“Escribir es ir rellenando huecos”

Eduardo Romero conversa con Elvira Valgañón, autora riojana que visita Asturies para presentar "Fidela" (Pepitas, 2023)

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Eduardo Romero
Eduardo Romero
Escritor y corrector editorial.

Esta semana visitará Asturies la escritora riojana Elvira Valgañón para presentar Fidela, su última novela. Será el viernes 8 de diciembre, a las 19,30h, en la librería La Llocura de Mieres; y el sábado 9, a las 12,30h, en Matadero Uno, la nueva librería ovetense ubicada en el local de la antigua Ojanguren. Los actos se presentan como una conversación de la autora con el escritor asturiano Eduardo Romero. Ofrecemos aquí un pequeño anticipo de ese diálogo.

Eduardo: Hace un tiempo visité Figaredo, un pueblo del municipio de Mieres, mientras investigaba cuestiones que tenían que ver con la memoria de la minería. Allí se erige, imponente, el chalé de los Figaredo. Pensaba entonces en el efecto de ese chalé hace un siglo y me decía algo así como: cualquiera que mirara este chalé y mirara la barriada minera, tendría meridianamente claro quiénes eran los patrones y quiénes los súbditos de este pueblo. La casa y la finca de los Uceña es el lugar donde se desarrolla Fidela. Estamos en los años treinta del siglo XX. La novela empieza a la mañana siguiente de la fiesta de cumpleaños de don Cosme. Vamos a entrar en la fiesta, pero no a través de la mirada de los señores, sino a través de la de quienes les sirven: las doncellas, las cocineras, las camareras, los jardineros.

Elvira: Sí… Casi todo lo que sucede en la novela está narrado desde la perspectiva de quienes trabajan en la casa. Incluso la fiesta, que es el acontecimiento que vertebra toda la narración, la leemos desde fuera, la vemos a través de los ojos  de Pilar, que friega los platos mientras ve bailar a los invitados, o los de Fidela, que los observa desde el jardín sin que ellos lo sepan, o los de los camareros que sirven las bebidas… La casa y sus habitantes, señores y criados,  son los protagonistas de la novela, pero aquí los que más cuentan son quienes trabajan en El Espinar: Fidela, Inés, Damián, Doro la cocinera, doña Remedios…

Fidela «engaña». A priori, no sé muy bien por qué, puedes pensar que se trata de una historia liviana. Pero a lo largo de la narración van depositándose temas de mucho calado: la memoria, los conflictos de clase, el patriarcado y las luchas feministas, la desvalorización del mundo rural y el éxodo hacia las urbes…

Fidela tiene muchas lecturas posibles, sí, y pienso que cada lector puede encontrarse con una novela diferente. En Fidela hay un misterio, un misterio que personajes y lectores quieren resolver y que es una parte importante de lo que se cuenta, pero no es lo único. Para mí estos otros temas que mencionas son más importantes que la intriga en sí, pienso que esta no tendría sentido sin ellos.  Fidela es una muchacha que entró a servir en la casa cuando tenía once años y no ha dejado de trabajar  desde entonces, Vera es la hija de los señores, lo ha tenido todo desde que nació, pero aun así no ha tenido lo que tiene su hermano Andrés, la posibilidad de ir a la universidad, de ir y venir a su antojo. Como dice Fidela “ser señorita era una cosa bien distinta de no serlo. Igual que no era lo mismo tener padre que no tenerlo y que, señoritos o no, tampoco era lo mismo nacer hija que nacer hijo”. No lo era en los años treinta y, desafortunadamente, sigue sin serlo…

Pienso que el puzle de la novela —los retazos que van encajando unos con otros— esconde una estructura narrativa muy elaborada, pero cuyo resultado busca precisamente que ese trabajo pase desapercibido y que la narración fluya… Creo que es un libro muy inteligente, de una inteligencia discreta, que es la que más me gusta.

Construir la novela fue laborioso. El relato va avanzando de forma no lineal, mediante saltos en el tiempo, mediante un conjunto de voces que narran desde el pasado y desde el presente, mediante personajes que cuentan y personajes que callan lo que saben… Mientras escribía, tenía la sensación de que estaba haciendo equilibrios constantemente, por un lado  intentando mantener la intriga, por otro, trabajando para conseguir que el relato no sonara artificial, para contarlo como yo quería…  Esa labor está ahí, pero es mejor que sea invisible para el lector, que me digas que pasa desapercibida es un gran halago. 

Otro de los trabajos literarios minuciosos cuyo sentido es que finalmente pase «desapercibido» es el del ritmo. A veces parece que eso es solo cosa de la poesía, pero tu escritura, frase a frase, expresa esa belleza de un ritmo muy logrado. Ese sentido poético de tu escritura está presente también a través de la repetición de ciertos pasajes; se trata de repeticiones muy escogidas y significativas.

Es verdad que son conceptos que asociamos a la poesía, pero para mí, que no soy poeta, también pueden formar parte de la prosa. A mí me gusta “escuchar” lo que escribo y, como decías, esto también es una labor minuciosa. Mis textos siempre avanzan muy poco a poco; para mí, escribir es leer en voz alta, buscar las palabras una a una, a veces, hasta contar sílabas. Escribir es ir rellenando huecos. 

Hablando del juego de lo que se cuenta y lo que no se cuenta en una historia, John Berger decía: «¿Y qué significa el silencio en una historia? Lo no dicho, ¿no?». Creo que manejas con maestría el arte de lo dicho y lo no dicho: «En el río se hablaba de todo menos de una cosa», escribías en Invierno, tu primera novela. En el grupo de lectura sobre Fidela al que pude asistir en Logroño era fascinante comprobar cómo a los lectores y lectoras se les había despertado la curiosidad y la imaginación acerca de unos personajes cuya trayectoria solo conocemos —quizás tú misma también— a medias.

Creo que, a la hora de escribir, es importante saber jugar con las palabras pero también con los silencios. Tanto Invierno como Fidela son novelas en las que es esencial lo que se cuenta sin contar, lo que no se dice pero se intuye. Como autora, cuento con la complicidad de lectoras y lectores, que leen entre líneas y ponen voz a esos silencios. Por otro lado, en las dos novelas, hay algunos personajes cuyos destinos, efectivamente, quedan en el aire. Que sean las lectoras y los lectores quienes completan sus historias me parece perfecto, al fin y al cabo, tanto las novelas como los personajes ya no son solo míos…

Además de Fidela e Invierno, has publicado el libro de relatos Línea de penumbra. ¿Comparten tus tres libros un escenario común?

Además de los temas que atraviesan todos mis textos, o la perspectiva con la que observo, pienso que el escenario común es, sobre todo, la forma de narrar. Con Fidela decidí volver al universo de Invierno, al pueblo, a la casa familiar, a las historias de antes… Línea de penumbra es distinto, es una colección de relatos independientes que parten de obras de arte que van desde las pinturas de Chauvet a los cuadros de Francis Bacon, pero creo que si los tres libros tienen algo en común es mi forma de entender el mundo y de contarlo.

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