Cuando Oviedo tuvo un soviet

La ruta "La huella de la memoria revolucionaria en Oviedo" recupera este domingo la historia olvidada del movimiento obrero ovetense en 1934.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

No aparece en las guías turísticas de la ciudad, y pocos ovetenses los saben, pero la capital asturiana tuvo un soviet en la fallida Revolución de Octubre de 1934. Así, a imitación de los consejos obreros de la revolución rusa, se llamó popularmente al comité surgido de manera espontánea en el barrio de La Argañosa, entonces uno de los más “dinámicos y activos” de Oviedo, en palabras del historiador Francisco Erice, que este domingo guiará los actos organizados por IU, PCE, PCTE y CCOO “La huella de la memoria revolucionaria en Oviedo”. Una ruta guiada que arrancarán a las 11:30h en el Hotel Monumental Naranco.

Los organizadores quieren reivindicar y dar a conocer con esta ruta por la periferia de la ciudad la historia del movimiento obrero ovetense, a menudo sepultada por un imaginario conservador, que según Erice, “no se corresponde con la realidad sociopolítica de la ciudad en los años 30”.

Siete días de revolución en la capital asturiana

El soviet fue el producto de un barrio muy politizado, y en el que la revolución tuvo un fuerte componente comunitario. Durante los siete días que duró la revolución en Oviedo allí se organizó la intendencia y el abastecimiento del barrio, y dato importante, señala Erice, “se impuso el orden, impidiendo los saqueos, que fueron más comunes en otros barrios ovetenses”. Las mujeres jugarían un papel importante en el soviet, organizando las comidas, llevando alimentación y café al frente, y atendiendo a los heridos. El soviet tendría representación de socialistas y comunistas, pero también contaría con un republicano del barrio que se había unido al movimiento revolucionario a título individual.

Talleres del tren en el barrio de La Argañosa con los pilares y San Pedro de los Arcos al fondo.

La ubicación escogida para el inicio de la ruta, que seguirá hasta el monumento a Aida de La Fuente y culminará en Villafría, no es casual. Precisamente donde hoy se ubica el hotel se encontraba en 1934 el depósito de máquinas de la Estación del Norte. Asaltado por los trabajadores del tren el 7 de octubre, esta operación liderada por el joven comunista Juan Ambou permitiría a los revolucionarios tomar el control de las comunicaciones ferroviarias con otro emplazamiento estratégico, la fábrica de armas de Trubia, también en manos de la Alianza Obrera.

Con la llegada de las columnas de revolucionarios procedentes de las cuencas mineras, el barrio se convertiría en uno de los bastiones de la Alianza Obrera en la capital asturiana y uno de los últimos focos de resistencia ante la llegada del Ejército para sofocar el levantamiento. Sería precisamente en San Pedro de Los Arcos donde perderían la vida el día 13 varios militantes que defendían el barrio desde esta posición elevada, en las inmediaciones del Naranco. Una de las ejecutadas allí sería Aida de La Fuente, una joven militante ovetense, procedente de una familia comunista, y a la que la propaganda del PCE convertiría en la gran mártir y símbolo de la represión gubernamental.

Tarjeta de la Guerra Civil con el rostro de Aida de La Fuente.

Ferroviarios, comunistas y campesinos en la periferia ovetense

Para entender la importancia de La Aragañosa en la revolución hay que pensar en el fuerte componente obrero que tenía en los años 30 este barrio ubicado en la ladera oeste del monte Naranco, en la periferia de la ciudad. Las viviendas habían crecido al calor de la industria del ferrocarril, un sector que en ese momento generaba grandes cantidades de empleo. “Era un barrio de ferroviarios y de trabajadores en general, pero también de campesinos, porque estaba en la frontera de la ciudad y el campo”, señala Erice sobre la composición social del lugar del que saldrían algunos de los más comprometidos militantes de la revolución en Oviedo como Ambou, o el también ferroviario Luis Montero Álvarez Sabugo, más tarde miliciano en la guerra, resistente al nazismo, deportado en Mauthausen durante la Segunda Guerra Mundial y guerrillero antifranquista en los años 40.

El ferroviario comunista Juan Ambou, impulsor del Ateneo y del soviet de La Argañosa.

El PCE, todavía un pequeño partido en aquel momento, había logrado arraigar con fuerza en la capital asturiana, numéricamente su agrupación más importante. En una ciudad hegemonizada por un socialismo muy reformista, siempre aliado al republicanismo, y donde los anarcosindicalistas habían sido históricamente débiles, los comunistas introducían un elemento novedoso de radicalidad que también tenía que ver con el componente muy juvenil de sus militantes.

Luis Montero Álvarez “Sabugo”, ferroviario de La Argañosa y resistente anti-nazi.

“Los comunistas tenían un peso destacado en el barrio. Habían fundado un Ateneo Obrero muy activo que tenía 200 socios y estaba claramente ubicado a la izquierda”. La entidad se había constituido en 1933 a partir de gente muy joven, sobre todo trabajadores del ferrocarril, y con una presencia importante de mujeres, que tenían incluso un espacio propio en el centro cultural. Su nacimiento se inscribía en una corriente de asociacionismo obrero y popular que se expandía por todo el país, y que en el caso de Oviedo había penetrado con fuerza con la República en los barrios periféricos como La Argañosa, Trubia, El Cristo o Colloto, donde este tipo de centros ofrecían alternativas culturales y de ocio para una clase trabajadora que aspiraba a elevar su nivel de instrucción.

Fundado con el fin de “adquirir la cultura que hoy por hoy les está reservada a los ricos”, la asociación de corta vida, ofrecía clases, tanto elementales como secundarias, impartidas de manera voluntaria por maestros, cursos, sesiones de cine, biblioteca y conferencias. Contaba también con grupo excursionista, musical y de ajedrez. Las bebidas alcohólicas y los juegos de naipes estaban prohibidos en sus instalaciones.

Sangre de octubre

El día 13 de octubre las tropas del teniente coronel Yagüe entran en Oviedo por La Cadellada, la Tenderina y el Rayo, zonas obreras y populares en las que legionarios y soldados se ensañan con sus habitantes al considerarlos cómplices de la revolución. La mayor matanza de civiles será en Villafría, un barrio rural en el que 32 campesinos son asesinados a sangre fría.

Tras la derrota de Octubre vendría una fuerte represión por parte del Gobierno de derechas. Detenciones, encarcelamientos, ejecuciones extrajudiciales, cierre de locales y periódicos. Sólo en 1935 las izquierdas comenzarían otra vez a recuperar cierta actividad legal. En febrero de 1936 el Frente Popular se imponía por una ajustada mayoría en España. En Oviedo y la Asturias urbana e industrial la victoria de las izquierdas sería mucho más contundente.

La Argañosa en 1937.

El golpe de Estado de julio de 1936 pillaría a las milicias de partidos y sindicatos desprevenidos, camino de León. Algunos de los protagonistas del soviet de La Argañosa volverían a jugar entonces un papel destacado. Ambou al frente del área militar del improvisado gobierno asturiano. Sus compañeros del batallón Sangre de Octubre, compuesto por muchos jóvenes ferroviarios de La Argañosa, combatiendo por recuperar su barrio, tomado por los militares sublevados.

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