No ha empezado con buen pie David Álvarez en el área de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo/Uviéu. A la misteriosa desaparición del festival de muralismo Parees, el recorte a la Noche Blanca o el lío formado en torno a la programación cinematográfica del Teatro Filarmónica y la Semana del Audiovisual Contemporáneo de Oviedo (SACO), hay que añadir el gesto poco elegante de culpar de todos los problemas de su concejalía, que no son pocos, a su predecesor en el cargo. Mala tarjeta de presentación para alguien que en cambio sí tenía a su favor ser licenciado en Historia del Arte y master en Gestión Cultural, una formación a priori más que idónea para desempeñar el cargo de concejal de Cultura.
Hombre de partido, asesor del PP desde 2017, muy cercano al canteliano Mario Arias, Álvarez llegó a Cultura para suceder a Costillas, y quizá también para liquidar su obra en el Ayuntamiento. Nunca gustó el ex Cs en el PP “pata negra”, y sus frecuentes choques con Canteli, receloso de su independencia y desdeñoso con su equipo artístico, los llamados “titiriteros de Costillas”, le convirtieron pronto en un hombre a sacar de escena de cara a las listas electorales de 2023.

Más allá de intrigas políticas y ajustes de cuentas, Álvarez heredaba una vida cultural ovetense diversificada y en plena forma, con propuestas ya bien encarriladas, y que llevan años consolidándose, algunas desde el tripartito de izquierdas, otras incluso desde los tiempos de Caunedo. A pesar de tan sólida base para construir e innovar, Álvarez está prefiriendo dejar caer actividades, pocas veces de manera explícita, con una negativa franca y abierta, en la mayoría cultivando los silencios administrativos y el “vuelva usted mañana”. No sabemos si se trata tanto de patinazos, fruto de un edil desbordado, o de un plan de voladura de una parte de la arquitectura cultural ovetense. Puede también que haya mezcla de ambas cosas.
Centrado en la programación de música clásica y teatro lírico, donde no se esperan grandes novedades, excepto algún que otro diseño kitsch, como el de la temporada de Zarzuela, Álvarez parece muy poco interesado en mantener y alimentar otros campos de la oferta cultural del Ayuntamiento como las artes escénicas y plásticas, el cine o las músicas populares. Temas como el patrimonio tampoco parecen estar muy arriba en su lista de prioridades. El recorte de actividades en La Vega o el fin de las rutas históricas por Oviedo han sido algunas de las primeras señales de la llegada de la “era Álvarez” a la cultura ovetense.

Este jueves, tras las críticas de la oposición, ha anunciado que garantiza la celebración de Radar y de SACO, si bien todo el mundo da por seguro que será con recortes profundos. Recortes que, como ha pasado con la Noche Blanca, pueden comprometer seriamente la calidad de una programación que se caracterizaba hasta ahora por esa “excelencia” que Álvarez suele tener en boca, pero de la que hasta la fecha ha dado escasas muestras como gestor. El tiempo dirá si Álvarez logra remontar lo que por ahora no está siendo un buen debut político.



























