“El mundo de la cerveza debería tender a la diversidad de la industria del vino”

Ana Otero, creadora de La Prestosa, apuesta por romper el oligopolio cervecero y abrir el mercado a más marcas independientes.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Ana Otero (Oviedo/Uviéu, 1996), politóloga y abogada, es trabajadora del CSIC por el día y cervecera por las noches. No sólo de beberla, sino también de fabricarla. Ella es el alma de La Prestosa, una cerveza artesana pensada “para todo el mundo”, no sólo para frikis cerveceros, pero también con un toque personal y de autor: una infusión de ortigas secas que se añade a la fórmula habitual de una cerveza lager.

Amante de la cerveza desde siempre, una temporada en Lisboa y el descubrimiento de primera mano de un proyecto de cerveza artesanal cooperativo le hicieron el click en el cerebro: “¿Por qué no intentarlo?”. De ahí surgió La Prestosa, una marca llena de guiños asturianos y que trata de hacer honor a su nombre.

Foto: Alisa Guerrero

Con el apoyo de un maestro cervecero, un ingeniero químico, un técnico de calidad y su familia, Otero se lanzó a la aventura con una pequeña marca que este abril produjo ya 25.000 litros, y que se puede comprar en su web y en 100 puntos de distribución por un precio que va de los 3 a los 5 euros.

Otero, sin ningún tipo de experiencia ni tradición familiar previa, confiesa que le apasiona tanto fabricación de la la bebida como lo que le rodea: “el marketing, las redes sociales, el diseño producto, aprender todos los días, conocer el mundo de la gastronomía, crear eventos…”. Sobre esto último lamenta la falta de un evento ovetense dedicado a la cerveza artesana, y en concreto a la asturiana, en la que las pequeñas marcas puedan mostrar al público un producto minoritario, pero cada vez más demandado.

Ana Otero. Foto: Alisa Guerrero

Para esta emprendedora todo está por hacer en el mundo de la cerveza, controlado por unas pocas marcas que producen algo muy uniforme y sacan la chequera para comprar las independientes en cuanto comienzan a despuntar: “No hay apenas escalones intermedios entre Mahou y una pequeña marca”.

“El mundo de la cerveza es un oligopolio, se parece más al de los refrescos que al del vino, en el que pequeñas bodegas tienen producciones muy grandes y capacidad de exportar a China” explica Otero, para quien “el mundo de la cerveza debería tender a la diversidad de la industria del vino”. ¿Las claves para lograrlo? Refinar nuestro paladar y aumentar nuestra cultura cervecera, probando, comparando y descubriendo nuevos sabores. Por eso concluye lanzando una pregunta: “si a nadie se le ocurre comer o cenar con cualquier vino, ¿por qué lo hacemos con cualquier cerveza?”

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