Grande Amore reverbera un grito que abarca un sentimiento de hartazgo en sus letras y sonido. Con una economía de medios desconcertante, el grupo gallego de synth punk reúne en II, su segundo trabajo, diez temas que son una buena expresión de la vulnerabilidad, la euforia y el cansancio a unos tiempos polarizados, esquizos e inciertos, a un tiempo acelerados, en otros espirituales y quietos. Lo cuenta muy bien Nuno Pico, María Grep y Clara Redondo los integrantes de una banda producida por Carlangas y que tocará el próximo 23 de diciembre en La Salvaje de Oviedo.
David Byrne viene a defender en Cómo funciona la música, la necesidad de poner trabas a la creatividad. A la hora de establecer los límites en el campo de batalla durante la producción de II ¿A qué habéis renunciado para producir a ese sonido tan coherente?
Renunciamos a un abanico casi infinito de opciones asociadas a la electrónica y a los programas de música, librerías completas de artistas que te gustan y que los tienes ahí, a tu disposición. Yo quería renunciar a todo eso. Queríamos hacer una producción que volviera a los orígenes, a como producían sus discos Los Ramones, Television, MC5, grupos que grababan con lo que tenían. Con un equipo muy limitado, hacían su trabajo lo mejor posible. En nuestro caso, nos abrazamos un poco a eso a la hora de producir: una única caja de ritmos, un único sintetizador de bajo, y si en algo se nota en el disco y las canciones es porque tienen una gran coherencia
Es lo que te iba a decir, que se nota la coherencia entre el primer corte y en el último.
Podíamos haber optado por disponer de quinientas mil pistas abiertas para ver todos los resultados posibles. Renunciamos a eso, a ese abanico tan grande.
¿Cómo se construye la letra en una canción de Grande Amore? ¿Jugáis a escribir textos de una manera aleatoria o hay un plan preconcebido? Lo digo porque en el disco reverberan reminiscencias de Joy Division, la aspereza sentimental de Ian Curtis que escribía estrofas conservadas en tarjetas que después consultaba para incluirlas o no en las melodías que componía el resto de la banda.
No lo sabía. Nuestro tarjetero vendría a ser mi móvil, donde voy apuntando notas. Las letras van saliendo sin que tampoco estén presas ni sujetas a una melodía ni una base musical. Las frases quedan registradas en el móvil y cuando escucho una base, pienso en una u otra, después las deja macerando. La mayoría se quedan en nada y se pierden, pero las demás se van sedimentando hasta que se materializan en una canción. No sabía que Ian Curtis hacía eso pero es muy parecido.

Frente al catastrofismo de la extrema derecha y el optimismo de la izqueirda, Grande Amore expresa un hartazgo y una resignación, como la cara be de todo lo otro.
Mi generación es la generación del hartazgo. Yo naci en el 95. Cuando era pequeño aún me tocó una época de bonanza y había dinero a espuertas. Después llegó la crisis del 2008 y desde entonces hemos enganchado una crisis detrás de otra, tanto económica como de valores. No creo que yo sea un compositor catastrofista ni tampoco un optimista. Creo que el hartazgo me viene bien como concepto. Anímicamente la peña de mi quinta entre los 25 y 35 tiene una sensación constante de agotamiento. Estamos agotados de esperar el fin que cantaba Jorge Ilegales.
Y como contrapunto está también esa rabia y esa euforia en la pelea, pero quizá si generaciones anteriores se acostumbraron a vivir con vértigo de estar en lo más alto y saber que podía morder el polvo y caer en un pozo, hemos hecho callo, en cambio, vuestra generación es más vulnerable.
Sí, es algo generacional. Al final, a su manera, es víctima y verdugo de su tiempo. Las generaciones más jóvenes no son tan apáticas ni tan vulnerables, pero en los de mi quinta lo noto de una manera más especial
Me gustaría saber un poco más de la cocina de una canción con Grande Amore. De qué manera, interactuáis los tres a la hora de dar por buena una canción.
