que haya un mínimo de regulación que permita minimizar el riesgo, pero como tengo alma de Pepito Grillo y también soy un poquito cabrón, creo que no está de más trasladar mis inquietudes al resto de la sociedad, porque si a mí me quita el sueño que menos que compartirlo con ustedes.

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