Último día del FICX y una de las películas programadas ha sido Ricardo et la peinture, documental francés sobre el pintor argentino Ricardo Cavallo, residente en Francia desde 1976, donde el artista cuenta cómo vive, cómo trabaja, qué le inspira, cuáles son sus referentes.
El director de la cinta, Barbet Schroeder, amigo de Cavallo, ha creado un amable documental que sabe reunir de forma muy amena la vida cotidiana de este pintor junto a sus reflexiones más complejas sobre el arte y la vida. El centro del documental es Cavallo, pero Schoreder no se esconde, se hace evidente la amistad y lo que ocurre entre bastidores también llega a mostrarse, el proceso de grabación está presente, lo que hace que la historia no resulte cerebral o distante, sino que acerca la atmósfera al público y la puesta en escena respira verdad.

La película no solo nos acerca al artista, sino que en sí misma es una clase magistral sobre parte de la historia del arte donde Ricardo Cavallo, junto a otras personas, reflexiona sobre el arte prehistórico, el griego, el azteca, Caravaggio, Velázquez, Goya o Picasso, por citar solo algunos. No pretende ser un documental didáctico, en principio, pero no es difícil atribuirle virtudes que pueden cumplir esa función.
Esto está muy en la línea de otra faceta que se muestra en Ricardo et la peinture sobre el artista, quien ha creado una escuela de arte para niños. En ella el argentino no busca crear artistas, sino que entiende que la pintura y el dibujo es algo que puede ayudar al desarrollo vital de las personas. De esta forma, Cavallo se muestra como un personaje peculiar, con una forma de vida muy alejada de la norma, en cuanto a dieta y costumbres, que se eleva en sus reflexiones sobre el arte y la vida, pero que al tiempo pisa la tierra fuera de estereotipos clasistas o elitistas.

La amistad entre Schoreder y Cavallo se remonta a cuarenta años atrás. Eso es evidente en todo momento. El director parece estar feliz de grabar, comer y charlar con su amigo. Y Cavallo también se muestra relajado y contento de participar en esta película. Son dos amigos cuya conexión no se esconde en ningún momento y aunque amable, como no podía ser de otra forma, la película, fuera de concurso en el FICX, no se percibe como hagiográfica, sino como una forma de homenajear a un modo de entender el arte.
Los 106 minutos de Ricardo et la peinture se pasan volando entre colores impresionistas, paisajes capturados en cuadrados pequeños que el pintor une para formar un grandes lienzos y, sobre todo, entre grandes reflexiones de las que nace un evidente amor por el ser humano, por la civilización, por la belleza de las cosas, por la pintura. Un documental imperdible para cualquiera que ame alguna de estas cosas.



