Nosotros tres componemos para el directo y para el disco. En un caso y otro, lo importante es que en el proceso nos atrape un loop. No tenemos una reflexión previa, acerca de un riff o una melodía. Lo conceptual no es nuestro fuerte. Basta que un loop nos parezca interesante, que nos llame la atención y que podamos trabajar sobre él, media hora, una hora. Si pasamos después todo ese tiempo escuchándolo es porque nos gusta. De modo que el proceso suele ser bastante intuitivo a la hora de componer, tanto para la grabación como para el directo. Si echamos muchas horas y nos sigue gustando, seguimos con ella hasta que destila una canción.
Os consideráis un grupo que compone canciones que guardan cierta identidad para conformar un Lp o sois un grupo que piensa en el Lp como un concepto a desarrollar a través de diferentes canciones.
Es difícil tener muy claro de primeras un concepto que se materializará después en un disco. En nuestro caso, la composición y la grabación van sobre la marcha, con una idea fija: a donde queremos llegar, pero dependiendo mucho de lo que vaya surgiendo por el camino. Tenemos unas coordenadas, más o menos establecidas, una temática que es abordada a través de letras más oscuras en este segundo trabajo, más desamparadas. Pero II no es un disco conceptual: todas las canciones no están tan relacionadas. Se que hay gente con esa capacidad pero no es nuestro caso, porque todo es más visceral, aunque tratamos que esté en esa onda.
No os situaría en la escena indie, pero sí en una escena con una deriva hacia el postrock desde el synthpunk. ¿Cuándo os sentáis con Carlangas pensáis en el disco como un objeto propio o como un artefacto condicionado por el sonido que queréis tocar en los directos?
Habrá quien haga eso, pero si estás condicionado por el directo, aunque pueda parecer pureta o elitista, si piensas en algo que no sea propio para el disco, puede resultar bastante tormentoso y diría que no tendría ningún tipo de provecho. Yo disfruto mucho el directo, es muy animado, acelerado, escucho Ramones, Stooges, tiene esa sangre, pero pensar que haces esa música o escoges un bombo y lo rebajas un poquito porque le viene bien a ese festival…creo que no me interesa hacer eso. Al final, nada te garantiza que coartando tu libertad creativa para ver si le gusta a más gente, eso te vaya a salir bien.

¿Qué aportó Carlangas a la producción tratándose de un músico tan diverso, rico y libérrimo?
Sobre todo el espíritu minimalista que está presente en toda su obra, desde Novedades Carminha, a las Odio, o las Shego. Me fascina y comulgo con él en todo eso. La producción no fue un proceso técnico como sí, a lo mejor, espiritual e ideológico. La crudeza a la que queríamos llegar, ese ir directo al asunto, fue gracias también a él. Tuvimos muchas conversaciones sobre los grupos que nos gustan y por qué nos gustan. El disco, a su manera, también es el fruto de la conversación con un amigo materializado en canciones. II lo grabamos en una semana, mientras que el anterior llevó muchísimo más tiempo. Cuando supe que teníamos un tiempo reducido, un límite, pensé que no sería capaz. En cambio, fue todo más fluido. Si está bien el tema la vamos a dejar así. Darle vueltas a algo para que pierda la gracia, la frescura, no tenía sentido. De otro modo, quizá habría sido un disco más fino pero sin espíritu. II Crudo es como nos gusta. Una visión muy necesaria para hacer el disco. Habría otro, pero este desde luego no.
¿Contempláis vuestra carrera musical desde un mapa sonoro predeterminado que queréis recorrer o sois más bien un grupo que se deja guiar por la brújula sin saber muy bien a qué territorios os podrá conducir?
No queremos tener una idea prefijada y encorsetada pero sería raro que sacáramos un disco de bachata. Tenemos unas ciertas coordenadas, una querencia por la oscuridad y la dureza que está presente y lo estará en nuestra música. Sin embargo, no me veo haciendo el mismo disco de synth punk porque no creo que nos favorezca tener que estar siempre haciendo eso. Habrá evoluciones, pero si de repente puedes meter un órgano, tener la libertad creativa para poder hacerlo. No queremos ser fundamentalistas, sino gozar de cierta libertad aunque no me vea haciendo country.



























