La plataforma La Malatería No Se Tira organizó este martes un acto en el Palacete de la Lila para informar sobre las negociaciones que el movimiento vecinal mantiene abiertas en estos momentos con la Consejería de Vivienda y Derechos Ciudadanos, titular del histórico inmueble, de 1929, ubicado en el ovetense barrio de San Lázaro.
Berta Rodríguez, una de las portavoces del movimiento, señaló que “La Malatería es historia sentimental de San Lázaro y de Oviedo”, y que gracias al movimiento vecinal hoy ya no se habla de derribar por completo el edificio. Rodríguez explicó que el objetivo de la plataforma es lograr que en la futura remodelación del inmueble, que se financiará con fondos europeos, “se conserve la mayor parte posible del edificio”.

El proyecto, que ya cuenta con presupuesto, pretende ubicar 29 pisos tutelados para personas mayores, dando así continuidad a la tradición social del edificio. El inmueble seguirá siendo de propiedad pública, pero la gestión la realizará una empresa privada, “una condición de los fondos europeos que no nos convence”.
En su exposición Rodríguez relató la historia del espacio desde sus orígenes medievales como leprosería hasta el actual edificio del arquitecto Manuel Díaz Bobes, pasando por sus vínculos con el Camino de Santiago, su papel histórico en la Revolución del 34 y la Guerra Civil, o su presencia en obras literarias tan relevantes como “Tigre Juan” de Ramón Pérez de Ayala.

Beatriz Luiggi apuntó que en la próxima reunión con la Consejería de Vivienda trasladarán asimismo la voluntad vecinal de que se habilite un “espacio comunitario” en el edificio, un lugar que pueda ser usado tanto por los futuros residentes como por el barrio.

Ezequiel Echániz, uno de los promotores del movimiento, señaló la importancia del camino recorrido, y “el apoyo que goza la reivindicación entre vecinos y comerciantes”. Echániz destacó también la importancia de “una ciudadanía activa” que debe tener continuidad en un espacio comunitario dentro del inmueble: una sala para reuniones, actividades culturales y festivas, autogestionada por los vecinos.
Todas las intervenciones han coincidido en que las reuniones con la Consejería han sido “productivas” puesto que ya se descarta el derribo total. Los vecinos y vecinas confían ahora que se incluya en la licitación de la obra unos mínimos, de obligado cumplimiento por la empresa contratista, como la conservación de buena parte del edificio y del jardín trasero.



























